22 agosto, 2018

Zona

por Arantzazu Luzarraga

Una zona es un área geográficamente definida en la que se promueven especialmente ciertas actividades económicas y en la que se conceden políticas de libre comercio y otros privilegios preferenciales distintos del país anfitrión. No es un producto de la economía global de hoy, sino que ha existido desde hace más de 2,000 años. Las zonas económicas especiales (SEZ por sus siglas en inglés) son mutaciones de un proceso que comenzó hace siglos con el tráfico marítimo.

La zona comenzó vinculada al comercio. Sus primeros emplazamientos fueron los puertos. Tras la caída de Corinto, Roma declaró la isla de Delos como puerto internacional sin aranceles, de manera que se convirtió en el centro del comercio del Mediterráneo oriental. En siglos posteriores, varias ciudades europeas lograron el estatus de puertos libres. Capitaneadas por Hamburgo, eran zonas en las que el almacenaje de mercancías permanecía oculto y no se pagaba por él.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la desregulación y la privatización liberaron el mercado global. Las antiguas colonias empezaron a surgir como economías competitivas por sus ricos recursos y mano de obra barata. Estos agentes emergentes utilizaron la zona como herramienta de expansión. En las zonas de procesamiento y exportación (Export Processing Zone) la zona incluyó la manufactura como actividad principal. Aquí, la zona se sitúa pegada al país anfitrión. El Programa Maquila establecido entre Estados Unidos y México buscaba atraer la inversión extranjera. En la frontera, al principio en una franja de 20 millas, las maquiladoras actuaban como réplicas de las fábricas del norte, pero con una mano de obra seis veces más barata, esencialmente femenina. La materia prima se trasladaba al sur para procesarse y se devolvía en forma de producto para comercializar en Estados Unidos; todo ello sin pagar impuesto alguno. Así, el borde se convirtió en una zona, aunque no ganó en permeabilidad humana. Las trabajadoras se sitúan lo más cerca posible del país al que sirven, pero siempre fuera de él, convenientemente desplazadas dentro de la zona.

A partir de 1980 se inauguró la era de las zonas económicas especiales (Special Economic Zone). La zona atravesó el recinto protector del país anfitrión y se estableció en él, manteniendo su perímetro impermeable. El mismo país albergaba entonces jurisdicciones distintas. La República Popular China estableció sus primeras cuatro SEZ en el delta del río Perla en 1980. Una de ellas en Shenzhen, un pueblo pesquero cerca de Hong Kong. Esta proximidad, combinada con el bajo precio tanto de la tierra como de la mano de obra, instó a las empresas de Hong Kong a invertir en su vecino más barato. La SEZ de Shenzhen aprovecha al máximo su ubicación. Es un colchón geográfico entre el territorio comunista y el mundo, representado por Hong Kong. La mayoría de la población de la zona es flotante, va y viene según las fluctuaciones de la demanda del mercado. El hacinamiento, la corrupción, la contaminación y la ausencia de transparencia fiscal también caracterizan la zona. Con la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio, los privilegios otorgados a las SEZ se conceden ahora a otras regiones. Para sobrevivir, la zona ha evolucionado de sitios industriales a centros turísticos al servicio de la economía del conocimiento. Los parques de tecnologías de la información (IT), equipados con infraestructuras avanzadas y leyes laborales restringidas, constituyen nuevas zonas. India creó en 2007 un programa nacional de SEZ. Se anuncian como entornos donde se ofrece un equipamiento completo; al incluir espacio de trabajo, vivienda, comercio minorista y entretenimiento, los empleados de empresas extranjeras no tienen que salir del enclave.

La zona ha perdido el pudor y ya no se esconde. Se muestra como una alternativa urbana que además evita lo incontrolable de la ciudad. Hoy, la zona se proyecta en forma de ciudad completa. La reciente capital de Kazajstán, Astana New City SEZ, surge donde los kazajos nómadas cabalgaban hasta ayer. Financiada por los beneficios ilimitados del petróleo y la minería, su diseño fue encargado a Kisho Kurokawa. El autor presenta su proyecto como Ciudad Metabólica, una ciudad de crecimiento y cambio que revisa su situación cada cinco años y modifica en consecuencia el plan de manera flexible.

En lugar de disolverse en la ciudad, la zona absorbe cada vez más actividades económicas y urbanas. Ahora mismo se encuentra tan lejos de su anfitrión —con China poniendo en marcha siete SEZ en África desde 2011—, como tan cerca, en los polígonos de las afueras de nuestra ciudad. Estas infraestructuras volátiles se revelan como esenciales en el complejo y delicado equilibrio del orden económico mundial.

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