21 enero, 2020

Mockups III: Performances

por Pablo Emilio Aguilar Reyes | @pablochief

He estado escribiendo algunas ideas sobre las maquetas, sobre el hecho de que no hay forma de diferenciar entre qué es una maqueta y qué es un edificio. Las maquetas a escala real, llamadas mockups, nos muestran que el tamaño no es suficiente para poder discernir entre edificio y maqueta y, por lo tanto, los edificios no son arquitectura más de lo que son maquetas escala 1:1. En la primera parte de esta serie están anotados los argumentos para tal planteamiento. En la segunda parte traté de articular el hecho de que todo edificio no sólo es un mockup, sino que, al igual que un cover en la música, es la interpretación de una idea imposible de reproducir con perfecta fidelidad. De esta deriva que contempla arquitectura y música, ha surgido otra que considera la arquitectura como similar al cover, pero también al estándar, a la versión, al remix y al sampleo. Todas estas y demás formas de música convergen en el hecho de que son interpretaciones.

Sin embargo, tal vez estemos yéndonos muy rápido: la afirmación de que toda arquitectura, como toda música, es la interpretación de una idea, merece una reconsideración. El hecho es que hay muestras de arquitectura y de música, que no son interpretaciones de una idea al no provenir de un diseño o de una composición. Por ejemplo, cuando un ensamble de jazz toca un estándar, la pieza comprende, por un lado, el acompañamiento de las partituras, que es una composición, y por el otro, momentos de improvisación, los cuales no fueron anteriormente compuestos. Sin embargo, al improvisar, los jazzistas recurren únicamente a las notas que están en las escalas de jazz y deben tocar con la cadencia correcta, apegándose a la lógica musical establecida por todo el ensamble. Por este motivo, a pesar de estar atravesado por la espontaneidad que surge de la improvisación, todo estándar de jazz sigue siendo un cover, es decir, aún así es interpretación de una idea; esa idea es el conjunto de reglas que gobiernan el arte del jazz.

En el caso de la arquitectura, hay un sinfín de edificios que no parten de ningún proyecto diseñado de antemano, que no son construidos con ayuda de los servicios de un arquitecto. Los edificios autoconstruidos no parecen provenir de algún diseño ideal sino, más bien, de los recursos y necesidades de sus habitantes. Esto es evidente en las periferias metropolitanas, o mejor dicho, en las poliferias de las ciudades globales en las cuales los procesos autoconstructivos suelen proceden sin involucrar a algún arquitecto. Sin embargo, a pesar de que la arquitectura autoconstruida no provenga del diseño en el sentido estricto de la palabra, sigue siendo una maqueta, un cover, es decir —como un estándar de jazz— la interpretación de una idea; en este caso, esa idea es la serie de condiciones sociales y económicas que determinan al acto de construir: cosas como los materiales que están de oferta en mercado, las industrias que los ofrecen, la forma en la que son tradicionalmente empleados, las lógicas que gobiernan la tenencia de la tierra, etc. Por lo tanto, el planteamiento original se sostiene: todo edificio, aunque sea autoconstruido, no es arquitectura más de lo que es una maqueta a escala real.

Ambas cosas, el jazz y la autoconstrucción, comparten el hecho de que ambos requieren improvisación, ambos son actos creativos que conforman a su objeto sobre la marcha. No existe estándar de jazz alguno antes de ser tocado como no hay vivienda de autoconstrucción que pueda ser inteligible antes de ser construida; ambas cosas existen conforme van sucediendo. Al acto de hacer algo conforme va sucediendo se le llama performance.    

En los estudios del lenguaje, el concepto de performatividad refiere al hecho de que las palabras no únicamente se limitan a describir o aludir a cosas, sino que hay enunciados que activamente crean las condiciones que nombran, como cuando uno hace una apuesta o una promesa, cuando un juez dicta un veredicto o cuando un arquitecto da una orden a algún subalterno. Estos enunciados son performativos porque llevan a cabo, es decir, performan acciones al ser expresados. Consecuentemente, como se ha postulado desde los estudios de género, la recreación de enunciados y actos performativos es una de la formas a través de las cuales se constituye la identidad.

En el arte, un performance es una especie de acto escénico, sin embargo, no es la idea del acto sino su interpretación misma, mientras está aconteciendo. En este sentido, una pieza de jazz, así como toda la música, es un performance, ya que sólo se escucha mientras está siendo interpretada. Estos ejemplos de performances, en el lenguaje, en el género, en el arte y en la música son tales porque en todas estas instancias, sus acciones crean sus condiciones en el instante, mientras acontecen y dado a que acontecen. Esto implica que la arquitectura de autoconstrucción, al ser construida sobre la marcha y sin estar limitada por algún diseño preconcebido, también es un performance. Sin embargo, esta es una verdad a medias; la verdad completa es la siguiente: toda arquitectura es un performance.

Abraham Cruzvillegas y Bárbara Foulkes, performance Autoreconstrucción: insistir, insistir, insistir,  The Kitchen, Nueva York, 2018. Fotografía de Paula Court.

Pensar en los edificios como mockups — como maquetas a escala 1:1 de construcciones ideales — y como covers — como interpretaciones de alguna idea sin jerarquía entre ellos — permite develar cómo también son performances. Todo edificio es un performance por dos razones. Primero, por la forma en la cual su construcción, al igual que el hecho de que sea habitado, alteran directamente y sobre la marcha al entorno. Segundo, porque al no poder trasladar con perfecta fidelidad un diseño desde la mente de algún arquitecto a la realidad, todo edificio es resultado de la construcción de una maqueta de tamaño real, o mejor dicho, resultado de un performance en el cual una maqueta a escala 1:1 es construida. Consecuentemente, una vez construido, la experiencia que uno tiene dentro de algún edificio acontece únicamente al momento en el que uno lo experimenta, no mientras el arquitecto lo diseña. Experimentar un edificio es interpretar un performance en su interior. Habitar un edificio como vivienda es interpretar de manera recurrente un performance dentro de una maqueta a escala 1:1. 

La propuesta de pensar todo edificio como un mockup, un cover o un performanceno no es una postura innecesariamente cínica o provocativa. Al contrario, es un intento por pensar la arquitectura libre de las categorías platónicas y conceptos pesados que le imponemos; conceptos como originalidad, autenticidad, autoría, genio, técnica, belleza, identidad y permanencia, entre muchos otros. Ideas a las cuales se alude entre líneas al citar frases como “la arquitectura es el testigo insobornable de la historia”, y otras similares; la cita correcta podría ser, más bien, “la arquitectura es el testigo interpretado de un perfomance”.  

Pensar que habitamos maquetas a escala real es una manera divertida de poner en duda el estatuto metafísico que le atribuimos a la arquitectura; y el hecho de cómo a veces pensamos que es algo que nos antecede, que está en algún plano ideal, esperando a que la alcancemos y la logremos diseñar, cuando en realidad todos los edificios construidos y por construir, están y estarán hechos con los mismos materiales que siempre hemos tenido ante nosotros. Tomar esos materiales y conformar con ellos algo habitable no es un acto de genialidad ni de originalidad más de lo que es un performance. Todo acto creativo es, de hecho, un performance: la arquitectura, la música, el arte, el lenguaje, la identidad, inclusive la escritura. A propósito de la escritura, tal vez debería corregir la situación inicial de esta deriva: no he estado escribiendo algunas ideas sobre maquetas, más bien he estado interpretando un performance.

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