31 agosto, 2017

Bitácora de viaje por el espacio efímero

por Arquine | @arquine

Texto de Marcela Vethencourt

Este viaje comenzó hace 9 meses y en este tiempo se creó —y creció— una conexión emocional profunda con todos los que formamos parte de esta historia.

Empezamos con una exposición que cabía en un sobre y que nos hizo exponer(nos). Después un espacio a través de la música para luego recorrer a ciegas un espacio. Luego nos pusimos un vestido en la calle para hacer historia. Ahí comenzó todo, ahí se abrió un espacio para soñar. Un espacio para cuestionar(nos) y para hacernos creer.

Un día proyectamos una ciudad en una vitrina para mostrar una arquitectura de papel.

Otro llegaron un druida con una voz áspera y profunda y una bailarina con el corazón en los pies, en las manos y en los ojos, para recordarnos que la cultura que vamos construyendo, venga de donde venga, nos debe ayudar a mirar. Y nos ayudaron a entender el cuerpo como un contenedor de emociones que podemos usar para mucho más que transportar la cabeza. Y así bailamos y bailamos. Y lloré y lloré. Luego cuerpo y espíritu se manifestaron en un espacio para aislarnos. Propio, íntimo.

De repente, un día aterrizamos en un universo de objetos cotidianos a través de los cuales contamos una historia: la historia de unos objetos activados a partir de su relación con el cuerpo que los usa. Mientras tanto nos contaron y nos paseamos por una maravillosa muestra de espacios efímeros donde nos mostraron que lo firme está sobrevalorado, que los cuentos pueden contarse de muchas maneras posibles y que las ideas, a veces radicales y siempre provocadoras persisten en el tiempo.

Un día, y muchos días después, nos encontramos de frente con la realidad de la calle y con nuestros egos cuando tuvimos que crear un espacio efímero. Aprendimos a habitar la controversia, a entender que en el espacio público no todo está claro ni se puede prever, que cualquier acción en este ámbito conlleva una responsabilidad social y, mientras tanto, formalizar nuestro espacio era cada vez más doloroso: nuestros egos gritaban, pero en algo estábamos de acuerdo: queríamos un espacio-instante que ofreciera en el andar ordinario de la gente una experiencia extra-ordinaria. Debatimos y concretamos la forma y salimos a la calle y nos pusimos a jugar y se hizo la magia. Finalmente creamos un nido que la gente fue tejiendo y lo convirtió en una maraña de color y comprobamos que desde la cultura siempre hay una grieta donde algo podemos hacer.


 

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¿Te interesa la museografía y la esceneografía? El Posgrado Espacio efímero es un programa que ofrece Arquine junto a la Universidad Politécnica de Cataluña con una vocación internacional clara, que propone una mirada integral, transversal y globalizadora en el ámbito del diseño y producción de espacios.

 


Llegó el momento de crear una estructura sobre la cual y dentro de la cual, muchas personas, incluyéndonos nosotros mismos, podremos continuar teniendo ideas (Adrianne Lobel, escenógrafo). Un texto de Harold Pinter, El Montaplatos, un paseo por escenografías y escenógrafos contemporáneos, un encuentro en Aeromoto con Gordon Matta-Clark y una revisión del trabajo de Anna Viberock, hicieron posible que la imaginación se pusiera en marcha.

Un día, ya casi para terminar con un pedazo de esta historia, nos llevaron a un paseo sublime por el mundo de la crítica y nos dijeron, entre muchas otras cosas, que lo estético es lo que sensiblemente te afecta, que para hacer crítica debemos plantear el contexto dentro del cual se genera la crítica, que lo que piensas es contingente, puede suceder y depende de la situación, que por eso tu asumes lo que dices como una toma de posición, pero que está dentro de un contexto: la crítica es hacer visible cosas que te revelan algo y que en la batalla de ideas, si puedes morir por tu verdad y tus ideas puedes ser capaz de matar por tus ideas y de esto está lleno el mundo (no se me sale ni un segundo de la cabeza la situación de mi país, Venezuela).

El final lo estoy escribiendo. Con más dudas que certezas. Cuestionando y cuestionándome todo el tiempo. Teniendo claro que lo único que sé es que no sé nada pero que, como nos contó Mario que dijo Jorge Luis Borges, Publico para dejar de corregir. Me toca concretar, formalizar y dejar de investigar y de divagar que es, tengo que decirlo, la situación donde me siento más cómoda. Este posgrado me dio un espacio para estar nuevamente conmigo, para soñar, reflexionar y escuchar a todos los que nos acompañaron —de las cosas que más disfruto en la vida. Un espacio para pensar en posibilidades y para dudar.

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