20 junio, 2017

Un Campo Baeza para Guadalajara

por Juan Palomar Verea

Alberto Campo Baeza es uno de los más importantes arquitectos de España, lo que, para el caso, puede querer decir del mundo. Es un artista de lo depurado, de la contención, de una límpida y parca poética. Es muy clara en él la enorme lección de cierto Luis Barragán. Pero la potencia y la convicción con las que Campo Baeza ha seguido consistentemente una línea de reflexión formal y espacial han logrado otorgarle una voz más que propia. Un estilo, un aire.

Cada año, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, organizada por la UdeG con generosos fondos públicos, convoca a un país/subcontinente/región/ciudad o lo que sea, como invitado especial. Entre las obligaciones de tal compromiso está el de costear un más o menos aparatoso pabellón representativo que se suele acomodar, como una especie de provisional platillo volador, en el vestíbulo de la Expo Guadalajara. Ha habido de todo: de lo olvidable a lo horroroso a lo anodino a lo agraciado. Pero todos esos pabellones han acabado –muchas veces con cierta justicia– en la basura.

Se trata de una feria, se dirá: y en las ferias todo es desechable. No tendría por qué ser así. Hay que respetar el dinero que aportan todos los contribuyentes. Habría que respetar el trabajo y el talento derrochados para –no obligatoriamente- ser quemados en una semana. Hay tantas maneras de reutilizar, de reciclar, de reusar…

No viene a la memoria, en términos arquitectónicos, ningún pabellón de invitado de honor a la FIL que pueda en sí mismo mucho lamentarse por haber desaparecido. Pero ahora el caso es distinto, y habría que, como se dice con alguna cursilería, cambiar el paradigma. Sucede que este año viene ni más ni menos que la Villa y Corte de Madrid como invitada de honor. Y sucede que la comunidad madrileña ha pedido a Alberto Campo Baeza que proyecte su obligado pabellón. Estamos ante muy otra cosa.

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La propuesta del arquitecto vallisoletano se ve deslumbrante. Un cilindro muy puro al que, como a una plaza de toros, se ingresa por varios toriles. Los tendidos albergan  a la gente y a una biblioteca concéntrica y de buena capacidad, muy reminiscente de la célebre biblioteca de Gunnar Asplund. Sobre la arena pueden suceder cualquier cantidad de cosas (incluso torear). Una redonda –en más de un sentido– pieza de arquitectura. Útil, flexible, bonita.

Esa biblioteca, ese pabellón, debe durar, ser aprovechado. No puede irse, como de costumbre, a la basura. Así que aquí va la propuesta: que sea construido para durar y soportar un desplazamiento (con todo y libros). Que se coloque en cualquier (o en el más idóneo) de los grandes espacios vacíos de la lejanísima Biblioteca Pública del Estado (ídem vacía) que maneja la U de G y que en mala hora fue arrinconada en la periferia, ajena e inaccesible para sus usuarios. Dicha nueva biblioteca dentro de la biblioteca puede ser un necesitado atractivo, una herramienta de trabajo, y un patrimonio arquitectónico por sí mismo.

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De paso, y sabiendo que es impertinentemente mucho pedir, sería bueno solicitarle al arquitecto Campo Baeza que le regalara al pueblo de Jalisco unos dibujos para componer y serenar todo lo que se pueda la expresión exterior del elefantiásico conjunto universitario, y sobre todo el de la Biblioteca. Seguramente el arquitecto, viendo aquello y teniendo sentido del humor y pundonor profesional, gustoso podría colaborar para mejorar las cosas.

Además, sería conveniente pedirle a todos los futuros invitados de honor que, como es el afortunado caso de Madrid, propongan arquitectos de gran calidad para realizar los respectivos pabellones. No escenografías ni bambalinas desechables: arquitectura movible que pueda seguir siendo útil, responsable, bonita. Todos saldríamos ganando. París, por ejemplo, podría invitar a Jean Nouvel, Portugal a Souto de Moura, Santiago a Smilan Rajdic, y un largo etcétera. Para la feria número cien habría un envidiable acervo de pabellones-biblioteca, en Guadalajara y en los pueblos de Jalisco, digno de usarse, visitarse y presumirse. Sobre todo, del mismo cuero saldrían las correas, y sería algo muy útil.

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