17 febrero, 2020

Saliendo del desastre: el aeropuerto de Guadalajara

por Juan Palomar Verea

Al fin parece que habrá una tentativa de arreglar el desastroso estado que por años ha guardado el Aeropuerto de Guadalajara. Se anuncian millonarias inversiones y se esgrimen muy ambiciosos proyectos. Es para celebrarse, a reserva, claro, de que tan loables intenciones lleguen a cumplirse. La burra no era arisca.

A lo que se puede saber, el proyecto, a grandes rasgos, consiste en la construcción de la terminal 2, el remozamiento de la terminal actual, la edificación del edificio de llegadas nacionales, un inmenso estacionamiento, y la segunda pista de aterrizajes. Van algunos pareceres de un pasajero más. De entrada, lo más destacable es la autoría y contribución del edificio de llegadas nacionales de Andrés Casillas, Bosco Gutiérrez y Lucio Muniain. Y es que Guadalajara, occidente, merecen al fin una obra mayor realizada por quien es —en una humilde opinión— el mayor arquitecto vivo de este país, secundado en colaboración por otros dos meritorios profesionales. Para la región y para Guadalajara esto es una muy buena noticia.

Es esperable, y sería muy coherente, que el remozamiento de la actual terminal corriera a cargo del mismo equipo. Sin duda contribuiría a subsanar la desagradable y contraproducente mescolanza que hasta ahora ha prevalecido en el aeropuerto y así redondear la intervención. Al paso: bajo capas de plafones parece que subsiste en esta nave una losa de concreto plegadiza de la fina autoría de Eric Coufal. Habría entonces que integrarla al proyecto.

Sobre la Terminal 2. En los aeropuertos ha privado en muchos casos la frívola y un poco boba idea de que, como son aeropuertos, hay que utilizar entonces formas “voladoras”. Salvo Eero Saarinen casi todo mundo ha fracasado en esta tentativa. Los aeropuertos no deben ni pueden volar. Lo lógico y lo bonito es que los aviones vuelen y que los aeropuertos sean tierra firme. Y que así, con toda la funcionalidad y belleza posible, se edifiquen y expresen. Parece, por la información disponible, que la Terminal 2 intenta parecer que vuela.

Sobre el estacionamiento redondo y descomunal y gran negocio, que se contrapone por cierto a la existencia de un transporte público entre el aeropuerto y Guadalajara: es excesivo en todos sentidos. Se convierte aquí en el centro absoluto de la composición, como si el fin de tanto esfuerzo fueran los coches y no los aviones. Se encima con mucho perjuicio sobre las terminales y el pabellón de llegadas nacionales de Casillas/ Bosco/ Muniain, arruinando la buena disposición del conjunto. Quizás existan alternativas: hacerlo de cuatro pisos en vez de tres para así reducir su impacto y darle aire al espacio exterior del aeropuerto. Si no se puede por alguna razón (?), se podría desplazarlo hacia el noreste lo más posible y jardinar los espacios ganados de manera muy cuidadosa.

Pero parece que al proyecto le hace falta una pieza esencial: el nodo y toda la franja que lleva del aeropuerto hasta la carretera a Chapala. Esta es la verdadera bienvenida, o la real despedida para quien tome un avión. De nada servirán los millones invertidos en mejorar al aeropuerto si no se arregla el nodo carretero y se eliminan radicalmente los asquerosos anuncios espectaculares que desde hace décadas son motivo de vergüenza para todos. Habrá que hacer un muy cuidadoso proyecto de jardinería y paisaje del corredor Aeropuerto-Carretera que aproveche las altas bondades de nuestro clima, una estupenda y colorida alameda de jacarandas por ejemplo; y en este proyecto se debe incluir todo el lindero de los terrenos del aeropuerto (y los de enfrente) a la carretera.

Y sobre la segunda pista: por vida suya, que autoridades y particulares ya le paguen lo justo a los ejidatarios y que se acaben los sainetes perjudiciales de robarse las plumas del estacionamiento y destantear a todo mundo.

Probablemente, a la vista de los miles de millones por invertir, hay con qué hacer justicia a los ejidatarios, si es que la autoridad determina que es necesario actuar en este sentido.

Los aeropuertos tienen una altísima huella de carbono. ¿Por qué no hacer lo suficiente para que toda la instalación tenga paneles solares y que bajo y todo alrededor de estos paneles que estarían sobre todas las azoteas (eventual y esperablemente habitables) se incluyera una intensa y sustentable presencia vegetal? Similar tratamiento para el agua, el drenaje, los desechos sólidos, etc., sería más que necesario.

Vaya, finalmente, la principal puerta de acceso al Occidente del país, a Guadalajara, parece encaminarse a tiempos mejores. Enhorabuena.

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