25 marzo, 2020

Repensar la ciudad en tiempos de crisis

por Juan Palomar Verea

La actual pandemia del Coronavirus ha provocado ya, y seguirá provocando, una nueva conciencia sobre la ciudad. Las exigencias sanitarias, las precauciones que es preciso tomar adquieren de inmediato una dimensión urbana.

La ciudad es ahora un territorio sobre el que es necesario determinar desplazamientos, estancias, buscar las alternativas más prudentes. Gradualmente los movimientos se aminoran, los hábitos de trabajo y educación y muchos otros se adaptan lo mejor posible para eludir las amenazas de contagio.

Pero para cada habitante de la urbe existe una particular geografía de afectos, una particular red de contactos humanos que son la verdadera esencia de su relación con la ciudad. Es de esta trabazón de la que depende, al final de cuentas, la superación de una contingencia que es ya histórica. Las redes sociales, el internet, el teléfono, toman una capital importancia en el mantenimiento de noticias y progresos, en el ejercicio de la solidaridad y la ayuda mutua.

En tiempos oscuros, resulta oportuno repensar todo lo que la ciudad entrega a sus habitantes, y todo lo que de ellos se requiere para que todo el gran complejo citadino guarde una marcha adecuada. La llamada distancia social redimensiona ahora todos los espacios en los que la vida transcurre. Y esa medida provoca también que la toma de conciencia sobre la ciudad sea más patente.

Porque el espacio cedido a las precauciones sanitarias subraya más que nunca la estrecha interdependencia que todos guardamos normalmente en los contextos urbanos. La ciudad de la proximidad se vuelve ahora algo virtual, en la que respetar las recomendaciones sanitarias libera forzosamente los espacios para que en ellos existan mayores posibilidades de salud para todos.

En medio de las preocupaciones y zozobras de una amenaza como la que ahora, como una comunidad completa enfrentamos, reside una prueba central para la ciudad: su capacidad de ser un ámbito en el que la responsabilidad y la sensatez —de las autoridades y de la sociedad civil— se hagan legibles, patentes, compartibles.

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