5 noviembre, 2019

Si no escuchan, gritan las calles

por Rosalba González Loyde | @LaManchaGris_

Imagen de Twitter. Fotografía de una de las entradas de la estación Baquedano del Metro de Santiago, ha habido denuncias sobre torturas y detenciones al interior de la estación.

 

Chile no es una estatua sino un ser vivo: camina, tropieza, se levanta, avanza tres pasos y retrocede uno y medio, uno, medio; acelera el tranco y agarra velocidad, y en ese proceso nos deja a veces con mareo de altura. Y vuelta a tratar de entender.

Contardo, 2008

Siempre que preguntan sobre Santiago he de comenzar mi descripción con alusión al orden y a la pulcritud; son los mismos chilenos quienes también hacen descripciones de ese tipo al referirse a su capital: “se parece a las ciudades europeas”, escuché de unos colegas chilenos. En efecto, comparada con otras capitales latinoamericanas, Santiago es limpia y ordenada. Si bien hay comercio ambulante en algunas zonas no es lo común y uno encontrará con dificultad comida en la calle y comercios abiertos los domingos. Acá Rodrigo Díaz, chileno radicado en la Ciudad de México, lo describe a la perfección:

Mientras la urbe latinoamericana trata de brillar a partir de sus mercados, centros históricos, barrios típicos, carnavales y fiestas, Santiago se enorgullece de sus líneas de Metro, de sus plantas de tratamiento de agua, de sus sistemas de limpieza de calles, de su ausencia de asentamientos irregulares[1]

.

Todo comenzó con unos escolares saltando los torniquetes del Metro de la ciudad de Santiago. Uno de los Metros más eficientes e impecables de América Latina y también uno de los más costosos. La pequeña protesta se daba en el marco de un aumento en el costo del Metro, que en la actual administración de Sebastián Piñera representaba la tercera subida de precio desde su llegada en marzo de 2018.

En medio de las todavía incipientes quejas, el Ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, “sugirió” a la gente levantarse más temprano para aprovechar la tarifa de menor costo que rige en horarios valle, en los que hay menos flujo de gente: “Se ha abierto un espacio para que quien madrugue puede ser ayudado a través de una tarifa más baja”[2]

Sus declaraciones despertaron la indignación y las quejas subieron de tono. El Ministro no se había percatado que sus declaraciones estaban, por decir lo menos, fuera de lugar.

Estudiantes se organizaron vía redes sociales para realizar evasiones masivas en el Metro, como respuesta al alza en el servicio. En este contexto, el ex presidente del directorio del Metro, Clemente Pérez, fue entrevistado en su calidad de experto para hablar de las protestas y vaticinó que las protestas se acabarían pronto, porque no reflejaban el sentir de la ciudadanía: “cabros, esto no prendió. No son más choros. No se han ganado el apoyo de la población…”[3] , decía el 16 de octubre en el noticiero 24 Horas. Dos días más tarde las evasiones ya habían escalado, las autoridades habían tenido que cesar oparaciones en el Metro para contener las protestas.

Para el 18 de octubre las manifestaciones, las mismas que “no habían prendido”, ya estaban siendo replicadas en otras ciudades chilenas y obligaban al presidente a declarar Estado de Emergencia, y con éste, el toque de queda en varias ciudades del país. El fantasma de la dictadura salió a las calles.

En su primera aparición pública en el escenario de las manifestaciones, el presidente de Chile agradeció a carabineros y bomberos por defender el Estado de Derecho y llamó a “los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse contra la violencia”. Piñera continuó hablándole a un ente que claramente no estaba en las calles, siguió hablándole al chileno “promedio”, ese que era el resultado de los datos macroeconómicos que refieren la estabilidad y el crecimiento del país sudamericano, al chileno “promedio” de los datos de la OCDE que es de clase media y que dice que es muy probable que suba de estrato socioeconómico en la siguiente generación. 

Sin embargo, el chileno promedio de los datos macroeconómicos de los que hablan las gráficas es uno de papel. Sí, es verdad que en términos macro la economía chilena iba viento en popa, pero el sistema que había sido instaurado todavía en dictadura de la mano de los Chicago boys era inequitativamente redistributivo, es decir, aquellos de los estratos más altos podían verse mayormente beneficiados, mientras que aquellos de los estratos más bajos eran fuertamente impactados y la clase media quedaba en una especie de sube y baja, con una incertidumbre permanente sobre su estadía en el estrato social que su nacionalidad [4] le había designado.

Imagen tomada del Instagram del estudio audiovisual Delight Lab que ha realizado proyecciones en el edificio de Telefónica Movistar en Plaza Italia, Santiago.

 

“Sabíamos que había desigualdad, pero no sabíamos que les molestaba tanto.” 

Esa clase media era la que estaba al borde del cansancio, el sube y baja había estado subiendo muy poco y tirando más hacia abajo, la incertidumbre comenzó a hacer eco en otras voces, y fue entonces que se abrió una oportunidad para mostrar a punta de cacerolazos y pintas en las paredes lo que estaba pasando: la ciudadanía salió a las calles a decir lo que los otros no habían querido ver ni escuchar.

Las calles limpias y ordenadas de Santiago se convirtieron en el lienzo de la protesta. El espacio público se convirtió en el lugar para hacerse eco; luego de años de invisibilización estaban ahí pidiendo ser mirados, dejando marcas en las paredes, caminando en las calles, cantando desde sus balcones, gritando que la desigualdad sí les está molestando y que van a estar ahí “hasta que la dignidad se haga costumbre”.

 

[1] “Habla ciudad: Santiago”, Arquine, Rodrigo Díaz, 19 de mayo de 2014, http://bit.ly/2WhVsI4.

[2] “Fontaine y nueva tarifa de Metro: ‘Quien madrugue puede ser ayudado a través de una tarifa más baja’”, entrevista al Ministro de Economía, en CNN-Chile, 7 de octubre de 2019, http://bit.ly/2q0eQ0k.

[3] “Clemente Pérez por evasiones masivas en el Metro: «Es una protesta más bien tonta»”, en 24 Horas-Chile, 16 de octubre de 2019, http://bit.ly/2BMrjqT.

[4] Diversas mediciones aseguran que entre el 60 y 80% de la población chilena considera que pertenece a la clase media, incluso en varias ocasiones Sebastián Piñera ha declarado que él es un “hombre de clase media”, sin embargo, el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile tiene otros datos.

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