3 octubre, 2013

To understand, make a map

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

Dibujar el mapa, trazando cada uno de los recodos de la ciudad, es un modo de recorrerla y conocerla. El rastro del dibujo no es más que una huella de este recorrido”
Martí Perán (1)

La frase de Perán remite a la otra afirmación: “to understand, make a map” –para comprender, haz un mapa. Lo hemos desarrollado y realizado muchas veces. Podemos hacer un dibujo esquemático de la ciudad para explicar como llegar a un lugar, revisar GoogleMaps o nuestro GPS cuando desconocemos como llegar a un lugar o realizamos mapas mentales para entender las relaciones entre las cosas. Ambas sentencias vienen de algún modo a resolver la pregunta ¿para que sirve un mapa? La respuesta podría ser la de traducir una realidad de forma y manera que permita comprenderla de un solo vistazo.

Pese a ser desarrollado como una ciencia, no se puede decir que el ejercicio de la cartografía sea completamente objetivo sino que este se encuentra acotado muchas veces por el conocimiento de quien lo realice y con que instrumentos. Tomemos un ejemplo: al entrar en la exposición Cartografías contemporáneas. Dibujando el pensamiento, celebrada el año pasado en el Caixa Forum, uno de los documentos que más llamaba la atención, tanto por lo singular como por la fecha en la que se produjo –siglo XVI– eran las Relaciones topográficas de Felipe II. Este documento tenía por objeto ofrecer una descripción detallada y minuciosa de todos los asentamientos bajo su mandato, atendiendo no sólo a aspectos geográficos sino además a  sociológicos, demográficos, estratégicos y económicos de cada localidad. Ante la dificultad que suponía este trabajo para una sola persona y debido a la extensión del territorio y a las malas comunicaciones, se encargó en una carta a todos obispos y párrocos hacer la labor de campo realizando una descripción detallada del asentamiento respondiendo a un cuestionario de 24 preguntas. El resultado fue una amalgama, a cada cual más distinta, de interpretaciones y representaciones de las poblaciones: desde textos detallados a enumeraciones, desde mapas a dibujos de escudos o elementos singulares con los que si alguien hubiera hecho el mapa del reino español utilizando los documentos de Felipe II su desarrollo habría supuesto un ejercicio de imaginación más que un ejercicio de transcripción.

Así, pese a basarse en un punto común de partida los resultados arrojan como la subjetividad y el lenguaje de quien “dibuja” es parte importante del desarrollo de la cartografía. Un mapa –tenga forma de plano o no– es una forma de escritura, una subjetivación, transcripción o codificación de lo real; una forma de desplegar el conocimiento y, por consiguiente, una herramienta que permite trabajar sobre ella, esto es, aprenderla, recorrerla y modificarla. Michel de Certeau se refería a al mapa como “una palabra hablada, (…) transformada constantemente en función de las múltiples costumbres que la rodean, situada como un acto del presente (o de “un” tiempo), y modificada por las transformaciones causadas por sucesivas contextualizaciones”. El mapa –nos dice de Certeau– no es un elemento cerrado, sino algo que puede evolucionar y transformarse en función del contexto cultural que se sitúe. Los mapas ­–comentan Kitchin y Dodge en Rethinking maps. Progress in Human Geography– “nunca están completamente formados y acabados. Es más, son transitorios, efímeros. Son contingentes, relacionales y contexto-dependientes. Los mapas están siempre en un continuo estado de mapeo”.

Quizás por eso también hacemos mapas. Para hacer otros nuevos. Un mapa alimenta así a otro, permite ampliar y conocer otras realidades a través de ellos. Al leer un mapa construimos una imagen y por ello leer un mapa es un ejercicio de imaginación, hacia el presente, el pasado o el futuro. La cartografía no sería sólo la representación sino una forma de explorar e imaginar la realidad. Representar –en sus posibles variables: desde un texto a un plano, desde una fotografía a un sonido– es conocer lo que ésta es, lo que no es y lo puede ser. Quizás (siempre quizás) por eso hacemos planos o mapas. Es lo primero que hacemos para entender un espacio. Lo medimos, lo acotamos, lo traducimos y comprendemos y una vez allí, imaginamos y repensamos otros mundos posibles a la hora de proyectar o construir, en un ejercicio constante de escritura y sobreescritura. To (re)imagine, make a map.

ogormanJuan O’Gorman. Ciudad de México. 1949

(1) En PERÁN, Martí. DF. Publicado en su web.

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