Ciudades de ¿vanguardia?

17 de mayo de 2013

por Mónica Cejudo Collera

Vanguardia, según su definición, es lo que precede a su época por su audacia. La creatividad implica novedad, así la actividad del arquitecto es una continua búsqueda para presentar algo nuevo, no habitual, por supuesto no cotidiano. Para cumplir con esta fatal condena,  la arquitectura se ha apoyado en los avances tecnológicos, en los materiales innovadores  y en arriesgados sistemas estructurales para estar a la vanguardia desde el siglo pasado como reacción a lo tradicional. Según Richard Rogers, “la supervivencia de la sociedad ha dependido siempre de la salvaguarda del equilibrio entre las variables de población, recursos y medio ambiente”. De acuerdo con Rogers, la vanguardia en el urbanismo contemporáneo significaría la búsqueda de conjuntar los tres pilares de la sustentabilidad, social, económico y social en el diseño y el funcionamiento de las ciudades.  El desarrollo de las ciudades desde el inicio del urbanismo ha estado vinculado con las diversas formas en que se expresa la cultura de un país. Sin embargo en los últimos 50 años se ha presentado un acelerado proceso en las grandes urbes cuyos efectos hoy han hecho que las ciudades se acerquen a los límites permisibles cercanos al colapso. La historia de la arquitectura nos revela que en la antigüedad, la arquitectura surgía como respuesta a un entorno existente.  Hoy, las obras arquitectónicas contemporáneas, productos de la modernización de las sociedades, son el resultado de las necesidades que satisfacen y forman un conjunto amplio, heterogéneo y en el que se integran una diversidad de construcciones en las que se hace evidente la influencia de la globalización. La aparición de nuevos materiales y tecnologías avanzadas ha significado siempre el surgimiento de nuevas corrientes arquitectónicas que recrean la naturaleza o son resultado de la creatividad en abstracto. El planteamiento conceptual al que obedecen, ya no es la expresión de los valores tradicionales sino, en algunos casos, el exhibicionismo personal de quien proyecta.

Por varios milenios, Arabia ha sido un cruce de culturas cuyas huellas del legado ancestral permanecen a pesar de los acelerados cambios que se han dado debido al progreso moderno. Las ciudades del Golfo Arábigo Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos y Doha, en Qatar,  son ciudades en las que el crecimiento y el desarrollo se ha incrementado exponencialmente junto con el crecimiento del producto interno bruto y en las que la planeación futura debería tender a la incorporación de nuevas o renovadas tecnologías que hacen posible la búsqueda de fuentes alternativas de energía, y no apostar todo al petróleo, aunque abundante para ambos emiratos,  es un recurso finito. Las ciudades que alguna vez vivieran del comercio de perlas ahora son centro de comercio internacional, turismo y recreación. Los camellos se han cambiado por autos lujosos y las ciudades reflejan a  una sociedad que ha aceptado los cambios sin perder todavía su identidad.

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La actualidad arquitectónica de Dubai se manifiesta de diferentes maneras: ejemplos hay de una sociedad en pleno tránsito a la modernidad cuyas soluciones a los nuevos géneros de edificios han alterado completamente la conformación del tejido urbano. Por otro lado,  las otras obras, las que organizan los espacios para la convivencia y el desarrollo de las familias, se deben a planteamientos con sólidos antecedentes en los que se busca la preservación de la memoria. Lo que las distingue a unas, de las otras, es la escala, las dimensiones humanas respecto de la obra construida. El aspecto futurista de la ciudad es resultado a la apertura económica, basada en el petróleo y a la presencia de elementos de la alta tecnología que han posibilitado una libertad plástica que rompe las fronteras de la continuidad del perfil de la ciudad. Esta vanguardia sin fronteras permite la especulación formal en donde el protagonismo de las propuestas espectaculares y la utilización de formas que contrastan con el paisaje como elementos de experimentación. Otros proyectos le  han apostado a la recuperación de la memoria con el uso de formas y usanzas simplemente como revisión de las tradiciones mas no han conducido al equilibrio entre forma y la tradición, es decir, no en el uso de la forma sino del fondo, que revalore las calidades cromáticas. El protagonismo formal al exterior no permite imaginar el interior que encierran, que por ser de carácter privado fundamentado en las costumbres tan arraigadas debidas a la práctica del la religión islámica provocan un contraste urbano en el que se ha perdido el continuo urbano, las escalas urbanas que plantea surgen de la imposición de un trazo y la ciudad acaba por ser “…parásitos del paisaje e ingente organismo que absorben energía del planeta para su mantenimiento”. La sensación de lo humano se intercambia sin mesura por la satisfacción de la curiosidad del visitante.

