11 diciembre, 2013

Vivienda retratada

por Juan José Kochen | @kochenjj

Al crear un conjunto habitable se piensa en la transformación radical de la vida cotidiana, los comportamientos, las aspiraciones y los valores de la población involucrada. A partir de las experiencias de los grandes conjuntos habitacionales de la modernidad se ha descubierto la importancia de los equipamientos colectivos. En buena medida, los conjuntos son una acción reactiva en contra de la extensión urbana desmedida. En su definición, un conjunto habitacional requiere una vivienda colectiva integral oponiéndose así a la noción de barrios segregados o viviendas individuales.

En México, la idea de multifamiliar fue propuesta para sustituir la vivienda precaria de los grupos urbanos con bajos ingresos económicos, al mismo tiempo que su aparición en la ciudad dio lugar a la transformación de las relaciones colectivas, el paisaje urbano y la valoración del espacio. El término ‘multifamiliar’ surgió para identificar a los edificios de distintos niveles y alojar viviendas en unidades independientes (departamentos) a partir de bloques rectangulares. Con los sexenios de Manuel Ávila Camacho (1946-1947) y Miguel Alemán Valdés (1946-1952) se inició el proyecto de vivienda multifamiliar con obras públicas ordenadas por el gobierno a partir de un mandato constitucional, utilizando recursos económicos de los contribuyentes y en beneficio de ciertos sectores sociales, desde finales de los cuarenta hasta principios de los noventa.

En agosto de 1973, un año después de la fundación del Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores (Infonavit) se inauguró el Conjunto Habitacional Iztacalco, primer desarrollo construido por el Instituto en la Ciudad de México, que antecedió notables desarrollos como Pedregal de Carrasco, Culhuacán, Santa Fe, El Rosario, La Esmeralda y La Cantera, entre muchos otros, más de 750 en el Distrito Federal. La revisión de estas unidades habitacionales de la modernidad, no sólo demanda el análisis de la plástica y la naturaleza de los espacios, sino la discusión de los asuntos que concluyeron en las dimensiones, las capacidades de habitación, la ocupación del suelo de la ciudad, la calidad de vida y la incorporación de áreas comunes. Se entiende por “conjunto habitacional”, toda unidad de vivienda, fraccionamiento habitacional o agrupamiento en cualquiera de sus modalidades y regímenes de tenencia, así como la división de un terreno en manzanas y lotes para vivienda, equipamiento, comercio y servicios con una o más vías públicas y con obras de urbanización para la dotación de equipamiento e infraestructura.

Cada vivienda construye ciudad y la suma de las viviendas resulta en el entorno que habitamos. La revaloración de la vivienda existente en los centros de las ciudades es otro eslabón fundamental en el proceso de construir mejores ciudades. La vivienda debe replantear la idea de unidad como comunidad habitacional, para así entender sus procesos y transformaciones actuales, complejidades y virtudes. Una forma de acercarse a estos procesos urbanos y sociales es a través de esos modelos paradigmáticos, sus configuraciones formales a partir de sus tipologías constructivas y su evolución en el tiempo.

En el marco del 5to Foro Internacional de Vivienda Sustentable | Vivienda Social intraurbana, organizado por el Infonavit, se presentó esta serie del fotógrafo mexicano Onnis Luque. “Vivienda retratada” reúne una selección de fotografías de unidades habitacionales construidas por el Instituto (Cuemanco, Belén, Pedregal de Carrasco, Culhuacán, Demet, Hueso-Periférico, Iztacalco, Nativitas, Prados Churubusco y Hueso-Vergel) entre 1972 y 1990. Líneas, ángulos y texturas que son el mejor testimonio de la permanencia y evolución de la vivienda, pero sobre todo, de los modos de habitar, los sentidos de pertenencia y la vida al interior de las unidades habitacionales que en su momento fueron paradigma de la modernidad y que hoy son el mejor principio para redirigir el rumbo de la vivienda.

belen

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