12 febrero, 2014

Torre de los Vientos 1996-2002

por Mariana Barrón | @marianne_petite

 

Están prohibidos los formatos timoratos, los juguetes de plástico, los videos anémicos y los papelitos sujetos con alfileres a los muros”

Pedro Reyes

fonseca001

Por un momento breve, en 1996, mientras aquella década se adornaba de crisis y persistía una actitud escéptica en la población que esperaba las esperanzas políticas que posiblemente jamás llegarían – y no llegaron- la ciudad del 68 se encontraba en la memoria de un joven artista. Entonces, durante los Juegos Olímpicos y como parte de un proyecto arquitectónico-cultural, se construyó la hoy desdibujada Ruta de la Amistad, gestionada por Mathias Goeritz, y que durante varios años permaneció descuidada, acotada y abandonada por las instancias estatales hasta que la organizaciones civiles decidieron rescatarlas y desarrollar nuevos proyectos de conservación.

Ahora, regresando a 1996, ese joven artista, ofuscado con entrar en aquel espacio cerrado con una puerta de metal y candado, no encontró impedimento para actuar contestatariamente, rompiéndolo y colocándole un cerrojo propio. Empezó a utilizar el espacio como estudio y terminó convirtiéndolo en un proyecto colectivo de intercambios sensoriales entre artistas, estudiantes de arquitectura, horticultores, músicos y espectadores.  Estas acciones colectivas en la Torre de los Vientos de Gonzalo Fonseca se realizaron, en su mayoría, de 1996 a 2002, tomando como referente instantáneo el manifiesto de Arquitectura Emocional como detonante. Este joven artista llamado Pedro Reyes -conferencista de MEXTRÓPOLI– asumió que, debido a el significado de aquel espacio, debían existir ciertas premisas para poder actuar en él: destruir la pieza,  transformar completamente el espacio, no hacer obra vendible y realizar un proyecto único y exclusivo para este lugar, eran algunos de los lineamientos que diversos artistas asumieron durante sus intervenciones en la Torre.  Para Pedro Reyes “La Torre fue una especie de isla anarquista, libre de todo control externo, que obedecía sólo a sus motivaciones intrínsecas. Sin comités de selección, consejeros, trámites, cuotas de representación cultural o planeación excesiva”.

Esta isla anarquista dio lugar a unas 28 participaciones entre los cuales se encuentran Mauricio Rocha, Enrique Jezik, Santiago Sierra, Gustavo Artigas, Julieta Aranda, Tsuyoshi Ozawa, Robert Chambers, Claudia Fernández, entre otros. A su vez se realizaron diversos seminarios, uno de ellos llamado TETRIS, inspirado en el juego de mesa hacía una analogía con el fenómeno de los asentamientos irregulares en la ciudad. El fenómeno TETRIS de ciudad de México fue la guía conceptual en donde los alumnos intervinieron el espacio de la Torre en la intersección de 3 tramas planteadas. Trama X: Retícula Formal, Trama Y: Retícula Tetris y Trama Z:  Retícula Urbana donde a base de módulos se iban configurando nuevos espacios. Curiosamente en este seminario entre los alumnos se encontraban Jorge Ambrosi y Juan Carral.

Las acciones de Pedro Reyes en este breve periodo le impregnaron vivencias innecesarias a la escultura que, por otro lado, se gestionó y transformó en un espacio que rebasó sus cualidades no hechas para el habitar o la arquitectura. Esto resultó algo indispensable en la reivindicación del monumento olvidado. Aquella obra de arte, que permanecía en estado vegetativo, al recrear lazos con la comunidad se reencontró con la significación de sus espacios. Pedro Reyes, después de unos años, dejó de realizar estas actividades para dedicarse más a su práctica artística.

¿Qué habría sido de esta Torre si la gestión hubiera seguido? Posiblemente nada hubiera sido tan atractivo como aquellos años de crisis noventera o de juegos olímpicos amistosos en situaciones anacrónicas. Al final son crónicas que sin duda levantan emociones y respiros de lo que fue esa Torre de los Vientos con piel gris en un contexto aún más gris.

torre

MEXTRÓPOLI | Primer Festival Internacional de Arquitectura y Ciudad sienta sus bases en 15 años de experiencia, consolidados desde el Congreso Arquine, transformado hoy para posicionarse en la ciudad de México como el más importante y diverso escenario para concentrar, exponer, activar y promover la cultura desde la arquitectura, en alianza estratégica con el Gobierno de la Ciudad de México. Contribuye al fomento de más de 30 actividades académicas, culturales y turísticas desarrolladas principalmente en el Centro Histórico bajo diferentes formatos y en distintos escenarios.

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