28 septiembre, 2017

Hacia una arquitectura colaborativa. Conversación con Isadora Hastings

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

 

El número 81 de la Revista Arquine está dedicado a la tierra, tanto como material como en una acepción más amplia donde se combinan ideas sobre el paisaje, el territorio y la ecología. Como parte del contenido se realizó una entrevista a Isadora Hastings, coordinadora general de Cooperación Comunitaria, un proyecto que recientemente redactó un comunicado en defensa de la construcción en tierra, cuestionada tras el reciente sismo acontecido el 7 de septiembre en Chiapas. El comunicado completo puede encontrarse aquí. Así mismo, compartimos la conversación completa con Isadora Hastings.

Fotografía: Cortesía de Cooperación Comunitaria

 

Pedro Hernández [PH] ¿Podría explicar cómo opera Cooperación Comunitaria en el desarrollo de su trabajo?, ¿qué estrategias siguen en sus proyectos?

Isadora Hastings [IH]: Cooperación Comunitaria trabaja para reducir el riesgo y mejorar las condiciones de habitabilidad de las comunidades rurales en México, al facilitar la autogestión sostenible desde los ámbitos ambiental-territorial, sociocultural y productivo, a través de la difusión de enfoques integrales para promover la autosuficiencia, preservando y recuperando los saberes tradicionales. Promovemos la producción y gestión social del hábitat de manera integral, interdisciplinaria, mediante una mejora en los procesos constructivos y productivos, rescatando el conocimiento tradicional y haciendo uso de técnicas y tecnologías apropiadas.

En septiembre de 2013, los huracanes Manuel e Ingrid devastaron la región de la Montaña de Guerrero, causando deslizamientos de tierra, daños a la infraestructura, destruyendo cultivos y afectando más de 5,000 viviendas de adobe. Ante esa complejidad, Cooperación Comunitaria dio una respuesta que resolviera los distintos aspectos desde lo integral e interdisciplinario. Así dio inicio la Fase I del Proyecto de Reconstrucción Integral del Hábitat en la comunidad de Obispo y en 2015 se replicó en otras tres comunidades de la región. En tres años, los habitantes de cuatro comunidades han construido dos centros comunitarios de adobe reforzado, 48 viviendas de adobe reforzado; 115 estufas ahorradoras de leña; 26 baños ecológicos; 5 mapas comunitarios de riesgo; 443 personas aumentaron habilidades constructivas en adobe reforzado; se entregaron 450 manuales bilingües y se formó a 3 promotores comunitarios para dar asesoría técnica en la construcción.

PH: El presente número de Arquine está dedicado a la tierra, en distintos aspectos, desde material de construcción hasta los significados del territorio. Gran parte de sus proyectos hacen uso de ambas acepciones, ¿por qué el uso de ese material frente a otras posibilidades?

IH: Trabajamos con la tierra en sus distintas fases y en sus distintas escalas, es decir, desde lo territorial hasta la vivienda. La tierra como medio de producción y construcción. En el caso de la Montaña de Guerrero, la tierra es propensa a deslaves, debido principalmente a su característica arcillosa pero, sobre todo, a la mano del hombre: la deforestación, causada por el cambio de uso de suelo de lo forestal a lo productivo. Las parcelas agrícolas aumentan su rotación debido al uso excesivo de agroquímicos que erosionan la tierra. Por otro lado, las mismas propiedades arcillosas hacen de éste un excelente material para la construcción de viviendas de adobe, una técnica constructiva tradicional de las tres culturas originarias —me’phaa, nu’savi y nahuas— que habitan en los 19 municipios que forman la región conocida como la Montaña.

Fotografía: Cortesía de Cooperación Comunitaria

 

Un diagnóstico realizado por Cooperación Comunitaria en diversas comunidades sobre la vivienda tradicional de adobe dio como resultado que la pérdida de conocimiento constructivo, debido principalmente a la migración, ocasionara omisiones en la técnica constructiva, lo cual ha llevado a que estas viviendas sean menos resistentes a los sismos y vientos fuertes de la región. Como consecuencia de esto, una gran parte de la población cree que las viviendas de adobe son menos resistentes que las de materiales industrializados. Fue así que CC, luego de realizar un análisis estructural y sísmico de la vivienda tradicional de adobe, llegó a un modelo de vivienda reforzada y adaptada a las condiciones sísmicas, climáticas y culturales de la región, para la reconstrucción, la cual difundió a través de talleres para el aumento de capacidades y la formación de promotores comunitarios. Construir con tierra es más ecológico, más térmico, menos costoso, más amable con el medio ambiente. En el caso de la montaña, trasladar cualquier material aumenta el costo en 39% y representa 90% más emisiones de CO2 que utilizar materiales locales. Esta información ha sido transmitida a través de talleres de sensibilización y concientización a las comunidades de la Montaña con las cuales no hemos trabajado, que siguen percibiendo las viviendas de materiales industrializados como mejores y más resistentes.

