9 abril, 2014

Silicon Valley

por Mariana Narváez Medina

Durante muchos años, Silicon Valley se ha caracterizado por ser el catalizador de los avances tecnológicos que han cambiado al mundo. En ese remoto rincón de California, visionarios como Steve Jobs contribuyeron a modificar la concepción de modernidad desde los austeros garages de sus casas. Ahora, año tras año, los modelos más poderosos y emblemáticos de la computación son lanzados al mercado por estos enigmáticos genios de la informática.

Pero es sólo hasta ahora, que dichos genios parecen haberse dado cuenta del potencial que sus compañías tienen para desarrollar sus marcas, no sólo a través de sus productos, sino a través de sus espacios. Hoy en día, una nueva revolución arquitectónica emerge al sur de la Bahía de San Francisco, iniciada, ni más ni menos, que por las mismas compañías responsables de transformar radicalmente el presente y el futuro de las ciencias electrónicas: Apple, Facebook, Google.

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Localizado en la parte sur de la península de San Francisco, en el Valle de Santa Clara, Silicon Valley comprende varios condados como Cupertino, Mountain View, Palo Alto y Menlo Park, por nombrar algunos de las más conocidos. A principios del Siglo XX, la región estaba dominada por la agricultura y debía su popularidad a las frutas cosechadas en sus huertos. Debido a la fuerte presencia de la Marina en el puerto de San Francisco, las áreas circundantes se convirtieron en centros de desarrollo de tecnologías aéreas y de comunicación.

La historia de Silicon Valley como la meca tecnológica que es hoy en día, comenzó a desarrollarse a finales de los años treinta, cuando William Hewlett y David Packard fundaron Hewlett-Packard Co., en su cochera en Palo Alto, convirtiendo esta estructura en un ícono, listado en el Registro Nacional de Lugares Históricos de Estados Unidos, y en la cuna de la tecnología y la pieza de bienes raíces más famosa de la legendaria empresa HP.

A principios de los años cincuenta, la Universidad de Stanford fundó su Parque de Investigación en Palo Alto, creando una nueva tipología de campus tecnológico y anticipando la futura configuración urbana de Silicon Valley. Entre los primeros inquilinos atraídos al nuevo parque industrial se encontraba Varian Associates, seguidos por Hewlett-Packard, General Electric y Lockheed.

A diferencia de otros centros o distritos tecnológicos, el nuevo parque de investigación, cuyo único propósito era el de la innovación en las ciencias, promovía la colaboración entre entidades universitarias, gubernamentales y privadas. Sus edificios, completamente banales y extremadamente flexibles y económicos, se disponían a desaparecer para permitir a investigadores y científicos dedicarse a desarrollar el conocimiento. Durante las décadas siguientes, el establecimiento de otros laboratorios de investigación, como el de IBM en San José y PARC (Palo Alto Research Center Incorporated) de Xerox, ayudaron a reafirmar a Silicon Valley como el centro tecnológico de la Costa Oeste, a lo cual contribuyó su proximidad con Universidades como Stanford y Berkeley, así como sus aportaciones a los avances en la tecnología de la información y el desarrollo de hardware.

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Pero más allá del fantástico torbellino de invención e innovación que se ha desarrollado en la región, hoy en día, Silicon Valley es un típico suburbio americano, decepcionantemente anticlimático. Plagado de parques industriales y complejos de oficinas ordinarios, la zona se caracteriza por una clara falta de diseño urbano y por un completo vacío en cuanto a sentido de ciudad.

Existen varias teorías en cuanto a cuál ha sido la principal razón por la que Silicon Valley no se había preocupado mucho por el aspecto de sus oficinas o por la imagen que éstas dan a sus clientes o a sus mismos empleados. La primera y más lógica apunta a que, cuando las compañías que comenzaron como pequeños laboratorios crecieron, buscaron y se instalaron en los parques industriales que el mercado local ofrecía. En sus inicios, muchas de estas empresas no tenían una noción clara de su futuro, por lo que buscaban espacios comerciales lo más barato posible que ofrecieran máxima flexibilidad, tanto para expandirse como para contraerse de ser necesario. Esta filosofía alimentó una cultura corporativa de espacios económicos y sin ostentaciones. Lo importante era lo que sucedía en los laboratorios, no el aspecto de los mismos.

Con el tiempo, la personalidad de las empresas tecnológicas ha evolucionado y actualmente se caracterizan por poner todos sus esfuerzos en atraer – y mantener – al mejor talento del mundo. Uno de los recursos para lograrlo es ofrecer a programadores, ingenieros y científicos las mayores comodidades posibles a cambio de sus brillantes ideas, lo que ha convertido sus campus en micro-ciudades, con atenciones 24/7 dentro de un mismo entorno. No hace falta dejar el edificio para comer, socializar, relajarse, hacer ejercicio o llevar a cabo proyectos personales. Este fenómeno ha creado experiencias aisladas y ha acrecentado la falta de actividades fuera del complejo que estimulen el espíritu urbano. Parte del problema es que la mayoría de las personas que trabajan en estas compañías no vive en el Valle, sino que se traslada diariamente desde San Francisco, una ciudad que ofrece todas las ventajas de la vida cosmopolita y cultural que es difícil encontrar en Santa Clara.

Para hacer el problema urbano aún más complicado, las compañías tecnológicas son entidades altamente secretistas, con estrictos acuerdos de confidencialidad y una estructura herméticamente cerrada hacia el exterior. Los campus tecnológicos actuales niegan a la ciudad.

