5 marzo, 2014

Responsable

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

zaha

La pregunta era necesaria, especialmente a la luz de los últimos informes que indican que más de 500 trabajadores migrantes de la India han muerto en Catar desde enero de 2012 en la construcción de las pobres para la Copa del Mundo. Y la respuesta de Zaha Hadid fue, para muchos, tan clara como sorprendente:

I have nothing to do with the workers (…) I think that’s an issue the government –if there’s a problem– should pick up. Hopefully, these things will be resolved»
«I’m not taking it lightly but I think it’s for the government to look to take care of. It’s not my duty as an architect to look at it
«I cannot do anything about it because I have no power to do anything about it. I think it’s a problem anywhere in the world. But, as I said, I think there are discrepancies all over the world»

La opinión de la arquitecta, aparecida en el diario británico The Guardian, acabó por producir un jugoso titular que terminó siendo una pequeña bomba y se difundió en poco tiempo por muchos de los principales medios dedicados a la arquitectura. Pero, salvo contadas excepciones, pocos han entrado a valorar lo que dice. Más allá de la cita, la postura de Hadid abre muchas posibilidades de debate: ¿Cuál es la responsabilidad real de la arquitecta iraquí? ¿Es realmente responsable de las muertes de las que se acusa a su diseño o más bien a su ejecución? A primer avista parece que no. La firma no parece estar atrás del proyecto de ejecución. Su página web no da información al respecto de quién es la persona o empresa responsable que está llevando a cabo la construcción y de si su estudio ha aportado algo más allá que el diseño –o el render– y el nombre. Sobre el proyecto apenas circulan un puñado de imágenes que dan poca información sobre materiales, espacialidad o dimensiones, con excepción de una imagen que desea mostrar el país de Catar de cara a la celebración de la Copa Mundial de Fútbol 2022. Un proyecto que ha traído una serie de graves consecuencias económicas, territoriales y espaciales, como malas condiciones laborales, segregación territorial, desplazamiento o problemas de carácter ambiental que son muy pocas veces atendidas por la prensa, más preocupada en legitimar los fuegos artificiales del evento.

De otra parte, y desde mi postura personal, lo que suena más preocupante tal vez sea esa actitud apática que parecen revelar las palabras de la arquitecta y que como ha apuntado Chema Palacios es una muestra de “la indiferencia de los diseñadores ante las condiciones en las que se realiza su obra (esclavitud, corrupción, consecuencias ambientales) [y que] provoca un avance en una tendencia hacia la irrelevancia de la profesión que se ve supeditada a los intereses económicos y políticos”. Un argumento que parece tener su punto álgido en la frase “si es que hay un problema” que solucionar en el país catarí. Con ella, Hadid se desvincula por completo de la necesidad de pensar políticamente, reduciendo su mirada a meras nociones de diseño y excluyéndolo de cualquier ideología. Y, a decir verdad, es posible –más bien, seguro– que el arquitecto tenga muy poca relevancia en esa clase de decisiones político-económicas y que los ritmos y formulas del capitalismo sean capaces de absorber cualquier posible forma de resistencia. Así uno se podría escudar en comentarios de tipo de ‘que si no lo hago yo, lo hará otro’ y que el show siempre va a continuar, con o sin nosotros. Opiniones que por otra parte no parece más que cubrir el ego propio.

Zaha Hadid ya ha estado en el punto de mira de la crítica arquitectónica en varias ocasiones, desde las más cotidianas por el costo excesivo de sus obras, a otras que tienen que ver con su relación con determinados regímenes políticos. Algo, esto último, que está por encima de formas y objetos y que habla directamente desde la ética. Los arquitectos, a diferencia de los médicos, carecemos de cualquier tipo de juramento hipocrático y parece quedar a criterio personal la vinculación de cada uno (arquitecto o no) hacia situaciones como la expuesta.

Al menos así, y aun si el arquitecto no fuera el responsable último de un problema –como las muertes, en este caso– ¿no nos quedaría la sensación de que esté actuando o pensando de forma abiertamente irresponsable?

 

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