16 marzo, 2020

Un proyecto hecho a pie. Conversación con Gabriel Orozco

por Arquine | @arquine

En agosto del año pasado entrevistamos a Gabriel Orozco en relación a su nombramiento como encargado del proyecto de transforma-ción y mejora del Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México. A mediados de febrero de este año, volvimos a reunirnos con Orozco para comentar los avances a su propuesta.

 

Llevamos diez meses trabajando. Empezamos el 2 de abril de 2019. En la más reciente reunión con todos los involucrados, hace unas semanas, vimos que probablemente en abril de este año ya se pueda plantear un plan maestro. Recuerden que yo propuse primero hacer un programa maestro, para entender las necesidades y las ideas y luego, en función a los nodos culturales que queremos implementar, añadir o reorientar lo que hiciera falta. En estos meses, por ejemplo, hemos estado en contacto con Andrés Lajous y su equipo de la Secretaría de Movilidad para empezar a ver cómo van a circular los flujos tanto interånos como externos a Chapultepec. Ha habido un gran avance y se propondrán cosas concretas en un par de meses. Estamos estudiando la pertinencia de instalar un cablebús, que al ver la topografía de las cuatro secciones cobra sentido. Pero estamos aún definiendo, en caso de que se haga, cuál sería su forma de operación para garantizar que el parque siga siendo gratuito, permeable, público. Y también sustentable, tanto ecológica como económicamente. Algunas ideas del programa ya quedaron bien afianzadas en cuanto a su necesidad y bajando en un plan maestro más preciso, en función de las nuevas circunstancias. Y por supuesto estamos estudiando no sólo las condiciones actuales, sino también la historia de Chapultepec. Por ejemplo, la relación entre los antiguos lagos, el cerro de Chapultepec y el tema del agua.

 

En estos diez meses, con el trabajo con diversos equipos e instancias de gobierno, ¿se han mantenido las ambiciones iniciales de la propuesta?

Mantenemos la ambición de lograr permeabilidad y poder cruzar esa grieta, digamos, que es Constituyentes. La barda del panteón también es parte de esa separación. Hacia el interior del panteón está tan pegada a las tumbas que sería pertinencia, y ya estamos traun error abrirla sin antes resolver Constituyentes a todo lo largo. Lo que haremos ahora será mantenerla —porque además está protegida—, pero del lado en que colinda con la segunda sección vamos a bajar su altura, quitando añadidos posteriores a su construcción. Al mismo tiempo, con Semovi y el gobierno de la ciudad, hemos establecido puntos para reorganizar esa calle. Es algo que han intentado diferentes gobiernos, así que ya hay planes e información.

 

¿Cómo has conformado los diversos equipos de trabajo?

Ha sido muy interesante y se han ido armando de manera muy orgánica. He tenido conversaciones con una gran diversidad de equipos de trabajo. Con Benjamin Romano estamos trabajando en los puentes para cruzar constituyentes y llegar a la cuarta sección. Él propone no cruzar ni por arriba ni por debajo de la calle, sino abriendo una cañada. Lo estamos estudiando con mucho cuidado. El diálogo con Benjamín Romano ha sido muy cercano, recorriendo el sitio varias veces y en distintos lugares y se ha integrado muy bien en el equipo. Con Rozana Montiel estamos trabajando en lo que llamamos la zona de amortiguamiento, es decir, las colindancias, especialmente de la tercera sección, que están en contacto con los vecinos. Eso tiene que ser un planteamiento de parque más que de bosque; por eso las pensamos como zonas de amortiguamiento y no como de conservación. Rozana Montiel ha trabajado en varios proyectos en espacios públicos y en zonas conflictivas, tanto ecológica como socialmente. Su equipo está implicado en una serie de talleres, reuniéndose con otros equipos, como con el de agroforestería. Es una forma distinta de hacer las cosas, más de paisaje, de tierra, atendiendo las necesidades sociales mediante trabajo comunitario, hablando con los vecinos, para entender cómo se pueden resolver esas zonas de amortiguamiento y, además, usando materiales y elementos mínimos. Pensamos que entre menos cemento, será mejor. Entre menos monumento, mejor. Se trata de un paisajismo que no depende de decisiones estéticas sino de cómo funciona para lograr la permeabilidad urbana y ecológica que se busca. Mucho de lo que vamos a usar, como luminarias y mobiliario urbano, es lo que la ciudad ya está utilizando. No queremos desperdiciar recursos en detalles de ese tipo. La cuarta sección nadie la conocía porque estaba y sigue cerrada. Había un proyecto de la Sedatu que era más bien inmobiliario. Mauricio Rocha retomó un proyecto en el que había trabajado hace muchos años: la parte de Santa Fe, donde está la ermita de Vasco de Quiroga y el plan maestro para la cuarta sección. Surgió la iniciativa de hacer ahí la Universidad de la Salud, usando edificios ya existentes. La historia militar también es un elemento importante en esa sección y en todo Chapultepec. El cuidado que han tenido los militares de Chapultepec es parte de esa historia y casi del ecosistema del bosque. En la fábrica de pólvora habíamos pensado en hacer un museo de sitio, pero también un museo de la historia militar, que tal vez pueda crecer a algo más amplio. En la tercera sección nos mostraste lo que podrían considerarse ruinas, si bien no son arqueológicas.

