22 mayo, 2020

Volver a qué normalidad

por Juan Palomar Verea

Recientes anuncios oficiales hablan de fechas y disposiciones para ir, paulatinamente, volviendo a la normalidad hasta ahora radicalmente alterada por el virus SARS-Cov-2.

Para ello, es necesario revisar cada una de las acciones y actividades, cotidianas o reiteradas, que cada persona necesitará llevar adelante en el futuro. Un común denominador para todas estas actividades es su análisis y racionalización. Y respecto a la ciudad, en general, lograr hacerla un medio urbano compartido que incorpore todas las necesarias medidas para contar con una mucho mayor sostenibilidad. Es bien sabido que la carga actual de las actividades humanas en el planeta puede conducir a situaciones como las que en estos días enfrentamos.

¿Cómo dar a la ciudad un mayor grado de sostenibilidad? En primer lugar logrando que todos los servicios públicos tengan el mayor grado de eficiencia para no dar pie a un gasto excesivo en recursos, lo que conduce a un desperdicio lesivo para la deseable marcha de la ciudad. Lo anterior se aplica a todas las actividades y redes de servicios y suministros que cotidianamente funcionan. Para ello se requiere una adecuada gestión de los recursos del lado de las autoridades. Pero también del lado de la ciudadanía resulta esencial analizar en lo particular el uso de dichos recursos en el transcurso de su vida cotidiana.

Un renglón muy importante es el de la planeación urbana general conducida por instancias oficiales y generalmente llevada adelante por promotores particulares. Por demasiado tiempo el crecimiento urbano resultante ha sido desordenado y generado ante todo por la búsqueda de las mayores ganancias posibles dentro de las circunstancias existentes.

Estas circunstancias se derivan, sobre todo, de la búsqueda de la tierra más barata, alejándose así de las zonas consolidadas y dando pie a la tan costosa dispersión urbana, factor que redunda invariablemente en el desperdicio de energías de todo tipo para establecer marcos adecuados de sostenibilidad. La lejanía de muchos de los nuevos desarrollos genera un mayor número de traslados pendulares y una insuficiencia en dotación de servicios y productos. Necesitamos una ciudad de proximidad, ciudad compacta.

Además de ello, los territorios intermedios entre la ciudad consolidada y los nuevos desarrollos se convierten en nuevas “reservas” territoriales que aumentan automáticamente de precio y quedan marginadas de usos deseables como el de agroindustrias u otros destinos compatibles.

La vuelta a la paulatina normalidad debe conllevar una mucho mayor conciencia de los recursos racionalmente sostenibles y de una perspectiva general y compartida de la ciudad deseable para toda la comunidad.

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