Sin embargo, viejos fuertes se encuentran reconstruidos o restaurados;  las ruinas arqueológicas han sido consolidadas y protegidas y las tradiciones culturales perduran en esta ciudad emplazada a lo largo del río. Destaca, por supuesto, el Burj Khalifa, la estructura más alta construida por el hombre la ejecución arquitectónica la llevaron Skidmore, Owings and Merrill en donde Adrian Smith, el proyectista busca exclusivamente los valores formales y monumentales, que salgan de lo cotidiano. La forma de la base está basada en la forma geométrica de una flor del desierto local y la estructura compuesta por arcos basados en los domos de la arquitectura islámica en 163 plantas habitables más 46 niveles de mantenimiento de la torre. Esta ciudad nos hace recordar que las ciudades se conforman con los edificios de los arquitectos y la planeación de los urbanistas, pero lo que realmente le da el carácter excepcional es la gente que la habita. Otro ejemplo de que en Dubai se apuesta al futuro, y éste se rebasa fácilmente es el Hotel Burj Al Arab de Atkins, edificio que se volvió temporalmente el emblema del patrimonio marítimo de Dubai pero que más bien se convirtió en signo, pues al haber una enorme variedad de rascacielos  que compiten por sus remates o por su forma  confunden ya que la forma resulta del poder económico del lujoso hotel y sus visitantes.

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En contraste a la planificación novedosa y estridente en las áreas ganadas al mar de Dubai, la planificación de Doha se debe a motivaciones de carácter económico pero que buscan satisfacer las necesidades de la población, del sitio y de consolidar los valores del mundo árabe y colocar a la capital Qatar, como unificadora de los países del mundo. Este territorio político se distingue por ser una ciudad zonificada por sus funciones con áreas de oficinas en el centro, centros comerciales y de ocio en las afueras y barrios residenciales rodeando la zona céntrica. En anticipada preparación para el Mundial del 2022 se diseñó un cuidadoso programa de planeación que crea un soporte de infraestructura y que da cabida a los muy diversos estilos arquitectónicos. Esta renovación pretende resolver los complejos problemas urbanos que se presentan al convertir una ciudad mediana en una gran urbe. La creación de un “nuevo lugar” impone condiciones de desarrollo urbano que modifican  la ciudad tradicional en materia de ocupación y de uso de suelo, así como de vialidades y de transporte público, y de aprovechamiento del total de los predios en los que se elevan los grandes rascacielos. Doha reúne todos los atractivos de la vida moderna de consumo, un centro comercial con canales como Venecia, complejos culturales, la segunda torre más alta del mundo en un complejo deportivo y por supuesto el mercado de la ciudad histórica, el Souq Wakif, que mantiene la identidad de la ciudad a pesar de las propuestas internacionales. De la arquitectura académica, aquella que se distingue por ser científica y artística destacan dos edificios: el Museo de Arte Islámico diseñado por I. M. Pei, complejo en el que la creatividad produjo arte pero sobre todo, creo un espacio en el que el arte islámico se vuelve accesible a todas las personas, a todas las culturas; y el Doha office Tower de Jean Nouvel en el que repite el sistema de diafragmas para controlar la luz del Instituto del Mundo Árabe de París.

Ambas ciudades del Medio Oriente son hoy referentes de la aparición, desarrollo y permanencia de símbolos entre la sociedad y sus edificaciones, así como en sus diversas manifestaciones urbanas. Coinciden con algunas de las tendencias que definen a la vanguardia en urbanismo y arquitectura; aquellas que consisten en revalorar la geometría y que tratan a la ciudad como un organismo vivo sujeto a los cambios y a los procesos de desarrollo que caracterizan a la sociedad contemporánea. Los parámetros para la nueva planificación de ambas, sin embargo, deberían incluir la definición y diferenciación de los distintos entornos naturales y el apego a ellos, así como la incorporación de materiales y procedimientos regionales para producir conjuntos de mayor interés en los que se perciban las definiciones de los conceptos, dimensiones y normas para los nuevos desarrollos arquitectónicos y urbanos de las ciudades del siglo XXI.

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Museo de Arte Islámico | I. M. Pei

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Doha office Tower | Ateliers Jean Nouvel
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