 

¿Cuál es la idea ahí?

Es arqueología urbana. Habíamos hablado en la entrevista anterior de las ideas de poda y composta arquitectónicas. Había proyectos anteriores para ese sitio, que de cariño le llamamamos “el Chernobyl”, que partían de demoler todo lo existente. Cuando visitamos el lugar pensé que estaba bien así. Me pareció que ya tenía buena atmósfera. Hay grafitis de muy buena calidad. Así decidimos recuperar dos lugares que fracasaron como negocios, ambos relacionados con el agua y el entretenimiento, con una infraestructura semidestruída pero con un potencial poético extraordinario. Lo único que tendremos que hacer es darle continuidad y mantenimiento. La inversión va a ser para desarrollar un programa y generar un centro cultural con lo que ya hay, un lugar para adolescentes, que aún no existe en Chapultepec.

 

¿Cuál es la manera de trabajar de esos diferentes equipos?

Desde un principio planteamos la idea de un Taller Chapultepec. Yo trabajo con un dibujante que me ayuda con los planos y las maquetas. Con los arquitectos nos vemos a veces uno a uno, a veces con sus equipos y otras nos juntamos todos. Además de los ya mencionados, están en el equipo Guillermo González, de APRDELESP, que realizó un levantamiento exhaustivo de Los Pinos para poder entender qué hay que hacer. Fue un trabajo de un año de mapeos, que nos permite ahora decidir qué hay que “podar”, con una problemática interesante, porque ya está en actividad y con mucho éxito. Aunque Los Pinos no es parte del programa que estoy haciendo para Chapultepec, para lograr integrarlo estamos planteando varios puntos importantes. Primero, el que va más avanzado, es la Casa del Maíz, con Oscar Hagerman, Cristina Barros, Emiliano Godoy y Juan Carlos Cano. En otra de las casas queremos implementar lo que llamamos un Centro de Cultura Política. Es un proyecto apenas esbozado, pero pensamos en un centro de estudios, un archivo y espacios de exposiciones temporales sobre el arte y la cultura política, que incluya desde la estampa y la caricatura hasta documentos y fotografías de nuestra vida política a partir de la fundación de Los Pinos como un centro de poder. En el panteón estamos trabajando con Enrique Lastra en toda la parte de reconfiguración histórica. Es complejo porque al mismo tiempo es un Cementerio ministerial donde hay fosas comunes en uso. No podemos hacer nada que no esté en función de esa actividad. Además, hay un enorme basurero en la parte de atrás del panteón. Tenemos que ver qué hacemos con eso. En otra zona del bosque, Frida Escobedo hizo un diagnóstico del área del parque Cri Cri y el levantamiento de lo que eran El Rollo y Atlantis. Muchos de estos proyectos pasarán a ser ejecutados por la secretaría de obras públicas —donde ya armaron un equipo— con nuestra coordinación. Estamos estudiando qué se puede recuperar, qué se puede hacer, por ejemplo, con la tierra del tajo que pensamos hacer para conectar la tercera y la cuarta sección. También estamos pensando en que haya un centro de cultura ambiental —que incluye la remodelación de las bodegas del Museo de Historia Natural, el estacionamiento adjunto y el lago menor. Es un proyecto que probablemente se concurse. Sería un concurso interdisciplinario que involucre a arquitectos, botanistas, paisajistas, ecólogos, etc. Tal vez se convoque otro concurso, dependiendo de la necesidad, para el proyecto en la zona de Arquímedes y el estacionamiento del Auditorio Nacional, buscando conectividad peatonal con la segunda sección.

 

¿Qué tanto trabajo ha implicado el proyecto de Chapultepec? ¿Piensas que, tras entregar el plan maestro, tomarás mayor distancia del proceso o te involucrarás aún más?

Personalmente he seguido con mi trabajo habitual. Tuve una exposición en La Habana en mayo pasado y otra en París en septiembre. Estoy preparando una para Nueva York para el próximo septiembre. Pero es cierto que he dedicado la mayor parte de mi tiempo en estos meses al proyecto de Chapultepec. Yo espero que al entregar el plan maestro en abril, no se personalice tanto el trabajo porque ya tenemos un equipo interdisciplinario bastante completo que ha crecido orgánicamente y que está involucrándose cada vez más en todos los estratos de este gran esfuerzo colectivo. Yo les digo a todos los que estamos trabajando en esto que Chapultepec no es un proyecto de escritorio, sino que es un proyecto hecho a pie, que se resuelve caminándolo.

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