26 enero, 2018

La máquina de la colaboración

por Christian Mendoza

 

¿Es posible pensar la economía colaborativa como un contrapunto a la forma actual del capitalismo? En lo que respecta a la vivienda, se ha llegado a plantear que compartir un departamento es una práctica de emancipación que provoca que las nuevas generaciones no piensen en términos de propiedad sino en los de cooperación. Quienes habitan un lugar se convierten en miembros de una comunidad sustentable que hace posible, mediante la unión de sus respectivos sueldos, el costeo de los servicios. Al margen de comentar los vínculos económicos que suceden entre compañeros de piso, me permitiré señalar cierta retórica sobre el bien común, un tema que ha sido cercano a ciertas dinámicas de mercado.

Las productividades de los ciudadanos de un país, por ejemplo, son traducidas por la administración en turno como una suerte de patriotismo que permite a esa nación salir adelante, al tiempo que la región está formando parte de una dinámica global en la que el mercado impone sus propias demandas y produce necesidades que no cumplen con ninguna agenda nacionalista. Los productos a consumir son sumamente específicos, pero el sentimiento en torno a esos productos no se publicita como una simple compra-venta. Lo consumo porque ayudo al los pequeños comerciales de mi localidad, porque define mi personalidad, porque es una experiencia, porque además de que lo necesito me provee de una serie de facilidades que terminan enmarcando mi estilo de vida, descripción por demás evanescente pero que, sin embargo, es un dispositivo económico funcional. El capitalismo, nos dice Slavoj Žižek en Visión de paralaje, puede ser lo que sea, al borde de que puede reconocer los derechos de poblaciones socialmente desplazadas con tal de que representen nuevas plataformas de mercado. El colectivo LGBTQ es un caso obvio, ya que fueron reconocidos sus derechos a la par de que fueron abiertas agencias de turismo especializadas en “viajes para ti”, así como marcas de ropa lanzaron colecciones con las que se podía expresar el orgullo de pertenecer a ese estilo de vida. El reconocimiento de sus derecho fue el surgimiento de una economía.

Para volver a la vivienda, tenemos nuevamente que observar lo que representan las generaciones jóvenes para el mercado inmobiliario. Si bien, compartir un departamento es un signo de que el capital está cambiando —las generaciones anteriores podían hacerse de una casa propia— y la “juventud” está prefiriendo habitar las ciudades en lugar de construir su patrimonio en una casa de los suburbios, es verdad que el hecho de compartir también implica cierta estabilidad. Se trata de una vivienda, de una posibilidad de planear un futuro a mediano plazo. Por contraste, el vocabulario de los hoteles tiene entre sus términos la “corta o mediana estancia”, un suelo temporal cuyos servicios se terminan a la par que las vacaciones de uno. Pero esos límites ya fueron trastocados.

AirBnb es una empresa cuyo relato es la misma que la de la colaboración y el estímulo económico para los habitantes locales de cualquier región. Es una empresa que facilita experiencias —en lugar de un hotel, puedes experimentar cómo sería vivir en la ciudad que estés visitando— pero que no olvida una ética social. En 2017, anunciaron la construcción de un edificio inmobiliario, el cual se asentará en Florida. El proyecto será un aporte no sólo para Florida, sino para las ciudades que permitan el toque de su bondad: AirBnb aumenta los niveles de movilidad de cualquier territorio urbano ya que los transforma en un destino internacional a la par que significa una experiencia para aquellos jóvenes que busquen habitar al margen de cualquier compromiso tradicional con la vivienda. Sabemos que tú no quieres la misma vida de tus padres, así que ofrecemos una casa temporal para tu enriquecimiento personal y espiritual, una casa que te permite formar lazos con gente de muchas naciones. Una casa que te abre el mundo, una casa colaborativa. En conclusión: una casa para nadie.

El capitalismo puede ser lo que sea, pero nunca será equitativo. El proyecto de AirBnb es más bien un cascarón vacío que, aún cuando se encuentre ocupado constantemente, de todas maneras no asegura un techo. No libera las nociones de propiedad, las niega. No es vivienda, es una experiencia. Las comunidades que se formen ahí serán tan efímeras como los plazos de estancia que oferta.

 

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