22 abril, 2014

Zona Libre. Los marginales en el medio urbano (II)

por Fernando Reséndiz | @xolotltzcuintli

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Resulta inconcebible que no solamente se tiene que vivir cierto lapso de la vida de forma infrahumana, también se deben de soportar las inclemencias y la violencia de las ciudades. La gran vulnerabilidad ante todo y en su máxima expresión, una «vida cotidiana (que) se realiza en el espacio público, donde además son susceptibles de ser expulsados, mutilados, robados, vejados o agredidos; pues, la degradación humana manifestada y consolidada. De igual manera, prohibir ciertos comportamientos asociados con los sin techo, ataca los valores de la libertad; pero siendo redundante, los marginales no tienen derecho a nada, por ser anti-sistémicos, esta modernidad ha creado y opera con reglas que incrementan el numero de excluidos, de vidas desperdiciadas. Cabe destacar que en los países desarrollados quien vive en la calle suele ser una persona, mayoritariamente hombre, que, pierde toda red de soporte social, afectivo y económico. En los países en desarrollo son familias enteras que tienen la calle por hogar» (Montaner, Muxí 2011:191). Estas familias buscan un refugio o producen uno, buscando los rincones que sean más protegidos y privados de la ciudad: puentes, parques, portales, retranqueos, bajopuentes, huecos entre los escaparates de las tiendas, cajeros automáticos, paradas de autobús y algunos con la suerte de encontrarse una construcción vacía o abandonada; siempre cercano a equipamientos urbanos de asistencia para poder tener acceso a alimentos y ropa en centros de ayuda, evitando los territorios desiertos de gente para evitar agresiones verbales o físicas. Los centros de las ciudades, por representar un medio urbano concurrido y de mucho tránsito, suelen representar un ambiente útil para habitar en el espacio público, “la ciudad histórica favorece más la existencia de rincones para la vida nómada de los sin techo que las ciudades de trazado moderno, con zonas monofuncionales, amplias avenidas, edificios aislados y espacios delimitados. Los indigentes sobreviven mejor en las estructuras urbanas preindustriales e industriales, con muchos ámbitos ambiguos, más acordes con una vida con pocos medios, que en los trazados rectilíneos y en los espacios abiertos del urbanismo moderno, pensados esencialmente para moverse en automóvil. El trazado de la ciudad contemporánea ha sido diseñado mediante derribos, con grandes avenidas y bulevares haussmanianos que eliminan la diversidad y los pliegues, los rincones y las irregularidades que permitirían habitarlos, encontrarse u ocuparse”.(Montaner, Muxí 2011:189)

Existe una disputa, un conflicto por estos espacios públicos y sus ocupaciones, lo cual va generando divisiones, segregaciones y fronteras claras dentro del territorio urbano común, que en un principio debería ser democrático. Los marginales no se encuentran de cierta manera marginados, son orillados a esta condición por no poder acceder a los “beneficios de las sociedades de consumo”, están separados del “bienestar impuesto por la sociedad moderna”; sin embargo, se encuentran, de cierta manera, articulados a esta comunidad, lo que ha generado distintos sectores dentro del medio urbano, los cuales reaccionan entre sí, donde los grupos de poder tratan de ocultar a la vista evidente los “males” de la sociedad; en algunas ocasiones tratando de frenar, incluso, los programas de ayuda social (como en el fenómeno urbano denominado NIMBY), el “zonning” o la gentrificación, entre otros; un ejemplo claro de este problema es como la sociedad moderna, en general, observa y/o estudia la condición de las personas sin hogar de manera segregada, o mejor dicho desde afuera, como lo explica Montaner y Muxí (2011:192): «frente al fenómeno de los sin techo esencialmente caben tres posiciones: la liberal, que tiende a zonificar el problema, confiando a los sin techo a zonas estratégicas, remitiéndose sin piedad a la legalidad vigente y restringiendo los usos de espacio público; la romántica, que en la literatura, el cine o las crónicas ha convertido al sin techo en un héroe que supuestamente ha elegido un modo de vida libre, mitificando su condición de vida nómada; y la demócrata, que considera que debe visibilizarse y entenderse de un modo realista el problema de los sin techo, otorgándoles un rostro real, reconociendo las historias concretas de cada persona marginada y defendiendo su derecho a una vida digna, y por tanto, a tener una casa y si ello no es posible, a habitar temporalmente el espacio público o un centro de acogida. Por tanto, no se trata de excluirlos, ni de convertirlos en héroes, sino de visibilizarlos y reconocerlos como personas concretas, defender sus derechos y construir ciudades y arquitectura que también piensen en ellos«.

