14 marzo, 2021

Thrasher: coleccionar fragmentos de ciudad

por Erik Carranza L. | @SA_Anonima

 

para Jake Kendall Phelps, J.K., Jake o como te digan allá donde estás

 

No recuerdo bien cual fue la primera revista Thrasher que compré, ni la edad que tenía cuando lo hice. Seguro fue a los 13 o 14 años, cuando vi la primera tabla de Tony Hawk que trataba de venderme un compañero de la secundaria. En ese momento, no era tan fan de la marca Powell Peralta, me inclinaba mas por Visión Street Wear pues otro compañero de la secundaria tenía una Psycho Stick o una Mark Gonzales —“magos” era el apellido y así nos referíamos a él. Quizá, como a muchos otros, le debo a él la aproximación al skateboarding. Lo que sí recuerdo bien es que compré la revista en una tienda de grupo Sanborns, “las hemerotecas públicas de la ciudad”, donde pasaba horas viendo revistas especializadas en el tema.

¿Pero cuál es la importancia de la revista Thrasher para la arquitectura y el diseño urbanoSus portadas. En ellas se podía ver en una imagen estática los trucos que realizaban los patinadores en los spots de la ciudad, desde una escalera, un barandal, una tubería de drenaje, una escultura pública, un canal de desagüe, una jardinera, una plaza o la misma calle. Sobre todo se veía la manera en que se apropiaban del espacio público, el uso que le daban a los elementos de la arquitectura, su adaptación, su evolución y su relación inversa: el skateboarding también moldea el diseño del espacio público de la ciudad.

Al interior de la revista esa imagen estática cobraba dinamismo al ver el truco de la portada en una secuencia fotográfica, la persistencia y temperamento de un patinador para lograr un truco se convertía en el movimiento en la ciudad; quizá al editor de la revista Thrasher le debemos esta máxima de que truco que no es bajado (aterrizado) por muy buena que sea la foto esta última no cuenta.

 

Parafraseando al arquitecto Vladimir Kaspé, quien hablaba de “la arquitectura como un todo”, el skateboarding respondería “la arquitectura NO como un todo”, puesto que cada elemento es una provocación, un desafío. Porque quién practica skateboarding sabe que un aspecto importante de la arquitectura es esa condición espacial aislada que tiene el barandal, la escalera, el arriate en el acceso de un edificio, que propicia la pausa y la velocidad —no a propósito, sino para poder ser botadas. 

Reitero la máxima que me ha guiado en el desarrollo de proyectos como el del skatepark del Parque la mexicana: que el skateboarding busca el accidente topográfico: la banqueta levantada por las raíces del árbol, el poste no izado por la compañía de luz, el árbol caído, la pendiente mal hecha de una rampa, la guarnición fuera de escala, la jardinera que estorba al paso peatonal, las escaleras que nadie usa, el barandal, el basamento del monumento, la fuente abandonada o el concreto recién colado. Eso es lo que hace al spot. La arquitectura construye spots por casualidad no por causalidad, el skateboarding busca también la oportunidad y el momento para insertarse.

Colecciona el barandal no como pasamanos, la banca no como mobiliario urbano para sentarse, el basamento no para elevar y jerarquizar a un monumento pero si como transición, la escalera que no une el punto A con B no como elemento de comunicación, sino como topografía, la unión piso-muro que no es para delimitar lo público es para el wall-ride. Colecciona el bache en la calle. Colecciona velocidad. Colecciona sombras. Colecciona la incertidumbre de la arquitectura, lo no planeado, lo no proyectado, lo que no se alcanzó a ejecutar con el presupuesto.

Un skatepark no es más que un campo de entrenamiento, es como el gimnasio para el boxeador. Polo May en la presentación de su tabla pro modelo “peso pesado”, por copal patinetas, lo ha manifestado en su videoparte al ejecutar lo entrenado directamente en la ciudad patinando sobre un puente peatonal a 6 metros de altura sobre una vialidad.

Al final no me compré la misma tabla de Mark Gonzales que tenía “magos”, pero si la de otro Mark, la de Mark “Gator “ Rogowsky, ambas diseñadas por Andy Takakjian —pero esa, la de “Gator” es otra historia, triste por cierto— y sí, cambie las revistas de skateboarding, BMX y surf, por revistas de arquitectura.

Jake Phelps fue el editor por 27 años de la revista Thrasher, murió un 14 de marzo de 2019 y fue cremado con su patineta. Para él este texto por esos fragmentos editados de ciudad.


Este texto forma parte del proyecto de investigación de “ciudad cuerpo y deporte urbano” del Sistema Nacional de Creadores de Arte en Arquitectura (diseño arquitectónico).

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