20 febrero, 2020

Temporal vs. efímero

por Oscar Aceves Alvarez | @oscar_aceves

En el pasado Jams No. 22 “Toda arquitectura es efímera”, Anna Adriá cuestionaba al público e invitados presentes sobre las oportunidades que una obra cuya duración es acotada puede aportar al debate disciplinar contemporáneo. Si bien este tipo de proyectos puede ser utilizado para poner en crisis desde condiciones inherentes al propio objeto —forma, espacio o materialidad— hasta otras variables ajenas a él —mercado, sociedad, política o sostenibilidad—, pareciera que por antonomasia sus cualidades temporales y/o efímeras son las que debieran ponerse a prueba. Pero ante todo hay que saber diferenciar lo temporal de lo efímero; si bien son términos utilizados frecuentemente como sinónimos no lo son de manera absoluta, y por ende poner en crisis la temporalidad difiere claramente de hacer lo propio con la efimeridad de un objeto, una obra o un edificio. 

Si estamos conscientes que cualquier construcción que realice la humanidad, por mas que supere con creces la vida de sus realizadores, no perdurará por siempre, al referirnos a una obra temporal hacemos alusión a que su tiempo “útil” está condicionado desde un principio. Este periodo puede ser definido por el autor, por el cliente o por la sociedad que le rodea; pero ¿puede la temporalidad ser establecida por el propio objeto?, o para este caso, ¿cómo podría el propio objeto poner en crisis nuestra concepción de temporalidad? Sobre esto trataba E-cosecha, una instalación realizada por el grupo colombiano Oficina Informal en el Museo de Arte Moderno de Medellín —mamm— en 2009 en la cual a partir de una cantidad finita de bolsos biodegradables (30x30x40 cm.) se conformaron asientos, mesas, separaciones y podios en el interior del museo para propiciar la realización de conferencias, conciertos y talleres. Cada bolsa se encontraba rellena con distintas semillas de especies de arbustos y de cascarilla de arroz, un desperdicio industrial liviano y orgánico que le da forma y estructura durante su uso. Mas allá de que el evento tuviera una duración establecida dentro de la programación del mamm, la propia intervención determinó la temporalidad de esta pues se instaba al público a llevarse después de cada jornada la bolsa con la especie de arbusto que desease plantar, dándose por concluidas las actividades una vez que E-cosecha fuera desmantelada por su propio uso. Aquí, la temporalidad estuvo condicionada por el uso de la propia intervención.

E-cosecha. Oficina Informal. Fotografía: Federico Ruiz. Fuente: http://yemailarquitectura.co/

En el caso de lo efímero también está implícita la noción de temporalidad, sin embargo, el término está asociado más en concreto al momento preciso en que algo pierde su condición de uso. Más allá de que los implicados en una obra determinen el status de la misma, ¿cómo puede el propio objeto dejar en evidencia el momento en que deja de ser “útil”? Pero en este caso no nos referimos a un cambio del uso original de un objeto por otro diferente —como supondría el término de inoperatividad propuesto por Camilo Boano—, sino más bien a una anulación de este. Esta coyuntura fue abordada, de manera sorpresiva pero premeditada, en la intervención temporal que realizó el artista chileno Alfredo Jaar en la localidad sueca de Skoghall en el año 2000. Al recibir el encargo, a Jaar le llamó la atención que la comunidad no contara con equipamientos culturales, razón por la cual su propuesta consistió en realizar una pequeña galería. Lo particular de la propuesta para The Skoghall Konsthall, además de ser temporal, es que la obra fue construida en base a papel y bastidores de madera, lo cual la vinculaba estrechamente con la comunidad pues la empresa papelera Skoghall Mill era la principal empleadora de la localidad —de hecho, la empresa proporcionó el papel para la realización de la galería. La inauguración convocó a toda la comunidad y durante todo el día la asistencia fue masiva; pero exactamente 24 horas después de su apertura fue consumida —de manera planificada y segura— por el fuego. Después de varias horas y bajo la mirada de la comunidad la galería finalmente se convirtió en cenizas, haciendo visible, según las intenciones de Jaar, el vacío en que viviríamos si no hubiera arte. Aquí, la combustión dejó en evidencia lo efímero de la intervención. 

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