17 agosto, 2016

Frente a la precariedad | Otros frentes

por Arquine | @arquine

 

El número 76 de la ‪Revista Arquine‬ está dedicado a la arquitectura que responde a condiciones de urgencia y que asume una posición explícita y directa ante ciertas condiciones económicas y sociales. Para fomentar el diálogo diversos arquitectos y estudios de todo el mundo lanzaron sus respuestas sobre los compromisos de la arquitectura frente a los fenómenos sociales como la pobreza o la precariedad. Hoy, aprovechando su participación en Arquine Jams No.14, conversamos con Ethel Baraona y Cesar Reyes (dpr-barcelona), Tiago Mota (atelirmob) y Rozana Montiel. 

JAMS 14

¿Cuáles son las condiciones — sociales, políticas, económicas o ambientales— que hoy se plantean como más relevantes para la arquitectura y la ciudad? ¿Ocupan la desigualdad y la pobreza un lugar preponderante?

Tiago Mota, ateliermob, Lisboa: La arquitectura siempre trabaja con las condiciones cotidianas. Aunque tenga que lidiar con el pasado y con proyectos del futuro, la arquitectura es, en cualquier momento, una cuestión del presente. Por eso nunca puede ser apolítica ni asocial, ni actuar en oposición al medio ambiente. La importancia de la arquitectura y de la ciudad es interpretar el presente en cuanto seamos capaces, al menos, de problematizar las cuestiones correctas. La desigualdad y la pobreza son consecuencias de una política de acumulación de recursos y también son un problema de la arquitectura.

Ethel Baraona + Cesar Reyes, dpr-barcelona, Barcelona: En la actualidad, los flujos migratorios ocupan un lugar muy importante en la configuración de las ciudades y, por tanto, en la forma en que la arquitectura intenta responder a esta situación. Ya sea que hablemos de la “crisis de los refugiados”, de las migraciones entre México y Estados Unidos, o de las llamadas “migraciones económicas” —la gente que emigra no por razones de conflicto sino para salir de países de escasos recursos en busca de trabajo—; la manera en que esta constante movilidad afecta e incide en la complejidad del tejido urbano debe entenderse no sólo de una forma física (infraestructuras, necesidad de vivienda, etc.) si no también desde la perspectiva de las relaciones humanas que surgen, cambian o se diluyen debido a esta movilidad y, con ello, la ciudad está constantemente reconfigurándose a sí misma.

La desigualdad y la pobreza son fruto inequívoco del sistema económico neoliberal, del cual forma parte el complejo aparato político que funciona para satisfacer las necesidades del llamado 1%, dejando de lado —en la mayoría de casos— a los grupos más vulnerables. El sistema capitalista neoliberal funciona con la premisa de fomentar el individualismo y, por tanto, está enfocado a incrementar la brecha entre ricos y pobres de manera sistémica. La práctica arquitectónica ha sido hasta ahora y en la mayoría de casos, cómplice de esta situación, debido a su tradicional relación con los poderes económicos y a una forma de actuar basada en egos y liderazgos más propios del siglo pasado que de las necesidades actuales.

Rozana Montiel, Ciudad de México: Desde mi propia investigación, el segmento que he estudiado recientemente corresponde al espacio público en la vivienda social. De acuerdo a cifras recientes del INFONAVIT, 70% de lo que se construye actualmente en México es vivienda social. Tan sólo en la CDMX el 25% de la población habita espacios de vivienda social. Sumar el espacio público concentrado en unidades habitacionales equivale al territorio de una ciudad. Eso significa que atender la problemática pública de las unidades es una vía de transformación social. Con el desbordado crecimiento poblacional en nuestro país, los problemas de pobreza y sobre todo de desiguladad se enfatizan y se vuelven mas visibles, por lo tanto, es responsabilidad, no sólo del arquitecto sino también de gestores, funcionarios y ciudadanos, trabajar en conjunción para subsanar los problemas de HABITABILIDAD y generar un sentido de COMÚN-NIDAD.

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Hoy en día se habla mucho de la arquitectura social y resiliente y es una moda cuando se abordan estos temas de manera ligera y superficial para el beneficio y ego del arquitecto. Sin embargo, cuando se trabaja con la comunidad y no sólo para la comunidad, se fomenta la CO-RESPONSABILIDAD y el diseñador comparte herramientas de diseño para que el tejido social se re-articule. Es entonces cuando la arquitectura actúa y responde de manera efectiva y necesaria.

Esas condiciones, ¿cómo pueden encararse explícitamente desde el campo de la arquitectura?

Ethel Baraona + Cesar Reyes, dpr-barcelona, Barcelona: Podemos decir que pese a ser muy críticos con la forma en que la arquitectura ha venido desarrollándose en las décadas pasadas, existe también una renovada sensibilidad por entender el mundo tal como se nos presenta actualmente e intentar responder a ello. Sobre todo desde estudios o prácticas más jóvenes que entienden la arquitectura como algo más que el edificio o la construcción. Un intento por encarar estos problemas surge al tener claro que primero debemos entender esta realidad. Comenzando por cuestionarnos, como ciudadanos, cómo queremos que sea la ciudad que habitamos, cómo reforzar las relaciones entre diferentes actores, y luego, utilizar nuestros conocimientos profesionales para aportar de manera abierta ideas y proyectos que ayuden a dar forma a esa ciudad. Tal como Constant soñaba ya hace más de 50 años, buscando crear “otra ciudad para otra vida”.

