20 agosto, 2018

Reconstruir México: once meses después

por Miquel Adrià | @miqadria

Ya se entregaron las primeras casas en Ocuilan. Once meses después del temblor que azotó el país y dejó a más de doscientas mil familias con sus viviendas afectadas, han sido muchas las iniciativas que han tratado de paliar el daño. El temblor, en realidad fue una gota más que derramaba la frágil condición de las viviendas en México, mayoritariamente autoconstruidas. Tras los sismos de septiembre pasado y la pasmada reacción de las autoridades hubo muchas iniciativas privadas que espontáneamente se organizaron con distintas capacidades y alcances. Los arquitectos reunidos en ReconstruirMéxico tomamos partido y propusimos contener las demoliciones sistemáticas, apuntalando las construcciones dañadas para ganar tiempo y diagnosticar puntualmente cada caso. Distintas mesas coordinaron la comunicación, el apoyo a la reconstrucción, el mapeo y dirección de esfuerzos, la infraestructura y el reciclaje de materiales, las soluciones tecnológicas, los lazos institucionales, atención de emergencia, el patrimonio, registro de casos, espacio público, memoria de la Ciudad de México y la vinculación comunitaria. La complejidad de la situación y la espontaneidad de la organización hizo que ciertas iniciativas avanzaran con mayor efectividad que otras. Algunas, coordinadas por PienZa Sostenible (que ya venía trabajando en estrategias para paliar la pobreza en México desde 2016) se llevaron a cabo en comunidades y municipios de Morelos y del Estado de México, con el apoyo mediático de Love Army, quienes con sus influencers lograron reunir recursos privados para reconstruir las casas dañadas.

Ocuilan, en el Estado de México, es uno de estos municipios que como tantos otros en el país estaban en el abandono, y su precaria autoconstrucción fue un terreno abonado para que el sismo tuviera un efecto devastador. A diferencia de las iniciativas institucionales que tomaron medidas sistemáticas (aún cuando cada caso es eso, un caso), PienZa Sostenible lideró un proceso personalizado en el que se identificaron las casas dañadas sin derecho a apoyo gubernamental. Se invitó a un destacado número de arquitectos nacionales e internacionales, se creó una planta móvil capaz de fabricar más de 2,500 ecobloks de alta resistencia por día, y se estableció un proceso en el que los arquitectos conocían las familias afectadas que se les asignaban, desarrollando el proyecto y tras la aprobación de sus nuevos clientes, se procedía a su construcción a través de una empresa local. La lista de autores es larga y no faltan los más reconocidos (hasta premios Pritzker, entre ellos) y todos aportaron su trabajo gratuitamente y con entusiasmo, con el afán de corroborar lo que ya sabíamos: un proyecto, por básico que sea, siempre lo hará mejor un buen profesional. Los criterios generales partían de atender lo particular entendiendo que cada familia es distinta, los terrenos diversos (algunos con unas vistas extraordinarias) y los daños sufridos dispares, aunque difícilmente las cabañas originales se prestaban para el rescate, más allá del aprovechamiento de algunos de sus materiales. También había un límite presupuestal por vivienda y la indicación de usar los materiales del lugar y los blocks que se construían a la par. A lo largo de estos meses se han desarrollado proyectos de acuerdo a las familias afectadas y se están construyendo buena parte de ellos. Los cuatro primeros ya se entregaron a sus clientes que se convierten en los propietarios de lo que en realidad nunca tuvieron: su casa. Cuatro proyectos diseñados por TO (José Amozurrutia y Carlos Facio), R-Zero (Edgar Velasco y Alejandro Zárate), Carlos Zedillo y Francisco Pardo, autores de cuatro viviendas básicas sumamente completas, que exploran con rigor el hábitat rural.

No hay iniciativa que salga indemne a las críticas y sin duda ésta ha sido tildada de elitista, de construir vivienda social-boutique, y por tanto desde los proyectos a la medida, no se considera que se pueda atender una problemática generalizada. No les falta razón a sus razones y queda por ver que tanto de este esfuerzo ejemplar pueda ser replicado o, sobre todo, adaptado a necesidades similares. Para ello, siguiendo este modelo, siempre se requerirá de un arquitecto, de un gestor capaz de analizar y entender las problemáticas de cada caso, que sepa proceder de acuerdo a sus usuarios con dignidad, de manera que el diseño se vuelve una herramienta de equidad.

Junto a esta iniciativa que planea llegar a cincuenta nuevas viviendas en Ocuilan, y otras cien propuestas en San Mateo del Mar, con el apoyo de Love Army, Fuerza México, Home Depot, Diageo, Global Sharpers, entre otros, así como en Malinalco, Tlayacapan y otros muchos municipios, con recursos de otras organizaciones y fundaciones.

Como en Ocuilan, todos aportan su granito de arena ante la emergencia de un una situación -exacerbada por los sismos del pasado septiembre- que muestra el estado de un país en abandono. Queda ahora confiar que los nuevos gobiernos sepan incorporar algunas de estas propuestas -junto a otras más poderosas- en la reconstrucción del México dañado y en la construcción de una sociedad más equitativa que emerja de la precariedad.

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