2 abril, 2021

Tenochtitlán y el apocalipsis. Conversación con Kevin Cuevas

por Christian Mendoza

El dibujo y la ilustración son también herramientas tanto de representación como de reflexión arquitectónica. Los colectivos Archigram o Superstudio, o las estructuras imaginadas por Lebbeus Woods son imágenes que ayudan a pensar la arquitectura y las ciudades. También son algunas de las influencias para Kevin Cuevas, ilustrador y arquitecto mexicano, cuyo proyecto Apocalipsis, por favor tiene como tema central cómo habitamos una ciudad como un paisaje construido, pero también como un sitio donde ocurre el desastre. “Esta tradición de representaciones gráficas, en vez de preguntarse el por qué de las cosas, muchas veces se preguntan por qué no”, dijo en entrevista con Arquine.

“Eso abre muchas puertas para imaginar, algo que nos cuesta más trabajo. Es muy difícil ver un futuro que no sea desastroso. Es cierto que nos cuesta menos trabajo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Es más importante que nunca redescubrir nuestra capacidad de imaginar otros futuros, más allá del que nos prometen. El proyecto de Apocalipsis, por favor es una exploración de la experiencia de habitar esos espacios de la ciudad, más allá de lo que se ve.”

El diseño de las ciudades podría pensarse también como la historia de las utopías o, en su defecto, las distopías. También es un campo donde la ficción y la realidad se transforman en espacios físicos. Del futurismo a Tlatelolco, estrategias urbanas se han implementado en la misma medida que ideas sobre el progreso.

“Las cuestiones que se preguntaban en Archigram o Superstudio respondían a un contexto distinto al nuestro. A ellos les encantaban las megastructuras. Todavía son demasiado futuristas y por eso son distópicos. Creo que hablaban más sobre potenciar formas de pensar la ciudad que de cambiar las ya existentes. Hoy, el contexto es diferente. Ya las megaestructuras no nos fascinan, la idea de progreso es otra, no confiamos tanto en tecnologías. La cuestión es preguntarse qué podemos imaginar”.

En la práctica de Kevin Cuevas, la Ciudad de México es el punto de partida:

“¿Cómo hacer arquitectura para una ciudad que vive del desastre o que, en el imaginario, está muy relacionada con el desastre? Creo que se deben buscar los lugares que un arquitecto no voltearía a ver. Por eso, me gusta el concepto de Apocalipsis. Coloquialmente, se le da el significado de catástrofe. Pero su significado etimológico viene de otro lado, y quiere decir simplemente develar algo que ya estaba ahí pero que tal vez no veíamos. Trato de buscar símbolos que se ocultan en los edificios a través de los dibujos o de los collages. Son más ideas que representaciones visuales. Se trata de encontrar en esos lugares aspectos que nos permitan imaginar otro futuro. Más allá de la tecnología, la velocidad o el futurismo, hoy, en el siglo XXI, cuando todos estos valores no nos fascinan, ¿cómo imaginamos ahora la ciudad?” 

A veces, el desbordamiento de la Ciudad de México se estudia y se piensa desde el tono de un relato distópico. ¿Cómo imaginar una ciudad cuya realidad tiene esos tintes?  ¿Se trata de mirar al desastre con una mirada reprobatoria, o de preguntarse qué potencial tiene?

“Creo que se debe explorar el mismo desastre porque ahí mismo hay respuesta. No todo el desastre es malo, el mismo desastre revela cosas que no ves porque las consideras malas. Justo los lugares que los arquitectos no vemos son justamente aquellos que son los más desastrosos que te podrías imaginar. La ciudad desborda este tipo de desastre y se vuelve más una experiencia que algo físico. No es tanto la ruina y el edificio cayéndose: es más cómo funciona, las actividades que ocurren en las calles y lo que te encuentras en éstas. Pienso en los lugares que están afuera del metro o en un tianguis. Físicamente, también se pueden localizar en mapas lugares más apocalípticos que otros y todos tienen algo que vale la pena. Tampoco quiero ser un voyeurista, pero creo que a veces busco hacer una bitácora de estos sitios. Ya que tienes esa bitácora, tal vez sea bueno preguntarse qué hacemos con esto. Si esta es la ciudad que tenemos, tal vez así la podemos habitar sin que por ello sea indigno habitarla. El desastre tiene potencial.”

