Un proyecto concebido desde adentro hacia fuera, como explican los propios autores, los arquitectos del despacho Terra y Tuma, evocando una imagen interesante para explicar el arreglo:
“Considerando la inevitable verticalización de los vecinos, todos pegados en casas adosadas, el primer paso fue invertir las fachadas, pensar el proyecto al revés, como si sacáramos un guante.”Así, en esta curiosa casa al revés, los patios toman el lugar de las fachadas tradicionales, pero sin mirar al paisaje, sino al cielo, de donde viene la luz intensa que invade el interior gracias a los marcos de vidrio que van de una losa a la otra. En la planta baja, donde la luz es un poco mas sutil, están los tres cuartos —el de visitas que da hacia el primer patio; el de la pareja y el del hijo, que dan hacia el segundo. La distribución programática anti convencional dispone salas y cocina en el segundo piso, donde la luz irradiante se expande por todas áreas de uso común, transformándolas virtualmente en un único y grandioso espacio. La prioridad de la apropiación colectiva se confirma con fáciles accesos a dos áreas externas: por un puente entre las escaleras sobrepuestas y por el primer patio se llega al balcón frontal, protegido del sol por un árbol frondoso, sembrado directamente en la tierra, guardado por un cajón de concreto oculto en la planta baja; por la escalera de un sólo tramo se accede al patio-jardín, que tiene el piso dividido entre instalaciones y equipos— calentador solar, tinaco, rejillas para almacén, puertas de vidrio para iluminación cenital etc.— y el área de convivencia refrescada por pasto, plantas y un huerto. Aquí, en la parte superior del edificio, se puede finalmente observar el paisaje urbano. Los ya mencionados espacios servidores —pasillo, puente y pasadizo— están dispuestos en sentido longitudinal, a exactamente un metro de la pared lateral. En cada piso, en los reducidos espacios resultantes entre pasajes y muro se ubican las áreas húmedas, siendo los baños y la lavandería disimulados como armarios, y la cocina integrada al comedor. Solución interesante, al conectarse con pasajes abiertos al flujo, las habitaciones confinadas se integran a los usos comunes. Una medida equivalente a esa economía de áreas para usos de poca permanencia se observa en las instalaciones de agua, drenaje y electricidad, con tubos metálicos expuestos acompañando las paredes y losa de cubierta. En el jardín, luego en la entrada, la altura doble, el espejo de agua y las macetas de flores colgadas dan un aire desordenado en un contexto reservado.
Muchas de las soluciones constructivas señaladas en Casa Mipibu, e incluso la estrategia general de su distribución espacial, son encontradas en Casa Vila Matilde, también ubicada en São Paulo. Ésta, debido a su largo periodo de desarrollo —los arquitectos fueron contratados por los clientes en 2011 y el termino de la obra sucedió en 2015—, puede ser considerada como obra anterior, y por lo tanto precursora. Con 4,8m de ancho y 25m de largo, el terreno ubicado en la zona este de la ciudad, barrio de clase media baja, es más chico y más estrecho, orillando a los arquitectos a optar por soluciones mas sintéticas: dos cuartos sobrepuestos al fondo, y un sólo patio de iluminación y ventilación. Sin embargo, hay semejanzas evidentes en la distribución espacial: los muros laterales en toda la extensión del terreno; las áreas de poca permanencia compactadas y alineadas junto al pasaje, colindado al patio y haciendo la conexión de las dos partes de la casa; el uso de la terraza superior como continuidad del área social en el piso inferior. Y, en el acabado, la misma sencillez, con los bloques de concreto y losas pre fabricadas aparentes, y las tuberías expuestas fijadas en las paredes. En ambas casas —Mipibu y Vila Matilde— las losas son hechas en paneles pre fabricados, solución adecuada a los espacios relativamente pequeños.
Se trata de una investigación en curso, en un proceso constante de verificación, experimentación y desarrollo, y puede ser constatada en dos proyectos mas recientes. La Casa Indianópolis, casi finalizada en el inicio del año 2020, ocupa un terreno de formato irregular, con 6,40m de ancho y 33,40m en la medidas más grandes. El esquema descrito se aplica con algunas variedades: el ancho un poco más generoso en la parte frontal posibilita una distancia más grande del pasillo en relación al tabique, sobrando 1,60m para la acomodación de los baños y escalera en la planta baja, generosidad recompensada con un jardín pegado al acceso para el segundo piso; la losa de entrepiso sin acceso para uso social es compensada por el amplio balcón sobre la losa de cubierta del pasillo y el cobertizo que ocupa el fondo del terreno irregular. En lo demás, todo es muy parecido, un único patio iluminando y ventilando los dos cuartos en la planta baja, y el área social y cocina en el primer piso. Los bloques de concreto aparentes y las tuberías expuestas consagran el espécimen como parte de la familia.
