20 diciembre, 2013

Reforma energética y ciudad

por Salvador Herrera Montes

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En este momento se están discutiendo en sesión ordinaria del Senado de la República los artículos reservados de la Reforma Energética. México decide su futuro energético en este momento. Pero también finca las bases de su futuro urbano.

La ciudad mexicana es una consumidora disparatada de energía. La forma en la que extendemos día a día las ciudades toma muy poco en cuenta la eficiencia energética. La casa individual, que es la pieza inicial, puede tener algunos  elementos de tecnología verde pero el conjunto urbano que conforma dista mucho de ser eficiente en este aspecto.

El balance energético de la ciudad de México es un ejemplo claro. De los más de 2000 GHw diarios que la ciudad consume, casi 1000, es decir, casi el 50% se usa en transporte. Esto representaba 85 mil barriles diarios de petróleo en 2007, según datos de la Secretaría del Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal. Ese alto consumo energético se destina a mover principalmente automóviles particulares, lo que representa un uso muy poco efectivo y productivo de esa energía.

Por tanto, es imperante establecer soluciones para reducir la demanda de combustibles en el transporte en las ciudades.  Sin embargo la tendencia en el destino del gasto público para movilidad en México se ha inclinado hacia la construcción, mantenimiento y ampliación de infraestructura para el automóvil, es decir, para el consumo individual pero masivo de la energía y que además no soluciona los problemas de congestión, ni contribuye al desarrollo económico, ni mejora la calidad de vida de la población. Por el contrario, aumenta las externalidades negativas como el tráfico, la contaminación local, la pérdida de productividad, la desigualdad social, la pauperización del transporte público y las emisiones de gases de efecto Invernadero (GEI).

En este momento de reflexión sobre el futuro energético del país es también oportuno proponer un cambio de fondo en el paradigma actual de movilidad hacia una política nacional que evite o reduzca los viajes motorizados individuales a través de la integración de la planeación del uso de suelo y la del transporte; cambiar a modalidades más eficientes en términos de energía, como es el transporte público o no motorizado y mejorar la tecnología de los vehículos y de los combustibles actuales.

*Director ejecutivo adjunto de CTSEmbarq México

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