1 enero, 2014

Construir, demoler, construir

por Arquine | @arquine

Luis Úrculo se mueve a medio camino entre el arte y la arquitectura. Licenciado en la Escuela de Arquitectura de Madrid, en el Illinois Institute of Technology y el Institute of Design en Chicago, desarrolla en sus propias palabras «un trabajo de pequeña arquitectura indefinida y de formato abierto» que viene a poner en duda «que debería hacer un arquitecto» al realizar unas obras más interesadas en lo periférico de la arquitectura con las que crear «nuevos escenarios, experiencias y expectativas no contempladas anteriormente». Sus primeros trabajos, realizados generalmente en formato video, explicaban obras y proyectos arquitectónicos como la propuesta del Place des Halles de Mansilla y Tuñon, la piscina de Vizcaya de ACXT; o la Nave16 de Matadero, realizada por ICA Arquitectura; o crean un diseño comunicativo para instituciones como la X Bienal de Arquitectura Española. Con un lenguaje muy particular, casi analógico, que se vale de objetos sencillos para jugar con la imaginación de espectador, ha realizado también trabajos para grandes empresas como Zara, Renault o Saffron, al tiempo que ha desarrollado otras de índole más personal, donde explorar sus propios intereses. En este sentido su piezas Covers revisita los iconos de la arquitectura a través de comunes objetos domésticos; en Ensayo sobre la ruina toma las teorías de Albert Speer y aborda la celebración del fracaso como un acto estético.

Este último ensayo puede verse como un antecesor de su participación en la Trienal de Lisboa y que forma parte del proyecto PERFORMINGARCHITECTURE comisariado por Ariadna Cantis. En él, Luis Úrculo se fija que, en la historia, aspectos como la descomposición y el reuso de las cosas existentes ha sido una herramienta básica de progreso y de desarrollo. Para ello se sirve de un ejemplo clásico de la arquitectura: el Coliseo romano.

«El Coliseo de Roma -nos dice- ha sido ensayo y resultado del desarrollo histórico. El gran terremoto de 1349 dañó dramáticamente su estructura, haciendo que el lado izquierdo se derrumbase. Muchas de las piedras que cayeron fueron utilizadas en la construcción de palacios, iglesias (incluido el Vaticano), hospitales y otros muchos edificios alrededor de Roma. La roca del anfiteatro fue trabajada para que pudiera utilizarse en cualquier otra construcción o incluso -como ocurrió en el caso de la fachada de mármol- para ser quemada con el objetivo de obtener cal viva. En los siglos XV y XVI, el travertino que lo cubría se retiró para ser reutilizado para otras construcciones. Entre otras, el Palacio Barberini y el Puerto de Ripetta, razón por la que existe el viejo proverbio latino: «Quod non fecerunt Barbari, fecerunt Barberini» (Aquello que no han hecho los bárbaros, lo han hecho los Barberini). El saqueo de la piedra continuó hasta 1749, cuando Benedicto XIV consagró el monumento como lugar sagrado en memoria de los mártires que fueron ejecutados allí». Úrculo define que «el Coliseo es acción y evolución. Es espacio de oportunidad y un diagrama vivo de los resultados».

Siguiendo esta misma lógica de que construcción y demolición no son hechos aislados ni separados, su propuesta para Lisboa toma esa base de pensamiento y acción. En “Let the things go down to go up to go down to go up” -ubicada en el interior del Salón Noble del Palacio Sinel de Cordes de Lisboa- invitó a un grupo de personas a que, colectiva o individualmente, decidieran como demoler y recomponer una construcción existente y realizada a partir de materiales domésticos y elementos simples como tubos de cartón, cubos de plástico, cuerdas, libros, periódicos o bloques de madera. El resultado de esta acción era crear una nueva construcción lista para ser demolida y recompuesta una vez más por los siguientes participantes. Construcción y destrucción son en su propuesta una interminable acción dinámica.

Para Úrculo «demoler los límites de lo estático y lo eterno nos permite ver nuevos espacios de referencia. Comenzando a través de un colapso que abre un diálogo de construcción, disponible para ser manipulado, recompuesto, destruido, y analizado».

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Todas las imágenes cortesía de Ariadna Cantis

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