29 abril, 2021

Tres telescopios

por Christian Mendoza

 

 

 

Uno de los telescopios que se construyeron durante la Guerra Fría colapsó en 2020. Situado en Puerto Rico e inaugurado en 1963, el Observatorio de Arecibo fue de los más grandes del mundo, teniendo 305 metros de diámetro. Instalado dentro de una hendidura, su localización cercana a la Línea del Ecuador facilitaba una visión casi entera del Sistema Solar. Quien inició su construcción fue William E. Gordon. Los criterios arquitectónicos obedecieron más a los reflectores y paneles que debían utilizarse, que a una solución espacial que pudiera resultar estética. Pensado primeramente como un solo reflector parabólico fijo, la concepción espacial limitaba las investigaciones potenciales de disciplinas como la radio astronomía o los estudios atmosféricos. Ante estas construcciones, la Advance Research Project Agency contactó a la Air Force Cambridge Research para proponer un proyecto mucho más ambicioso que incluyera reflectores esféricos y propagación de ondas de radio. Entre los descubrimientos que se efectuaron en este observatorio fue el cálculo exacto de la rotación del planeta Mercurio así como el descubrimiento de planetas extrasolares. En 1974, año de la primera remodelación del observatorio, se emitió un mensaje de radio diseñado por Frank Drake y Carl Sagan al grupo de estrellas M13, el cual contiene datos sobre el sistema numérico, las moléculas del ADN, el sistema solar y sobre la misma estructura del telescopio. Interpretado de manera visual, el Mensaje de Arecibo se vuelve una imagen vertical, como una estela mesoamericana. Entre agosto y diciembre de 2020, dos cables principales se cayeron, provocando daños irreparables en la plataforma superior, por lo que se decidió su cierre definitivo. 

Por su lado, el telescopio RATAN-600 desplazó al Observatorio de Arecibo. Con 576 metros de diámetro, el RATAN-600 fue construido entre 1968 y 1977, teniendo en total 12,000 m2. Esta instalación rusa fue celebrada en 1987 por lo que entonces era la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en una estampilla conmemorativa. El RATAN-600 calibra las imágenes que transmite y recibe en un sistema de dos y tres espejos, así como de la totalidad de su anillo perimetral; es decir, la circunferencia puede capturar imágenes. El telescopio, hasta ahora, sigue en activo. En mayo de 2015, el telescopio captó una señal que, dadas sus coordenadas en el espacio sideral, estaban los suficientemente alejadas como para considerarse una emisión proveniente de una “fuente natural”, por lo que inicialmente fue catalogada como una señal SETI (Search for extraterrestrial intelligence o “Búsqueda de inteligencia exraterrestre”). La señal fue localizada en una frecuencia que se utiliza para uso militar, y se intuyó que se había detectado el tránsito de un satélite secreto. Otros observatorios intentaron corroborar la señal sin éxito y se concluyó que la emisión era de origen terrestre.

China finalizó en 2020 un radiotelescopio que, sin superar la medida diametral del RATAN-600 (500 metros de diámetro), sí se considera que tiene una mayor funcionalidad respecto a su compañero ruso. Según el portal designboom, es 2.5 más sensible que otro radiotelescopio del mundo que se encuentre en funciones. Construido en Guizhou, esta estructura cuenta con 4,400 paneles de aluminio. Su desarrollo implicó desplazar a 7,000 residentes de las zonas circundantes. Los científicos involucrados en la construcción del radiotelescopio declaran que, con este instrumento, “podrán descubrir más estrellas desconocidas, estudiar fenómenos cósmicos y leyes del universo, o incluso detectar vida extraterrestre”.

En Arqueología del búnker (1994), Paul Virilio recorrió los búnkeres de la Muralla del Atlántico para fotografiarlos: “Ralentizado en su actividad física pero atento, ansioso por las probabilidades de su ambiente, el visitante de este lugar peligroso está acosado por una singular pesadez; de hecho, ya se encuentra en los puños de esa rigidez cadavérica de ese refugio que fue diseñado para protegerlo”. Virilio describió esa infraestructura bélica, sus muros grises y sus interiores huecos, para hablar sobre lo que nombró el campo militar: aquellos dispositivos que se instalaban (ocasionalmente a costa de los habitantes) para controlar y observar el territorio circundante en todas direcciones. Para el filósofo, las tecnologías de guerra redefinieron el territorio casi a nivel tecntónico. Los búnkeres así como las cartografías electrónicas de la NASA, hechas con satélites, proveyeron mayor precisión geográfica a los ejércitos o a los poderes con intereses militares. Los tres radiotelescopios descritos, con sus pieles grises y superficies ciegas, podrían sumarse a aquella atmósfera ominosa que Virilio identificó en el búnker, y también son instrumentos que buscan controlar el territorio y descifrarlo a través de las técnicas de la ciencia (que nunca son neutrales). Pero, mientras que Virilio habla sobre instrumentos que miraban de “afuera hacia dentro”, desde lentes con los que se buscaba mirar radiográficamente los suelos y subsuelos terrestres, con su telescopio China declara abiertamente que miran de adentro hacia afuera no sólo para estudiar las nebulosas, sino con el fin de encontrar vida fuera de nuestro territorio.

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