6 enero, 2020

Cómo contar arquitectura

por Miquel Adrià | @miqadria

 

Dos exposiciones simultáneas en Copenhague, de BIG y Tatiana Bilbao, se prestan a una reflexión sobre cómo se cuenta y ordena la arquitectura para compartirla con la gente. La de BIG (Bjarke Ingals Group) en el DAC (Centro de Arquitectura danesa, proyectado por OMA, por cierto) ofrece diez “regalos” de arquitectura a la sociedad —a los usuarios, los vecinos, la ciudad, el paisaje, el medioambiente, el mundo o el futuro— y agrupa sus propositivas obras en regalos que enlacen, produzcan, crezcan, mariden, se adapten, respondan, hospeden, levanten, muestren y agrupen, otorgando un color a cada tema y zona en la exposición. Por otro lado, la muestra de Tatiana Bilbao Estudio ocupa las salas temporales del maravilloso museo de arte moderno de Louisiana, a poco menos de una hora de Copenhague y se organiza a partir de tres temáticas: paisajes, curiosidades y lugares.

Ninguna de las exposiciones se organiza desde una perspectiva cronológica, ni por escalas o programas, tampoco por tipologías, ciudades o climas (como hiciera BIG en su libro HOT to COLD). Éste decidió estructurar su exposición de acuerdo a los “regalos” que suponen cada proyecto para la gente. Unos amevoides de colores definen la planta donde se ubica cada grupo de proyectos, en el entendido que el poder formal de la arquitectura tiene efectos benéficos para la sociedad:

1: Así enlazar es el regalo que BIG propone para reconectar la arquitectura con la vida real. Ésta ha estado perdiendo el monopolio de creación de espacios para la interacción social, ya que las redes sociales y los multi-juegos masivos online son las nuevas ágoras de encuentro, disociadas a un espacio físico. La intimidad colectiva debe encontrar espacios físicos que propicien ese encuentro.

2: Con producir se reflexiona sobre el bajo impacto de la arquitectura de calidad en términos globales. Bjarke Ingals apunta que el mas prolífico de los arquitectos habrá construido quizá cientos de obras, 1,000 a lo sumo. La arquitectura, para Ingels, tiene gran impacto ideológico pero poco dentro de la cadena productiva. Incrementando la participación de la arquitectura en los procesos de producción masiva puede tener un beneficio directo en la sociedad. Podemos producir arquitectura industrializada con elementos manufacturados como LEGO a gran escala, en lugar de seguir haciendo arquitectura a “la medida” con bajo impacto en nuestras ciudades.

3: El arquitecto danés propone sumergirse en la alberca de la innovación, tanto para bucear a profundidad como para surfear superficialmente, intercambiando conocimiento para eficientar los recursos humanos disponibles.

4: Ingels argumenta que mucha arquitectura se ha convertido en cajas opacas que contienen experiencias de vida pero solo son contenedores neutros, sin expresión. Su regalo es mostrar lo que sucede dentro de esas cajas neutras, creando espacios que sean la expresión honesta y transparente de lo que sucede entre sus paredes, estructuras y losas.

5: La planeación urbana tradicionalmente es una disciplina bidimensional. Con levantar incorpora la tercera dimensión, creando una extrusión que permite pasar del plan bidemsional a la maqueta en 3D.

6: La mayor parte de nuestras ciudades no las conforman las iglesias y los museos sino donde vivimos los ciudadanos. Hospedar es el regalo que propone BIG (en alianza con las redes sociales), incorporando espacios habitables para albergar a alguien más, con quien compartir nuestras urbes.

7: La arquitectura Moderna abogó por la tabula rasa, convencida que su propuesta permitía construir un futuro mejor. Sin embargo hoy en día sería impensable una arquitectura que no responda a las condiciones existentes -cultura, clima, paisaje, ciudad.

8. La única constante de la vida es el cambio. Adaptarse es el regalo que da nueva vida a los viejos contenedores. La arquitectura reinterpreta permanentemente y debe ser la plataforma física para la vida humana.

9: Las ciudades se están convirtiendo en monoculturas. Aumenta la población humana pero disminuye la biodiversidad. En el futuro debemos crecer y construir con y para tejidos vivos, promoviendo la cohabitación de todas las formas de vida.

10: Hay que juntar programas de infraestructuras públicas (y limpias) con programas para la gente, en lugar de la separación y la zonificación, maridando y sobreponiendo usos sobre las infraestructuras metropolitanas.

Como sucede siempre con Bjarke Ingals, lo que parece medio en broma y a la ligera, está sustentado de modo muy potente y sus conceptos innovadores sobre el reuso adaptativo, la ingeniería sin ingenieros o lo neo-vernacular 2.0, son propuestas frescas para una nueva lectura de su obra y de la realidad global contemporánea.