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Sin embargo, después de décadas de falta de atención, los gigantes comenzaron a tomar conciencia de la necesidad de reflejar su esencia a través de sus edificios y de convertirlos en íconos globales de sus valores. Indiscutiblemente, Apple comprendió y expresó esta oportunidad al establecer que el diseño importa y asegurarse de que este mensaje quedara plasmado en la arquitectura de todos sus espacios comerciales. Llevando esta idea al siguiente nivel, Steve Jobs alteró para siempre el statu quo, una vez más, al develar en 2011 el nuevo campus de Apple en Cupertino, diseñado por Foster + Partners. Con 3 millones de pies cuadrados, el nuevo campus, ultramoderno y ultrasustentable, albergará a 12,000 trabajadores en un edificio circular de cuatro niveles de aproximadamente una milla de circunferencia. Al contener el campus dentro de un solo edificio, el 80% del sitio de 176 acres es liberado y restituido al  paisaje natural de California. Al crear un parque interior al centro de la “nave espacial”  – como el mismo Jobs la llamó al presentarla al Consejo de la Ciudad – el proyecto hace referencia a la configuración del atrio de Stanford y a los huertos de chabacanos que un día cubrieron la región. El campus está planeado para finalizar la construcción en 2016.

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El efecto que se ha desatado parece ser interminable. En 2012, Facebook anunció su propia expansión al dar a conocer el proyecto para un nuevo campus de 433,555 pies cuadrados, diseñado por Frank Ghery. Basado en el principio de que la interacción lleva a la innovación, la filosofía de Mark Zuckerberg es la de “todos en un mismo espacio”. El proyecto está configurado como un gran edificio rectangular de planta libre cuyos muros inclinados contendrán hileras curvilíneas de escritorios y espacios de reunión agrupados en racimos a todo lo largo. El edificio podrá ser recorrido de punta a punta sin pasar por ninguna puerta. Por medio de una rampa, los 2,800 ingenieros que trabajarán en el campus, tendrán acceso a un techo verde sembrado de pasto, árboles y vegetales que además ayudará a disminuir la carga solar de forma pasiva. El proyecto, que recibió aprobación para ser construido por parte del Consejo de la Ciudad de Menlo Park, está planeado para completarse en 2015.

El fabricante de gráficos de computadora, NVIDIA, también decidió expandir sus oficinas al comisionar, en 2013, a Gensler con dos edificios triangulares de 500,000 pies cuadrados cada uno – inspirados por la forma del módulo básico de los gráficos de video juegos. Como bien habían reconocido sus contrapartes, estos edificios, originalmente planeados en dos fases, servirían como símbolo y manifestación física de la visión que la compañía tiene de sí misma. De forma inesperada, el proyecto fue detenido temporalmente a principios de 2014.

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En respuesta a la feroz rivalidad con Apple –cuyo campus había sido noticia no sólo dentro de la comunidad tecnológica sino de la arquitectónica desde su anuncio– NBBJ comenzó a trabajar en un nuevo proyecto de 680,000 pies cuadrados para Samsung al norte de San José. La estructura de 10 niveles está compuesta, esencialmente, de bloques de dos pisos apilados unos sobre otros con techos verdes intermedios que ofrecerán oportunidades de recreación e interacción al aire libre y se convertirá en unos de los edificios más altos del nuevo Silicon Valley.

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Rodeado de misterio y especulación, en 2013 Google admitió sus planes para construir un nuevo mega-complejo en Mountain View llamado Bay View. El nuevo proyecto, también diseñado por NBBJ, comprende nueve edificios en forma de rectángulos curveados con un total de 1.1 millones de pies cuadrados. Para muchos, la elección de esta firma resultó poco arriesgada y el proyecto que produjo, más o menos convencional. Sin embargo, todas las decisiones de diseño estuvieron basadas en estudios realizados por el mismo Google para calcular las preferencias de sus empleados y maximizar productividad. El lineamiento principal era el de asegurarse de que ningún empleado estuviera a más de dos minutos y medio de otro, creando encuentros inesperados y, por lo tanto, aumentando las oportunidades para concebir ideas colaborativamente. El proyecto permanece en el limbo después de que Google anunciara el retraso de la construcción para refinar el diseño arquitectónico.

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Las nuevas ambiciones arquitectónicas no sólo están revolucionando los notorios macroproyectos suburbanos en el Valle de Santa Clara, sino que se han extendido al diseño de interiores de los espacios de oficinas en San Francisco, que combinan áreas de trabajo, recreación y hospitalidad, lúdicas y coloridas. Con plantas muy grandes, totalmente abiertas, cada vez parece haber menos interés por tener oficinas privadas. Bajo estas reglas, tanto los espacios como el mobiliario deben ser reconfigurables, móviles y flexibles.

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Durante años, las oficinas de Google alrededor del mundo se han caracterizado por parecerse más a pequeños centros de entretenimiento que a espacios serios de trabajo — múltiples cafeterías, mesas de billar, salas de conferencia temáticas… El día de hoy, los espacios de trabajo en San Francisco han dejado muy atrás el concepto tradicional de “oficina” y el nuevo estilo de los startups ha dejado de ser la excepción para convertirse más bien en la regla.

Estos fenómenos han creado una reacción en cadena que afecta a San Francisco de manera directa: la oferta y la demanda de unidades de vivienda ha convertido a SF en la ciudad más cara de los Estados Unidos, sobrepasando a Nueva York, Chicago o Los Angeles. Muchas preguntas quedan: ¿Cuál es el futuro de Silicon Valley? ¿Cómo se desarrollará esta relación simbiótica entre San Francisco y el Valle de Santa Clara ¿Llegará a estallar la burbuja?

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