27 junio, 2019

Sesión efímera | El límite de lo efímero

por Arquine | @arquine

 

Extracto de la mesa de diálogo entre Víctor Alcérreca, Isabel Martínez Abascal, Alberto Odériz y Paco Pérez Valencia.

VÍCTOR ALCÉRRECA [VA]: Estamos aquí entre gente que se dedica o a producir arquitectura efímera, a enseñar y dialogar con otros sobre ella y yo lo que quería abordar como introducción, saltándonos las presentaciones es cuestionar este título con el que nos invitaron, el límite. Estamos muy dados a ponerle límites a las cosas para tratar de definirlas. Y justo en este tema de la Arquitectura Efímera, estamos en un territorio que es más bien como un híbrido, indeterminado, un límite muy flexible entre arte, arquitectura, Instagram, mercadotecnia, mensaje que, creo que lo hace especialmente rico, especialmente emocionante.

¿Ustedes podrían confirmar que no estamos frente a algo que todavía podamos ponerle un límite y que si en eso encuentran alguna riqueza?

PACO PÉREZ VALENCIA [PPV]: Yo no soy arquitecto. Soy artista, y llevo muchos años de mi carrera profesional trabajando con y para arquitectos. Pero el territorio de lo efímero es algo que se me desdibuja considerablemente, creo que los verdaderos límites nos lo autoimponemos nosotros. Creo que el arquitecto, el creador, cuando crea no piensa en eso límites, esos límites los imponen otros, son criterios que llegan a lo mejor desde fuera.

El creador cuando mira solamente por sus entrañas, por su corazón, por su alma, no está atendiendo al rigor del poder, a lo que se espera de él, al resultado de su trabajo. Hace lo que el placer le demanda. Y creo que muchas veces nos faltan palabras, términos para saber un poco dónde y cómo es el escenario por el cual transitar. Desde mi punto de vista, el placer de crear es mucho más amplio y a veces tenemos un temor tremendo a sentir ese súper poder, de flanquearlo y llegar mucho más lejos. Los límites realmente están en los extremos del mundo, los límites están en tener el miedo a mirar a las estrellas y no tener el ansia y el alma de un moribundo para alcanzarla. Creo que muchas veces se nos escapa ese placer, creo que lo efímero está en nosotros.

 

ISABEL MARTÍNEZ ABASCAL [IMA]: Voy a retomar el miedo a mirar las estrellas. Estaba leyendo que cuando por fin se consigue fotografiar la Galaxia de Andrómeda a principios de siglo XX se define en la prensa como una masa de gas, no como una galaxia. En esa época, aceptar que había otra galaxia era casi una herejía porque significaba que el universo se extendía más allá del límite de lo que nos rodeaba a nosotros. Así que durante unos seis o siete años esa galaxia quedó menospreciada a nube de polvo y hasta que llegó Hubble, basándose en las observaciones de una astrónoma para decir: sí, realmente hay galaxias afuera de la nuestra y hay muchas. No tenemos certeza de lo que estamos mirando, pero es esa curiosidad de descubrir la que nos mueve.

ALBERTO ODÉRIZ [AO]: Intuía que la conversación podía ir sobre la transdisciplina, la ruptura de los límites. Justo reflexionando sobre el mismo concepto de arquitectura efímera creo que lo efímero define una temporalidad, algo que es un fragmento muy corto en el tiempo. Una de las características de la arquitectura es que la temporalidad no la define, puede existir arquitectura de cinco minutos o arquitectura de dos mil años. Hay arquitecturas que se consideran efímeras, que no son arquitecturas; porque la arquitectura como disciplina, tiene unos límites. ¿Dónde empieza una disciplina y acaba otra? Ninguna de esas variantes la está delimitando el tiempo.

VA ¿Intentar de definir la arquitectura? Parece que siempre tenemos esta ansiedad o casi neurosis de tratar de poner límite a lo que hacemos y de repente tenemos estas otras nebulosas mucho más definidas, mucho más emocionantes porque ni siquiera nos tenemos que preguntar exactamente dónde acaba, ¿No? y abre posibilidades mucho más emocionantes que a veces acaban alimentando a la galaxia que si conocemos, en este caso la galaxia de la arquitectura.

¿Cómo le ponemos rigor desde la crítica, desde la academia? Estamos frente a gente que trata de convocar a otros a que aprendan esto y supongo que en ese trabajo de convocar a otros debe haber un ejercicio de rigor, ¿Dónde está ese rigor, o dónde se encuentra ese rigor en algo que es todavía una galaxia tan joven y tan nebulosa? ¿Dónde lo ponen ustedes cuando lo diseñan, cuándo lo transmiten?, y también a los que les toca hacer crítica sobre esto. ¿Dónde podrían poner ese acento para decirse algo? ¿Está haciendo crecer o no el estado del arte en este tema?