Al respecto, Cuevas prosigue:

“La ciudad es este lugar de negociación de lo físico, pero también de derechos. Es un lugar político de origen. Creo que ahí está el conflicto: es algo político porque se trata de quién domina al otro o de qué idea domina a la otra, y de mayoría a la otra. Pero la ciudad permite que las minorías y las mayorías estén en el mismo lugar de manera casi perfecta. Puedes encontrar puestos ambulantes muy cerca de Mazaryk, en Polanco. Eso es lo que me encanta de esta ciudad y  no es bien visto. Los arquitectos se preocupan no sé si por estudiarlo o por tratar de evitarlo. Yo creo que no se trata de buscar soluciones sino entender qué te da esa interacción entre un puesto ambulante y una avenida principal.”

Las ilustraciones, las fotografías de obra o incluso los renders suelen retratar a una arquitectura ajena a la ciudad en la que se encuentra. Ya que la representación visual es discurso y reflexión, ¿qué críticas pueden surgir sobre estas maneras de capturar gráficamente sitios en los que se viven?

“La arquitectura nunca es lo que debería ser. La arquitectura tendría que entrometerse más en las cosas que ocurren dentro de ella. Creo que la arquitectura es lo que ocurre en esos espacios y no el muro o el diseño. Creo que un ejemplo de esto es el grafiti. El grafiti es algo muy representativo de la ciudad, aunque está mal visto por casi todos y se quiere borrar en cuanto aparece o encontrar una manera en la que no vuelva a aparecer. Pero muchas veces, si no estuviera ese muro y hubiera una ventana; si hubiera infraestructura que permitiera que todos le pusiéramos más atención al espacio público, el grafiti no hubiera aparecido. Pero el grafiti llegó porque antes hubo una barda. En la Alcaldía Benito Juárez se tiene una pelea constante con los negocios de comida que se ponen en las calles, y siempre se colocan donde hay bardas. Encuentran justamente ese lugar para instalarse y esa es una respuesta misma de la ciudad: es la ciudad actuando. Parece que nos gusta ir en contra de eso.  Y cuando se busca evitar esa respuesta, en realidad se está negando la ciudad”.

La portada del número 95 de Arquine, dedicada a los 500 años de la caída de Tenochtitlán y del surgimiento de lo que ahora nombramos como la Ciudad de México, está firmada por Kevin Cuevas. Se trata de un collage intervenido a partir de un mapa de Tomás Filsinger. En el centro, está Tenochtitlán, lo que era una ciudad lacustre, rodeada por aquella mancha urbana que continúa creciendo. El imperio coexiste con una ciudad. Sobre este evento urbano, Cuevas reflexiona:

“Toda la historia de la Ciudad de México, así sea mitad fantástica y mitad cierta, es muy apocalíptica. Es una ciudad que se ha destruido para dejar renacer otra cosa  no sólo hace 500 años sino muchas veces. Sin embargo, la ciudad está ahí en su esencia: hay cosas que no se transforman. La ciudad ya se ha imaginado, pero a mí me interesaba buscar una imagen que hiciera a la gente preguntarse cosas. En esta imagen, mezclo las dos ciudades: Tenochtitlán y la Ciudad de México. En alguna charla que hubo sobre Mario Pani hablaron sobre él y sobre su figura en el terremoto de 1985. Me parece que un año después del terremoto le dieron un premio. Pani dio un discurso cuando ya no era la misma persona que hizo Tlatelolco. Ya casi no construía. Él mismo tuvo su propio apocalipsis. En ese discurso, Pani empezó a hablar de la ciudad lacustre, aceptando un poco que se equivocó, pero mencionando que tuvo más culpa Hernán Cortés. Si él hubiera construido la ciudad en la zona volcánica y no sobre un lago, podríamos ver el lago desde nuestras casas. Después de escuchar eso, hice el collage.”

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