23 noviembre, 2013

Un catálogo no razonado

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

La semana pasada escribí aquí mismo sobre las arquitecturas expuestas: las muestras, bienales y festivales de arquitectura. Hoy es sobre el catálogo de una exposición reciente: la Muestra de arquitectura contemporánea mexicana en Roma. No se cómo sea la exposición; supongo que buena. Por el catálogo veo que están algunos de los sospechosos comunes, también nuevos invitados al club y que otros fueron, por ahora, excluidos. Pero del libro, editado por el CAM-SAM, me sorprende el descuido casi total en la edición. Impreso en couché brillante, no llega a ser un elegante coffe-table-book y mucho menos presenta una mirada medianamente crítica del estado de las cosas. Me adelanto al reproche: algunos de los libros que publica Arquine también son parciales —eso no me parece un error, al contrario. El error de este catálogo es no dejar claro cual es el partido que está tomando. Supongo que al contar con las insignias de la Secretaría de Relaciones Exteriores, del INBA y del mismo Colegio de Arquitectos, se supuso que habría que aparentar cierta imparcialidad u objetividad, pero más bien no logra explicar por qué muestra lo que muestra de la manera como lo hace.

 

Una nota al margen: algo habría que hacer con esas introducciones oficiales que sólo gastan tinta y papel y no dicen nada: eliminarlas —ya sea por simple prudencia ecológica. También, de paso, habría que pedir a quienes firman esas páginas ser más exigentes con quienes las escriben. El secretario de Relaciones Exteriores de México afirma, por ejemplo, que ese catálogo “prueba que la arquitectura es espacio, forma y luz, pero también historia, valores, pertenencias…” —lo que, además de ser un lugar común, no logro encontrar por más que ojeo el libro. El embajador de México en Italia escribe que “la arquitectura mexicana contemporánea se destaca por su originalidad, funcionalidad y belleza,” lo que no es sino una verdad a medias, de publicista: basta mirar las periferias de casi cualquier gran ciudad mexicana, lo que en los últimos años construyeron las vivienderas hoy en crisis o la arquitectura pública que nos obsequian gobiernos locales, estatales o el federal, para saber que lo dicho es, si no mentira, una exageración. La directora de Arquitectura y conservación del patrimonio artístico inmueble del INBA, dice —un tanto tautológica— que uno de los objetivos de esa institución es “fortalecer la protección del patrimonio cultural y arquitectónico,” y yo pienso en el Superservicio Lomas de Kaspé, en el mercado de Arriaga, en Chiapas, en el Manacar, o en lo que le pasó al Hotel Bamer, a unos metros de la oficina de dicha dirección.

El presidente del CAM-SAM escribe que el principal objetivo de las exposiciones de arquitectura mexicana e italiana era “el intercambio ideológico sobre el que se desarrolla la arquitectura y el urbanismo en los dos países, principalmente en el territorio de sus dos capitales.” Vi la muestra de arquitectura italiana en México que correspondió a la del catálogo que comento —una colección de láminas con fotos y planos— y no encontré mucha ideología, menos viniendo del país de Tafuri, Rossi, Dal Co o Argan. El catálogo de la muestra mexicana tampoco ayuda en ese aspecto. La Breve historia y prospectiva de la arquitectura y el urbanismo en la ciudad de México que, tras las múltiples presentaciones oficiales, sirve de introducción, dice muy poco, casi nada, de las condiciones políticas, sociales o culturales a las que se supone responde la arquitectura —ese testigo insobornable de la historia. Los proyectos incluidos se presentan acompañados, además de una redundante banderita mexicana, por una síntesis biográfica y una memoria descriptiva que parece no pasaron por ninguna corrección de estilo. Las biografías se reducen a estudios y premios, las ideas de los arquitectos jamás se presentan; y las obras se describen como colecciones de espacios con usos diversos cuyas únicas virtudes son los metros cuadrados construidos o la cantidad de coches que son capaces de acomodar. Hay obras tan conocidas como el corporativo Arcos Bosques que sólo se atribuyen a uno de sus autores —Francisco Serrano, sin mencionar a Teodoro González de León— y las fichas técnicas y planos que las acompañan no son consistentes a lo largo del libro. En fin, se trata de un libro que si hubiera sido editado por quien recién incursionara en el tema de la arquitectura sería criticable, pero que avalado por el Colegio de Arquitectos de la ciudad de México y la Sociedad de Arquitectos Mexicanos resulta, de menos, vergonzoso.

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