15 febrero, 2015

Una arquitectura pensada a mano

por Miquel Adrià | @miqadria
PENSADO A MANO / THOUGHT BY HAND from Flores & Prats on Vimeo.

 

Para Flores&Prats todo es más. Cualquier detalle detona efectos, desencadena una respuesta, o varias. No hay jerarquia de escala donde lo general privilegie lo particular o donde lo de mayor tamaño defina el curso de los detalles, sino que todo es relevante. Como los grupos jarochos que con un par de datos son capaces de hilvanar una historia cantada, o los arqueólogos que de un pedazo de mandíbula reinventan una cara, la expresión y el color de la piel, Flores&Prats extraen otro discurso del marco de una ventana corriente, vencida por los años de golpes y carcoma, para convertirlo en el marco de un cuadro parlante de Hogwarts. A Flores&Prats les gusta la barita mágica del hada madrina de la Cenicienta que transforma calabazas y ratones en carruaje y pajes. La estirpe mirallesca a la que pertenecen los pone en el camino de los alquimistas. Es sabido que algunos de los ungidos se quedaron por el camino circense haciendo malabarismos y otros en meros relatores de las hazanas que vieron o les contaron, pero Flores&Prats siguieron trabajando en su propio laboratorio para construir su versión del humo y de las burbujas. Cuentan que Enric Miralles seguía dibujando un proyecto aún cuando ya lo hubiera terminado de construir. Algo de eso se da también en el trabajo de Flores&Prats en la medida que no existe principio y fin de un proyecto o de una obra sino un continuo narrativo que lleva de un proyecto a otro, que hilvana temas, programas, escalas, anécdotas. Sus proyectos son historias. Recuerdo una reflexión reciente de Antonio Ortiz -uno de esos dos Antonios (Cruz&Ortiz) que representan la arquitectura española de los últimos treinta años- donde decía que la ciudad es una narración, pero que la arquitectura, los edificios que componen la ciudad no tenían por que narrar. De hacerlo, añadía, convertían a la ciudad en una cacofonía ruidosa y decorativa. Para él la arquitectura debía ser hermética, responder a sus propias leyes compositivas e ignorar el impacto contextual que ésta genere. Será pues la ciudad la encargada de contar historias a partir de la suma de objetos hieráticos formados en sus calles. Evidentemente Antonio Ortiz no estaba pensando en la arquitectura de Flores&Prats sino en la suya, en la de O. M. Ungers o la de Richard Rogers. Yo en cambio, imaginaba un edificio que tomaba prestadas las molduras almohadilladas de Giulio Romano para incorporarlas en un edificio de viviendas de interés social que, a su vez, se constorsionaba para generar sus propios espacios, dejando que un árbol atravesara losas para emerger desde el estacionamiento a una plaza peatonal. La arquitectura, y sus edificios, sí pueden ser narrativos, pueden ser cuentos, pueden expresar las fábulas más delirantes. Paseando por Kiev encontré un edificio coronado por sirenas y ranas, con elefantes, cocodrilos e hipopótamos emergiendo de sus cuatro fachadas. Tan histriónico y singular como Bomarzo, las Pozas en Xilitla que soñó y construyó Eduard James o los dragones que compiten con Sant Jordi, resignados a perder, en tantos remates y barandales del Modernisme. Flores&Prats son rumiantes que mastican ideas y formas de un proyecto a otro: del baúl que se convierte en exposición; del armario sustraído de su oficina para conformar la museografía del pabellón catalán en la Bienal de Venecia; de la exposición sobre su popio trabajo en Copenague donde reproducían cada uno de los gestos y trazos mistificados, con esquisitez y humor; de las invitaciones y las tarjetas hechas de galletas por el repostero Escribá, frágiles y deliciosas; del video que narra todo el proceso de confección de las galletas; de la piruleta de fresa y nata convertida en quiosko en una plaza que evoca a Willy Wonka; del objet trouvé a la página web de Flores&Prats que abre el camino al mundo íntimo y fascinante de puertas, cajones y carpetas que contienen historias y proyectos. A Flores&Prats les gusta sorprender con el conejo que aparece de un sombrero de copa y dar liebre por gato -parafraseando a Eugeni D´Ors-, dar más por menos. En la memoria está el cine mudo donde es fácil incorporar a Monsieur Hulot –en Mon Oncle, de Jacques Tati- apareciendo por ventanas dispares en el recorrido por las escaleras que lo llevan hasta su apartamento o por los recorridos laberínticos de la Sala Beckett en el Poble Nou barcelonés. Tampoco cuesta imaginar a Flores&Prats como Buster Keaton, recomponiendo un simple programa doméstico en un complejo artilugio de recorridos por los momentos singulares de una comida dominguera en la azotea de la casa del carpintero y la peluquera o la transformación espacial causada por la pista de Scalextric del hijo de ambos. Un mundo que viene de lejos y que quizá haya que buscarlo en la casa del matrimonio holandés del cuadro de Pieter de Hooch, que les permite armar un relato en inglés con sus alumnos austalianos, hipnotizados por los ojos de Eva y las palabras de Ricardo. La mirada de Eva -¿o es Alicia?- sigue cada movimiento de su interlocutor subrayando la trascendencia de cualquier gesto trivial que trate de desvanecer la dulce necedad semántica de Ricardo. Flores&Prats redundan hasta con sus apellidos aún cuando dan cuenta de su riqueza de origenes y lenguas sin reducirlo al mínimo común múltiplo, como sucede con tantas sumas que sólo restan. Flores&Prats es una de esas pocas parejas que se complementan, que añaden, que sonrien, que transpiran complicidades, que se sienten mutuamente reconocidos, que se quieren y admiran, que proyectan en la linea de los Robert y Allison Smithson o los Denise Scott-Brown y Robert Venturi, más que en el empalagoso linaje de Charles and Ray Eames o de Tod Williams y Billie Tsien. Su trabajo es un proceso sin un resultado predeterminado. No es la represención de una caligrafía escenificada en el siglo pasado, sino un ovillo que se sigue hilvanando con vueltas y capas de un mundo personal y arrollador que atrapa. Un universo tan íntimo que ya es global. El mundo de las maravillas que construyen Flores&Prats es, sin duda, un caso singular.

 

Ricardo Flores y Eva Prats son autores del libro monógrafico PENSADO A MANO.

 

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