PH: ¿Cuál es el aporte que, como arquitectos, existe en el uso de un material tradicional frente a otros que pueden ser ajenos al contexto y al lugar?

IH: El aporte del ingeniero ha sido reforzar la vivienda de adobe para aumentar su resistencia ante los fuertes sismos y vientos de la región. Mientras que la labor del arquitecto ha sido rescatar el material y revalorarlo ante las mismas poblaciones que lo perciben como un “material de pobres y poco resistente”. También la de formar a maestros albañiles y a promotores comunitarios para la difusión y sustentabilidad de la técnica constructiva en adobe reforzado. El aporte del material fue de las comunidades, de su conocimiento tradicional para la elaboración y construcción, el cual se respetó y se mejoró al hacer una vivienda reforzada, por lo tanto más segura, pero también de mejor calidad, al aumentar la habitabilidad, con mayor inercia térmica, así como con mejor condición acústica y lumínica. El hecho de retomar los materiales y sistemas constructivos locales contribuye a aumentar la resiliencia ante un eventual desastre y genera autosuficiencia, al tener el material a la mano y poder prescindir de dinero para construir. De ahí la importancia de la concientización y formación de la población para la construcción.

Fotografía: Cortesía de Cooperación Comunitaria

 

PH: En su trabajo, ustedes atienden tanto la idea de cooperación como de comunidad. ¿Cómo se puede trabajar en esos contextos?

IH: El trabajo que hacemos se acerca más a un intercambio de conocimientos para la cooperación entre CC y las comunidades, pero también entre las comunidades mismas. Como primer acercamiento, aprendemos de las comunidades, del medio ambiente, de sus procesos productivos y constructivos, así como de los cambios que están afectando sus espacios y bienes, para luego adaptar la técnica y tecnología a su cultura y medio ambiente con el fin de disminuir la vulnerabilidad. El adobe, por ejemplo, se produce de manera diferente de región a región, de comunidad a comunidad, incluso en la misma cultura originaria. Nosotros podemos aplicar la tecnología para conocer su resistencia, para reforzarlo contra sismos y vientos, pero ellos tienen la sabiduría para elaborar la correcta mezcla de materiales, conocen su tierra, lo cual responde de manera eficiente a las condiciones locales y contribuye a economizar recursos. Una vez que se ha analizado esto a profundidad, nosotros estamos en condiciones de hacer una contribución técnica que lo mejore o lo adapte al contexto cambiante. Promovemos la producción social del hábitat a través del seguimiento a los procesos organizativos que se desarrollan en distintas etapas del proyecto, a partir de acciones colaborativas, como la toma de decisiones en asamblea, la ayuda mutua en los procesos constructivos y productivos, la autogestión y la propiedad colectiva de la tierra. Todo esto contribuye al desarrollo comunitario.

PH: ¿Qué puede aportar e incorporar el conocimiento local al proceso del arquitecto?

IH: El conocimiento local puede aportar todo fundamento necesario para hacer buena arquitectura. Actualmente la tendencia es, por un lado, homogeneizadora de las empresas inmobiliarias para reducir los costos en la producción de vivienda para las poblaciones más necesitadas y, por el otro, un culto al reconocimiento del talento individual. En este sentido, lo local aporta los saberes tradicionales que se han generado durante siglos a partir del conocimiento profundo del contexto y el intercambio con los bienes naturales, con la madre Tierra, en una relación de reciprocidad. Así surge la propiedad intelectual colectiva, en función del bien común, que responde y se adecua a un contexto local, que no pierde nunca de vista el buen vivir, fundamento compartido por todas las cosmogonías de los pueblos originarios de América. En la actualidad, necesitamos más de una arquitectura adaptada al contexto, a las diversas culturas y sociedades. Que la labor de la arquitectura se relacione a una acción colaborativa y colectiva, no a un acto competitivo. En este sentido, lo local recuerda la existencia de una arquitectura cuya estética está dada por su carácter humanista, ingrediente esencial pero escaso en la arquitectura actual.

Fotografía: Cortesía de Cooperación Comunitaria

 





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