Rozana Montiel, Ciudad de México: Hablando desde la condición social, para mí la arquitectura no sólo es una construcción arquitectónica sino también es una social. Como arquitectos debemos entender cómo hacer lugar, cómo hacer ciudad (placemaking). Esta idea de hacer lugar implica la familiarización con las necesidades de una comunidad y la capacidad de traducirlas en diseño, tomando en cuenta factores que puedan expandir el programa de un sitio desde la perspectiva de sus usos temporales y multifuncionales para transformarlo en un lugar activo con identidad y carácter.

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La arquitectura tiene la capacidad de cambiar la percepción de las personas sobre un lugar para generar cohesión social. Cuando el espacio público está desatendido, hay un vacío cívico; los individuos no deciden conscientemente participar en sociedad. Otro factor a considerar en la arquitectura es tomar en cuenta la investigación de sitio, regresar a los fundamentos de analizar el lugar, de tomar tiempo en hacerlo y del sentido común en la práctica cotidiana. Los arquitectos han desatendido el conocimiento del sitio, de experimentarlo y lo ha sustituido por la inclusión de nuevas tecnologías.

Tiago Mota, ateliermob, Lisboa: Los arquitectos y la arquitectura son parte de la sociedad y lideran algunos asuntos que son básicos para la humanidad: la vivienda, el agua, la electricidad, la nutrición. La desigualdad y la pobreza están por todas partes. Hacer caso omiso de ella también es tomar una posición.

1.village.market.golden heart.outdoor.improvised communal space Caption: The Golden Heart. From One Land Two Systems, courtesy of FAST

¿Qué caso de arquitectura que se planteó ese tipo de intereses, recientemente o en el siglo pasado, sería un ejemplo, exitoso o fallido, y qué podemos aprender hoy de él?

Ethel Baraona + Cesar Reyes, dpr-barcelona, Barcelona: Existen casos diversos que podrían mencionarse aquí, desde los procesos abiertos y participativos de Giancarlo De Carlo hasta los manuales de autoconstrucción diseñados y distribuidos gratuitamente por Yona Friedman. Pero hay muchos más. En el año 2004, el Tink Tank FAST, dirigido por Malkit Shoshan comenzó a trabajar en el proyecto One Land Two Systems, para un pueblo palestino ubicado en Israel y no reconocido por el gobierno, llamado Ein Hawd. Después de más de diez años trabajando in situ con la población local, FAST junto a un grupo de representantes de la comunidad, presentaron un plan de actuaciones urbanas que fue el resultado de esta larga investigación, acompañada del proyecto Platform Paradise, en el que Ein Hawd se transformó por una semana, en una comunidad artística—esto sirvió para eliminar la brecha entre arquitectos, artistas y los habitantes locales, sirviendo como nexo para trabajar juntos en los proyectos para Ein Hawd. Todos los datos, propuestas y posibilidades futuras para el pueblo se registraron en un documento que incluía los primeros mapas del poblado, que sirvieron para crear una nueva identidad espacial entre los ciudadanos. Actualmente, los residentes de Ein Hawd continúan utilizando el proyecto para negociar con las autoridades y lograr que Ein Hawd sea plenamente reconocido por el Estado. En palabras de Shoshan, «el proceso ha servido como modelo para un nuevo tipo de práctica arquitectónica, basada en la comunidad, la sociedad y la política».

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Tiago Mota, ateliermob, Lisboa: Tras la revolución del 74, el gobierno Portugués lanzó un enorme programa de construcción para la gente que vivía sobre todo en ciudades perdidas: el SAAL. El programa, aunque de corta duración, fue efectivo en ayudar a las comunidades a organizar proyectos participativos de diseño interesantes y que se construyeron.

Rozana Montiel, Ciudad de México: Un caso de éxito que puedo mencionar son los lugares de juego diseñados por Aldo Van Eyck, entre 1947 y 1978, considerados acciones que sucedían donde y cuando fueran necesarios. Van Eyck transformó sitios abandonados, intersticios, vacíos y destruidos en infraestructuras para los niños llenándolos de vida y creando una red de espacios lúdicos que contribuyeron a la transformación del tejido urbano y social. De ahí, podemos aprender que la ciudad se puede transformar con soluciones tácticas, imaginativas, sencillas, replicables y con poco presupuesto, ocupando y reciclando todo tipo de lugares donde se involucren ciudadanos, funcionarios públicos y arquitectos. Hay que observar lo cotidiano y lo existente para entender su potencial de cambio.

Das Kind_Aldo van Eyck_Spielplatz Laurierstraat.882807

 

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