De igual manera se generan grupos dentro de la sociedad, grupos que chocan pero al mismo tiempo se articulan. En algunas ocasiones estos conflictos urbanos se disuelven o incluso se pueden “auto-controlar” en su continua disputa por el espacio urbano, ya que se generan comunidades de defensa ante la segregación de los grupos de élite, otras veces esto no se puede concluir y los grupos más vulnerabilizados se excluyen o se eliminan por completo, siguiendo el modelo se saneamiento urbano; como ejemplo claro se encuentra la ciudad de Bogotá, la cual tiene una política “anti-sin-techo” en donde policías clandestinos se dedican a limpiar la ciudad por la noche a toda costa, sin importar los derechos humanos elementales; otro ejemplo en ciudad de México es la disputa del territorio en las barrancas de rio becerra, donde las clases de élite y los desarrolladores inmobiliarios quieren tomar el control del espacio de invasión generado por el ex-basurero de la zona, sin tener mucho éxito.

En el tercer mundo, específicamente en Latinoamérica, la situación marginal es muy diferente, “en América Latina, donde los sin techo son multitud y pueden agruparse y organizarse, la población total pasó de 1960 de 240 a 480 millones. Sin embargo, en estos 40 años la población en urbanizaciones marginales se multiplicó por cinco. Los Angeles es, en los países desarrollados, la capital con mayor número de sin techo: unas 100.000 personas”. (Montaner, Muxí 2011:192) Sin embargo en la ciudad norteamericana la gran mayoría de los “sin techo” son personas con alguna disfunción social, física o psicológica; los cuales son expulsados por sus familias del hogar o son segregados por las instituciones y el gobierno. En los países del tercer mundo la situación refleja las mismas circunstancias, pero también no se puede dejar de lado la carencia de vivienda al igual que la falta de compromiso social de los profesionistas expertos en el tema. El ejemplo claro lo expone Giglia (2012) evidenciando que más de la mitad del espacio habitado en ciudad de México es de auto-construcción y de producción progresiva, incluso en territorios vulnerables o no aptos para ser habitados. En el caso de la vivienda, aunque sea auto-producida o profesional, no se puede regular ni estandarizar el verbo “habitar”, sin embargo los seres vivos están -a pesar de las fronteras espaciales- diseñados para adaptarse a su entorno; se desarrollan las barreras formales atractivas -para satisfacer a un producto, en el mundo consumista de espacios- cuando en realidad se deben de desarrollar las causas materiales -para satisfacer a la habitabilidad de los usuarios individuales. Al final queda la contradicción de Don Carmelo en Los olvidados: Lo que se tiene al alcance como recurso, contra lo que se cree tener.

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REFERENCIAS

Appadurai, Arjun, 2013, EL RECHAZO DE LAS MINORÍAS. Fábula en Tusquets, México, 192 pp.
Augé, Marc, 2000, LOS NO LUGARES. ESPACIOS DEL ANONIMATO. UNA ANTROPOLOGÍA DE LA SOBREMODERNIDAD. Gedisa, Barcelona, 125 pp.
Bourdieu, Pierre, 1999, LA MISERIA DEL MUNDO, FCE, Buenos Aires, 564 pp.
Donzelot, Jacques, 2012, ¿HACIA UNA CIUDADANÍA URBANA? LA CIUDAD Y LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES. Nueva Visión, Buenos Aires, 64 pp.
Giglia, Angela, 2012, EL HABITAR Y LA CULTURA. PERSPECTIVAS TEÓRICAS Y DE INVESTIGACIÓN. Anthropos/UAM-I, Barcelona/México, 159 pp.
Montaner, Josep; Muxí, Zaida, 2011, ARQUITECTURA Y POLÍTICA. ENSAYOS PARA MUNDOS ALTERNATIVOS. Gustavo Gili, Barcelona, 251 pp.

 

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