Revista Arquine No.66 | Exceso de capacidad

Invierno 2013
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En París decidieron prescindir de su antiguo mercado central de Les Halles mientras que Londres perpetuó la estructura decimonónica de Covent Garden: un vacío urbano y un contenedor en busca de programa. Corrían tiempos sin modelos claros, dirimiendo si tirar o conservar y, en cualquier caso, qué hacer con ellos. Entre tanto, se rodó No tocar a la mujer blanca (Marco Ferreri, 1974) y Frenesí (Alfred Hitchcock, 1972).

En 2010, Ole Bouman denunciaba el exceso de capacidad del patrimonio construido holandés, con una de las intervenciones más atractivas y desconcertantes expuesta en un pabellón nacional de la Bienal de Arquitectura de Venecia. Ahí, un espacio vacío se cubría con un plafón celeste que, visto desde arriba, resultó ser la reproducción, a la misma escala, de todos los edificios disponibles del país más densamente poblado de Europa.

En economía, la capacidad utilizada es el grado en que una empresa o una nación hace uso de su potencial. En diseño y arquitectura podemos entenderlo como el grado en que un objeto, un edificio, una ciudad o un paisaje permiten el aprovechamiento máximo de lo que ofrecen, sean espacios, usos o funciones.

En términos productivos y financieros, el exceso de capacidad es una patología contemporánea, es la fase final de un crecimiento sin límites cuya lógica está basada en el crecimiento mismo. Es un estado de paroxismo sostenido. En tiempos en que desde la economía y la ecología se insiste en la importancia de “reducir, reutilizar y reciclar”, el diseño y la arquitectura deben buscar la manera de insertarse en los modos de producción con proyectos que permitan y alienten el aprovechamiento máximo de lo que pueden ofrecer. El exceso de capacidad debe ir más allá del reciclaje o del reuso sustentable, y tiene que canalizar los nuevos potenciales de excedentes construidos, cuestionando el derroche de los últimos años.