El segundo proyecto más reciente, aún sin empezar las obras, es la Casa Cruzeiro, que ocupará un terreno un poco más grande que lo anteriores, con 7,87m de ancho y 23,83m de largo. La casa se resuelve con edificios autónomos unidos a los muros laterales divisores, articulados por un pasaje junto a la pared lateral derecha, con las losas del primer piso y terraza con acceso por dos escaleras sobrepuestas de único tiro, ubicada en el sentido longitudinal, al lado del pasaje. En el edificio de entrada, en el primer piso, se ubica la cocina y el área social en un espacio unificado, iluminados por el frente y por el patio; en el edificio posterior, el ancho permite que los dos cuartos sean posicionados lado a lado, pero con las ventanas mirando hacia el fondo. Toda la planta baja es destinada al jardín y al garaje.
La Casa Mipibu y los otros tres proyectos residenciales mencionados conforman una serie tipológica en lo que se refiere a la espacialidad. Sin embargo, sus cuestiones técnicas sugieren una adhesión a la tradición artesanal, al menos como es entendida por Richard Sennett en su libro El artesano. Según el sociólogo y historiador norte americano, el artesano se involucra en su oficio por el simple placer en desarrollar un trabajo bien hecho, movido por la responsabilidad de ofrecer a la sociedad el mejor resultado posible. La ética y la moral van de la mano, ya que el trabajo individual es siempre parte de la actividad colectiva orientada a la construcción del bien estar común. Según Sennett, el trabajo cotidiano se caracteriza por la repetición constante y por el ir y venir ininterrumpidamente de hacer y reflexionar. Al contrario del sentido común, que destaca el firme apego a la tradición, el artesano encuentra en el experimento una apertura constante para la innovación. Es entre la repetición y la innovación que él se convierte en maestro:
Este conocimiento que nace del hacer contradice la línea romántica de la arquitectura imperante en el siglo XX, que apuesta por la libertad total de expresión, por la creatividad incesante y el mito del nuevo radical. Al contrario, él no es nuevo, no busca ser diferente en cada proyecto producido, se contenta en obtener pequeñas ganancias a cada paso, repitiendo y reflexionando en cada trabajo. Fundamentalmente se trata de trabajo practico, de construcción. Es ahí, y no en los bocetos o en el memorial del proyecto, que sucede la operación real del hacer y pensar, como podemos verificar en las ‘notas’ presentes en los planos ejecutivos del despacho, donde evidencian que las dudas se resuelven en la obra: “cualquier nota indicada esta sujeta a confirmación en la obra”; “los cuantitativos son valores de referencia, deben ser verificados en la obra para confirmación.”
Dicho procedimiento puede ser entendido y evaluado a partir de la antigua tradición aristotélica. Originalmente, las proporciones de Aristóteles acerca del desarrollo y perfeccionamiento interno del arte se orientan con más especificidad al género teatral —“el avance de la tragedia fue lento, a través de su transformación y luego de superar etapas en cada paso. Sólo después de una larga serie de cambios el movimiento de la tragedia se detuvo al alcanzar su forma natural”—, pero a lo largo de los siglos fue siendo apropiada por las diversas artes y críticas, incluso en el universo particular de la arquitectura. Philip Bess, por ejemplo, en un artículo de 1984, afirma que “la metodología aristotélica es inductiva: al mismo tiempo racional y altamente empírica, parte de la experiencia cotidiana y extrae conclusiones provisorias, que pueden modificarse a la medida en que otras informaciones se vuelvan disponibles.”
En los ejemplos anteriores se puede percibir la misma preocupación con el ahorro, la apropiación y —sobretodo— con el buen trabajo observado en los proyectos de Terra y Tuma. Sin embargo, la constatación de las referencias no impide la verificación de contribuciones particulares que, en su repetición y desarrollo, conceden autoría de una particularidad. Los propietarios de la Casa Mipibu —que puede ser considerada, hasta el momento, la que cataliza las mejores calidades desarrolladas por la serie— querían vivir en una “bodega con características de fabrica” y encontraron a los arquitectos en una búsqueda por internet. Las obras disponibles en la pagina web de Terra y Tuma se condensan en un claro conocimiento que agradó inmediatamente a la pareja. Las características materiales, tipológicas y ambientales identificadas en la serie de casas definían la manera aspirada de vivir.
El hecho de que sea al mismo tiempo copia y diferencia sugiere un alejamiento de la tradición, como podemos observar en la teoría do Novo presentada por Haroldo de Campos. Según el critico literario, algunas obras importantes son hibridas, amalgamadas, contrastantes, ya que traen en sí múltiples referencias a obras fuertes anteriores. Ellas hacen parte del “movimiento plagiotrópico de la literatura”, especie de “ramificación oblicua, como en botánica se nombra a la expansión de ciertas plantas.” La copia y el saqueo son parte del proceso creativo: “¿entonces mi Mifestófeles entona una canción de Shakespeare? ¿Y por qué no lo podría hacer? ¿Por qué debería preocuparme en encontrar algo propio, cuando la canción de Shakespeare era maravillosa y decía exactamente lo que se necesitaba?”, confiesa Goethe —según Campos— al ser acusado de plagio por Byron.