14 junio, 2019

Vuelta al museo: dos libros del ESPAC

por Christian Mendoza

¿Son los museos estructuras siempre cambiantes? ¿Es la pintura un formato que todavía permite experimentaciones estéticas? Dos libros reflexionan en torno al espacio expositivo y a la narrativa sobre el arte que se exhibe. Publicados por el Espacio de Arte Contemporáneo en 2018, Museo abstracto y El cordón umbilical retiniano son títulos que aportan a la crítica sobre algunos de los elementos, usualmente intangibles, que circundan a la institución artística.  

Museo abstracto pertenece a la colección Libros/Proyecto del ESPAC, y es un montaje de apuntes textuales y plásticos sobre el espacio de los museos, el cual no opera únicamente a través de lo expositivo, sino también de lo laboral y lo público. Los dibujos de Christian Camacho, Cristina Torres y Brenda Pacheco retratan fragmentos del programa arquitectónico de los museos, como escaleras y pasillos, así como objetos que conforman su atmósfera, como el mobiliario, los micrófonos e, incluso, las botellas de agua que siempre acompañan las conferencias de prensa. Estas instantáneas van acompañadas por dos textos conversacionales sobre la experiencia de trabajar en museos. Brenda Pacheco, por su parte, narra cómo empezó a dibujar los escenarios que ocupó durante sus labores siendo parte de distintos equipos de programas educativos. “En el caso de estos dibujos también había una cuestión de pensar esos espacios en escalas imaginarias, tonales o de grises, para lograr que se entendieran. Era complicado verlos, porque en realidad se trata de espacios puramente blancos. No lucen como mis dibujos. Implicaba un proceso muy personal sobre estar en salas sin demasiada actividad y sobre ver el museo desde otro lado. Era cansado también, porque era una dinámica muy específica en la que, aparte de dar visitas o estar en recorridos, teníamos que atender al público. Éramos mitad seguridad, mitad educadores, entonces teníamos que estar parados todo el tiempo. Era muy cansado”, escribe. Por su lado, Ruth Ovseyevitz, actual gerente de comunicación del Museo Jumex, además de señalar los retos de diversificar las audiencias del museo, menciona las oficinas, las llamadas telefónicas y las tablas de Excel que terminan organizando a los programas educativos y los calendarios de difusión de las exposiciones. 

El cordón umbilical retiniano parte de una serie de exposiciones que se montaron en el ESPAC dedicadas a la pintura contemporánea de México. Las implicaciones de mostrar pintura en las condiciones actuales del espacio expositivo son abordadas por autores como Yishai Jusidman –cuya obra como pintor también se encuentra recopilada el volumen–, Alberto Ibáñez Cerda y Willy Kautz, curador del ciclo expositivo, quienes ahondan desde distintas perspectivas cómo el museo o la galería, legitimadores de lo que puede ser visible, contribuyeron a solidificar una idea de “la muerte de la pintura” y a generar líneas  en torno a lo no-objetual y al neoconceptualismo como únicas estrategias tanto de producción artística como de distribución y consumo. La misma actividad del coleccionismo comenzó a desplazar a la pintura, formando un mercado mucho más enriquecido –y mucho más especulativo– para lo que se ha llamado, de manera amplísima, “arte contemporáneo”. La tradición pictórica, desde entonces, comenzó a entenderse dentro de los parámetros de una tradición mimética, respecto a la técnica, y burguesa, hablando de las formas de distribución y consumo: los salones de pintura decimonónicos son una muestra de cómo ciertas clase sociales eran las que podían acceder al gusto estético. Las exposiciones de El cordón umbilical retiniano buscaron cuestionar estos preceptos, no sólo devolviendo a la pintura a un espacio expositivo sino revisando también cómo sus formas de mayor desarrollo histórico, como el paisaje o el abstraccionismo, pueden expandirse hacia la instalación o la escultura. Con piezas de Cecilia Barreto, Ana Bidart, Néstor Quiñones, Boris Viskin,  Circe Irasema, entre otros, El cordón umbilical retiniano demuestra la vigencia de la pintura, y la posibilidad de un programa expositivo que la atienda. 

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