4 mayo, 2020

Repensar la ciudad frente a la crisis

por Juan Palomar Verea

Las actuales circunstancias tienen todo de extraordinarias. Están a prueba todos los modos y sistemas de vivir tales como los conocemos. Las ciudades son la más concreta y comunitaria expresión del desarrollo interdependiente. Son la materialización, con todas las conocidas imperfecciones, de lo que a las distintas sociedades condujeron las décadas precedentes.

De lo que se daba por sentado, vemos ahora cotidianamente cómo es necesario razonar con extremo cuidado cada uno de los componentes del sistema. Los servicios, de por sí vitales, se vuelven frágiles y preciosos. Desde los suministros de agua, electricidad, gas: una cadena de la que depende la vida diaria de toda la población. Las redes de comunicación. Los suministros comerciales se ven asimismo objeto de una cuidadosa planeación, y es indispensable una programación prudente para mantener de manera adecuada los flujos del consumo.

La distancia social a la que la actual pandemia obliga limita drásticamente los contactos normales entre la ciudadanía y vuelve evidentes los lazos interpersonales, que ahora adquieren una dimensión distinta. Convivencias y contactos vuelven a ser evaluados desde una perspectiva absolutamente inédita. El sinfín de espacios públicos y privados, donde tales contactos normalmente se desenvuelven, gravita ahora como una serie de lugares vacantes y adquieren una nueva dimensión como satisfactores de necesidades primarias de toda la comunidad.

La prueba por la que la sociedad y la ciudad atraviesan hace posible la reflexión sobre su funcionamiento, y también vuelve evidentes las redes y servicios que hacen viables la vida en comunidad. De allí que, a pesar de las penurias y la gravedad de sus consecuencias, sea posible revalorar ahora lo que a lo largo del tiempo se ha construido: un sistema de vida urbana que con todas sus fallas e imperfecciones nos condujo hasta el día de hoy.

De allí que el concepto de ciudad, y el de sus redes de funcionamiento, estén bajo una inédita prueba. Mucho servirá en el futuro aprovechar esta reflexión colectiva para hacer consciente la realidad urbana y para poner en marcha ajustes y cambios. Solamente así podemos aspirar a salir de la crisis fortalecidos. Es necesaria una nueva conciencia acerca de cuál ciudad necesitamos en el futuro. Una ciudad más justa y más solidaria, una que tenga mucho mayor sustentabilidad, que sea responsable sobre su impacto en el medioambiente. Y una ciudad en la que se valore plenamente el espacio público y compartido como el ámbito en donde es posible ejercer una plena ciudadanía.

 

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