Revista Arquine No.85 | Vidrio

Otoño 2018
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Proyectos

MVRDV | STUDIO MAKS / Marieke Kums | Foster + Partners | Steven Holl Architects | TEN Arquitectos | Bermúdez Arquitectos + estudio Herreros | Teodoro González de León | SOM | Ateliers Jean Nouvel | David Chipperfield Architects | Renzo Piano Building Workshop architects

Conversaciones

Héctor Esrawe | Emiliano Godoy | Trevor Paglen

Ensayos

Key MacFarlane | Alejandra López Gabrielidis | Salvatore Iaconesi y Orinaca Persico

 

Buena parte de las reflexiones sobre las características inherentes del vidrio – translucidez, opacidad, transparencia, reflexión, refracción, etc.- del último siglo, tomaron como sujeto al Gran vidrio de Marcel Duchamp, una obra compleja que permitió ahondar en un sinfín de facetas físicas y fenomenológicas que solo fueron posibles con el cristal. Sin embargo, la arquitectura de vidrio no es una novedad propia de nuestro tiempo y los referentes más canónicos arrancan con el Palacio de Cristal (1855) de Joseph Paxton, y se explayan con el pabellón de cristal de Bruno Taut (1914) que, desde su transparencia, proyectaba una fantasía utópica hacia una nueva sociedad sin estructuras y a una metamorfosis política.
A su vez, el profético proyecto del edificio de oficinas para la Friedrichstrasse berlinesa de Mies van der Rohe; el ensayo Glasarchitektur de Ludwig Hilberseimer (1929), donde ensalzaba las posibilidades de las estructuras de acero y cristal; la Maison de Verre de Pierre Chareau (1928–1932); la torre de los laboratorios Johnson de Frank Lloyd Wright (1939); o la Casa Farnsworth de Mies van der Rohe (1945–1951) son algunos de los antecedentes
míticos la modernidad.

Con el nuevo siglo y las propuestas de Rem Koolhaas, Herzog & de Meuron o Kasuyo Sejima, la concepción contemporánea de la transparencia quedó lejos de la que apuntaban los arquitectos modernos, dejando paso a las superficies evanescentes y a los prismas cristalinos sólidos.
Eliminados los muros, las finas membranas de cristal evidenciaron espacios transparentes, y por tanto controlables. Las cámaras de seguridad, los drones y la hiperinformación, entre los prismas de cristal que conforman nuestras ciudades, anulan el anonimato del ciudadano común, ahora escrutado por un ojo panóptico – el que todo lo ve – y global.

Este número 85 presenta las dos caras de la transparencia: desde las obras recientes más destacadas que han empleado el vidrio de manera sugerente, como muros vítreos autoportantes, máscaras traslúcidas, ladrillos transparentes o prismas de cristal tallado, hasta las reflexiones más críticas a la tecnología de la transparencia, donde la vida – propia y ajena – aparece en una vitrina.