PPV Llevo muchos años como profesional trabajando en el ámbito de la arquitectura no siendo arquitecto y como artista no he sentido nunca ese temor a las lindes, a los límites desconocidos, no he tenido la tentación de llegar a responder a esas preguntas de dónde acaba la arquitectura para nacer el arte o dónde nace una disciplina para que acabe la otra. Es un mundo más volátil y más congraciado, desde la misma disciplina de la vida. Si es cierto que el estudiante que nace desde una vocación, tiene que ir recibiendo: material, instrumental, tiene que saber cuáles son sus referentes, se tiene que dar a nuevos campos tecnológicos y de nuevo conocimiento, pero la gran pregunta que me hago es ¿Para qué sirve todo eso? Como persona vinculada al mundo de la comunicación llego a plantearme que el talento está muy bien si tienes sentido y vocación de vida. ¿Para qué sirve todo lo que estamos aprendiendo?

El hombre construye porque necesita crear un marco esencial para vivir, para hacerlo todo mucho más sereno, bello y posible. Para eso necesita muchas disciplinas, necesita abrir el campo a todos los territorios. La arquitectura debe mirar hacia adentro y mucho más lejos de lo que ha estado mirando hacia fuera. Tiene que mirar hacia lo humano, tiene que ser una disciplina absoluta y rigurosamente humanista, tiene que mirar hacia las personas, tiene que mirar hacia el talento expresivo, tiene que saber dibujar el mundo. Las piedras que ha colocado el hombre son efímeras, pero las piedras que ha colocado el mundo y la naturaleza siguen esculpiéndose por el viento. Creo que hay que ser humilde para mirar esa naturaleza y estar en sintonía con lo que está sucediendo. Debemos aprender a mirar con la transversalidad a muchos territorios, muchas disciplinas.

IMA Bien, justo creo que los que estamos hoy aquí de este lado, ninguno de nosotros estudio arquitectura efímera, quizá por eso no nos hemos preguntado tanto ¿qué es? Ahí viene la pregunta del rigor, ¿no? ¿Cómo hacer con rigor algo que no sabe lo que es? Bueno lo efímero obviamente es algo inalienable a la humanidad, pero todos somos conscientes de cómo nuestro tiempo se acelera en esta era cada vez más líquida, diría Zygmunt Bauman. Y lo efímero se vuelve una constante para bien y para mal, desde la idea de una ansiedad, una necesidad por estar siempre cambiando y consumiendo. Hablando desde un punto de vista más concreto, para los arquitectos jóvenes, lo efímero es una posibilidad de experimentar y ensayar sin, justamente, una mala interpretación del rigor de la arquitectura, sin que los otros sientan que estás haciendo algo tan riguroso, que no puede haber espacio para la equivocación. Efímero es toda la arquitectura porque toda es temporal y ya sea que dure cien, mil, cien mil años, esta evocada a deshacerse.

Pienso que en Europa y en Occidente por extensión, tenemos un entendimiento de la arquitectura como algo que debe permanecer original, la piedra que se puso en este templo romano, en tal fecha es la que tiene que estar ahí y si se va a reconstruir con otra piedra, la piedra debe notarse y saberse que es nueva. En Oriente es diferente, cada cinco o seis años repintan la Ciudad Prohibida en Beijín y les parece muy bien, les parece que tiene miles de años, solo que la pintan, porque se despinta. En realidad, lo que estamos discutiendo es un tema nominal.

AO Es la dificultad de acotar algo como la arquitectura efímera. Yo suelo usar, hablando del rigor, una especie de tabla comparativa de disciplinas que tienen que ver con la responsabilidad social que tienen esas disciplinas. Mi tiempo lo dedico casi a partes iguales al urbanismo y por otro lado al arte. Comparo la responsabilidad social que tienen una u otra con respecto a lo que hacen. En el urbanismo, la responsabilidad social es enorme. Cuando uno está diseñando una normativa urbana, una planeación, un sistema de movilidad, si lo hace mal, tendrá un impacto directo en la sociedad. En el otro extremo de lo que yo hago está el arte, que es absolutamente irresponsable: agarro una piedra, la tiro contra el muro, la firmo; y eso puede gustar o no, aceptarse como arte o no, pero no tiene un impacto sobre las cosas necesarias de la sociedad.

Hay otras disciplinas; entre ellas está la arquitectura que creo que está más cerca del urbanismo que del arte, pero tiene ciertas patitas. Cualquier arquitecto se permite trabajar con las formas y hay mucha creatividad y juego, en que las fronteras a veces hacen que se diluya la responsabilidad que tenemos. En el caso de la arquitectura efímera es más notorio porque normalmente esta no trabaja con un programa ni con una función social, y es ahí cuando a veces es arquitectura y otras veces es arte.