Para los daneses —como se lee en la entrada de la exposición—, Tatiana Bilbao quizá sea la antítesis del arquitecto contemporáneo. En lugar de representar una oficina corporativa, Tatiana Bilbao y su equipo tratan de expresar la arquitectura hecha a mano. Versátil en sus escalas, programas y materiales, su trabajo se aleja de un estilo propio o de representar una marca. La exposición acerca al proceso que va de las ideas a las formas, mostrando sesgadamente alguno de sus proyectos más destacados como la Ruta del peregrino o el jardín botánico de Culiacán.

También refleja sus constantes colaboraciones con artistas, biólogos, escritores y otros arquitectos. Sus procesos de trabajo muestran la cercanía con el usuario y —como Aldo van Eyck sesenta años antes— está más interesada en el lugar que en el espacio y en el ahora más que en el tiempo. Sus collages y dibujos a mano alzada (en lugar de renders hiperealistas) para representar su trabajo, confieren un sesgo personal. En Dinamarca lleva al extremo soluciones parcialmente exploradas en sus anteriores exposiciones en el museo Marco de Monterrey y en el Museo Amparo de Puebla. Aquí los dibujos a mano alzada de su equipo inundan pisos y muros, mientras que maquetas de distintos materiales conforman un nuevo universo bilbao. En sus proyectos de vivienda social reivindica el derecho a la belleza para todo el mundo. Para ello propone con sean diversos y al mismo tiempo que se vean terminados. Es decir, ni todo isomorfo (como casas Feo) ni que reflejen la infinita temporalidad de la arquitectura informal de tantas periferias mexicanas.

La exposición se organiza a partir de tres temáticas que, si bien se refieren al trabajo de Tatiana Bilbao, también pudieran referirse al mismo museo: paisajes, curiosidades y lugares. La muestra ocupa las salas temporales subterráneas del maravilloso museo de arte moderno de Louisiana, a poco menos de una hora de Copenhague. El museo que inició con el legado de un fabricante de quesos y amante del arte (que debe su nombre a las tres esposas consecutivas llamadas Louise, del primer propietario de la villa original), alberga una envidiable colección de Giacometti, Moore, Miró, Calder, Arp, entre otros grandes. Esta exposición de arquitectura es la tercera de una serie de seis, después de Wang Shu y Elemental/Alejandro Aravena.

La sala de Paisajes de la exposición de Bilbao reúne sobre una gigantesca plataforma muchas maquetas de sus proyectos -al modo de las grandes maquetas de museos de sitios arqueológicos- para dar entender que cada obra -cada pieza- forma parte de un universo mayor. Alrededor, sobre las paredes, se proponen analogías extremadamente interesantes: junto a un collage de la arquitecta, aparece un paisaje de Velasco (prestado por el MUNAL) o un clásico modernos danés de la colección del Museo de Louisiana. Así, los paisajes, más fenomenológicos que literales, sugieren un nuevo imaginario para contextualizar su obra. Uno de esos riesgos -tremendamente acertado- que difícilmente se pudiera llevar a cabo en su propia ciudad.

Un segundo espacio alberga las curiosidades que articulan la pequeña escala de las maquetas con las construcciones finales. Retomando las vitrinas de un archivo forense en el mejor estilo de los gabinetes de curiosidades de los viajeros y naturalistas del siglo XVIII, Tatiana Bilbao reúne las piezas que conforman cada proyecto: desde los primeros apuntes de los lugares hasta las muestras de los materiales de cada proyecto.  Ordenar fragmentos permite definir un léxico, como sucedía en la celebrada exposición Historia Natural de Herzog&deMeuron de años atrás. No es casual, que al lado de esta sala se abra un pequeño escenario para asistir a la videoconversación entre Jacques Herzog y Tatiana Bilbao, donde el mentor da juego a su protegée.

La tercera sala, a doble altura, expone cuatro lugares, que son fragmentos de las arquitecturas de Tatiana Bilbao. De algún modo aluden a obras precisas (Udem en Monterrey, casa en Los Terrenos en San Pedro Garza García, jardín botánico de Culiacán, Acuario de Mazatlán) donde combina episodios de distintos proyectos y técnicas constructivas locales con prefabricados sofisticados. Estos ensambles son, de algún modo, la expresión tridimensional de sus collages y proponen una experiencia espacial y por tanto arquitectónica de los arquetipos de Tatiana Bilbao.

Tanto la exposición de Tatiana Bilbao como la de Bjarke Ingals invitan a experiencias arquitectónicas que distan mucho de las muestras de arquitectura canónicas, que siempre requerían de la visita directa a alguno de los edificios construidos para corroborar la información del proyecto expuesto. Estas muestras, en cambio, invitan a la percepción espacial desde múltiples recursos gráficos, dinámicos y tridimensionales. Ambas ofrecen un panorama de reflexiones, propuestas y ejemplos construidos que superan, en su interactividad, el paseo arquitectónico de alguno de sus edificios.

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