Cuando le encargas un proyecto de arquitectura efímera a un arquitecto, en seguida busca tener una cierta responsabilidad social: hacer una sombra, conectar dos espacios, solucionar una mala entrada…siempre tiende a resolver un problema. En cambio, cuando un artista hace una arquitectura efímera quiere transformar el espacio sin modificar las condiciones de la sociedad. Aquí podía verse el rigor o la manera de poder juzgar si estamos ante una arquitectura o una instalación artística, que juega con el significado de las cosas.

PPV El arte, cuando no se siente obligado, se convierte en un caballo salvaje. No debe deudas a nadie ni a nada, pero es maravilloso cuando ese caballo salvaje se puede unir a un grupo de otros caballos que saben transitar por la pradera. Creo que cuando el criterio salvaje del creador se puede juntar con la disciplina rigurosa surgen combinaciones extraordinarias. Combinaciones que todavía no tenemos ni la idea del alcance porque todavía no lo hemos puesto en calidad de experimentación. Es el miedo el que nos frena. Miedo a escuchar ese corazón salvaje. ¿Hasta dónde puede llegar este talento? El campo de la arquitectura efímera está todavía por amplificarse, por decir aquí estoy. Está todavía por hacerse. Las grandes preguntas de la arquitectura todavía no se han formulado. Es muy posible que estas preguntas surjan, no desde la arquitectura, sino desde la vida, precisamente por su carácter efímero.

Debo confesar que ver Notre Dame incendiado fue el más potente evento de arquitectura efímera. Ver a los arquitectos, urgentemente cuestionando cómo tenía que reconstruirse, me deja claro que tenemos una ansiedad de rehacerlo. Quizás Notre Dame se tendría que conservar un tiempo en ese estado de ruinas y dejar que sea un templo otra vez, por lo conmovedor y duro que es verlo así. Recordemos que Notre Dame es un templo y no un sitio turístico.Mi siguiente pregunta parte de ahí: ¿Tendríamos que movernos más en el mensaje, en el acontecimiento, en la experiencia? ¿Tenemos que estar interpretando piezas de arquitectura efímera, o simplemente debemos vivirlas como acontecimiento y experimentarlas?

VA Yo estoy aquí por una razón distinta, llevo quince años enseñando arquitectura y hace un año y medio me di cuenta que estaba agotado porque en los talleres de arquitectura nunca construíamos cosas. Le pedí a mi directora de carrera que me dejara proponer una sola materia, la de arquitectura efímera, donde los estudiantes tenían la tarea de terminar un proyecto construido 1 a 1, experimentarlo y registrar. Es un ejercicio que creo que todos los estudiantes de arquitectura deberían hacer ya que les permite experimentar el espacio.

IMA Los que hemos sido entrenados como arquitectos, disfrutamos pensando en una solución para un problema que todavía no ha llegado. Yo nunca me he sentido artista y es algo muy personal. Yo estoy muy cómoda sabiéndome arquitecta y desenvolviéndome a partir de ahí. Si algo dura más o menos en el tiempo, no es tan importante. Nunca nos enfrentamos a un proyecto pensando en cuanto durará.

En el proyecto que hicimos TO, Alberto y Lanza, tenía que durar dos días, y acabó durando dos semanas. Pero para nosotros, en concreto este pabellón (en Parque Lincoln), es una fuente atemporal inagotable de experiencia, de referencia, de reflexión… Estoy de acuerdo con Víctor en que es muy importante que las cosas pasen del plano de la ficción, del académico, del dibujo y la maqueta a cierta escala, al hecho construido. Es muy importante porque uno debe enfrentarse a cierto número de cosas fascinantes, pero también desafiantes como la materialidad, el peso de la estructura, los comentarios…eso sí es real, pero cuando algo ya ha sido, no importa cuánto tiempo ha sido.

Seguimos anclados en la idea del tiempo del siglo XX y no hemos dado el paso a entender que hoy en esta sociedad tan rápida y mediática de la hipercomunicación e hiperconexión, los viejos términos de tiempo ya no son válidos. Son obsoletos.

AO La temporalidad se repiensa, no sólo la arquitectura construye una función o un uso, sino que los usuarios, las circunstancias históricas, políticas…retomando el incendio de Notre Dame, la caída es un acto efímero y probablemente arquitectónico.

 


Las imágenes son algunos instantes de la presentación final del Posgrado Espacio efímero.

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Ingo Maurer (1932-2019)

Ingo Maurer (1932-2019) pensaba que “sin tomar riesgos, sin trabajar con objetos que no corresponden precisamente a una idea consolidada de belleza, nuestras ideas no se desarrollarán y la calidad estética de nuestro trabajo se deteriorará gradualmente. A veces, menos buen gusto es mejor gusto.”

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