29 abril, 2020

Psicogeografía

por Cloé Mandujano

 

 

Las transformaciones revolucionarias del mundo, de todos los aspectos del mundo, le darán razón a las ideas de abundancia.”

Guy Debord

 

La exposición del fotógrafo Santiago Arau, Territorios, presentada en el Museo de San Ildefonso, va más allá de una documentación histórica de las ciudades y zonas conurbadas de México o de la riqueza natural de nuestro país. A través de su trabajo, Santiago Arau emplea el octavo arte como una plataforma multidisciplinaria en donde se conjuntan diferentes temas y disciplinas como el periodismo, la sociología y la arquitectura, así como los efectos de la globalización en nuestro país. 

Es importante señalar cómo al retratar el espacio se vuelve tangible el hecho de experimentar el espacio de manera distinta para cualquier persona, y en este caso los territorios desde una perspectiva inaccesible a la mayoría de la población.

Desde un punto de vista de planeación e interpretación de las urbes, el trabajo de Santiago Arau y su equipo brindan elementos y material de análisis en términos psicogeográficos, sociológicos y de urbanismo de gran valor. Los espacios y territorios presentados en la exposición nos permiten descubrir, redescubrir o ver una novedosa experiencia fenomenológica del espacio como lo concibe Merleau-Ponty (1962), contrariamente a la tradición cartesiana, que suele representar a los territorios en términos cartográficos y topográficos con fines estrictamente científicos. 

Aquí, la fotografía puede cumplir una utilidad que va más allá de una obra de documentación, estas rompen los límites de la imaginación espacial hacia nuevos territorios para el observador. La teoría relacional del espacio argumenta que lo social es espacial y viceversa, creando una categoría de análisis sociológico (sociología espacial) sobre temas como las fronteras, movilidad, áreas y cuerpos (Fuller & Löw, 2017). Permitiendo así un análisis no sólo material del espacio sino social, filosófico y político de la vida diaria de los mexicanos, y sobre todo de los ciudadanos de la capital.  

De esto deriva la importancia de la psicogeografía, una herramienta metodológica que desarrolló la Internacional Situacionista entre 1957 y 1972; precisamente en 1955 con Guy Debord. 

Este concepto de acercamiento geográfico al entorno urbano tiene como objetivo tomar en cuenta las preocupaciones filosóficas y sociológicas en relación con la percepción y la experiencia en el ámbito urbano, principalmente aquel que es construido de acuerdo a un esquema de consumo y productividad como lo es el sistema capitalista. 

Se define como “el estudio de las leyes y efectos específicos del entorno geográfico sobre las emociones y comportamientos de los individuos que resulta en un desarrollo personal de interpretación que es cartografiado con las respectivas percepciones, experiencias y emociones del ámbito urbano”.

La mayoría de la recolección psicogeográfica se lleva a cabo a través de la dérive (deriva),  que consiste en un recorrido a pie sin itinerario ni ruta, por la zona que se busca analizar. Ésta difiere de los paseos clásicos, ya que se busca que las personas concentren la atención en sus sentidos y emociones y se dejen influenciar por el espacio en el que se encuentran durante la dérive para luego poder cartografiar su experiencia. 

La teoría de la dérive tiene como objetivo desplazarse y actuar de manera distinta a la vida cotidiana, ya que a menudo el día a día se presenta como un desafío, dado que no siempre ponemos especilar atención a todos los elementos que influyen sobre nuestros sentidos o emociones, como lo busca entender la psicogeografía.

En otras palabras, la dérive no consiste en nuestros gestos y desplazamientos de la vida cotidiana como lo son tomar el transporte público, ir al mercado o caminar de manera inconsciente a un destino conocido, ésta consiste en estar conscientes del espacio que nos rodea y sentir las emociones o desafíos que nos provocan un cruce caótico o, al contrario, un ordenamiento muy estricto de los peatones, con el fin de poder sintetizar un mapa personalizado de la zona que se recorre durante la experiencia. 

Sin embargo, existen varias formas de experimentar y navegar las ciudades y esto no significa que el material recolectado sea de menor calidad cuando éste no se realizó caminando, sino simplemente que el medio de recolección no fue el mismo. Las diferentes experiencias ayudan a enriquecer un mapa mental y emocional de una parte de la ciudad susceptible de analizarse por igual.

La psicogeografía procura recolectar este tipo de información, con la finalidad de hacer un análisis filosófico, sociológico, urbano y eventualmente psicológico de un espacio determinado y así completar el análisis de otras disciplinas. 

Para los Situacionistas, la vida real del individuo se concretiza en su cotidianidad; por ende, la mayoría de los análisis generados por la dérive y la psicogeografía se usan para “crear situaciones” que mejoren la participación ciudadana, la planeación urbana y en arquitectura para diseñar espacios que se adecúen y adapten de manera más óptima a las necesidades latentes de la vida cotidiana de los ciudadanos y no a los del sistema capitalista. 

Actualmente urbes como lo son la Ciudad de México —extensas, caóticas, y con una población en constante crecimiento—, se han visto cuestionadas por su falta de planeación, de consideración y de sentido común para el peatón, el ciclista, las mujeres, o por la falta de áreas lúdicas y verdes, que se traducen en desigualdades. 

Para dar un ejemplo, el diseño urbano y arquitectónico de colonias de la Alcaldía Cuauhtémoc, particularmente la colonia Condesa y Roma denotan que hubo una planeación intencionada en la distribución de los espacios en parques, glorietas y fuentes. Contrariamente a la Alcaldía de Iztapalapa en donde la urbanización fue paulatina e irregular, las diferencias se deben a las desigualdades históricas de los territorios sobre los cuales se construyeron cada una de estas alcaldías, y sobre todo sobre la concepción que se tenía del espacio y los soportes que se utilizaban para entenderlo y redefinirlo en territorio urbano. 

En el siglo XIX, la colonia Condesa era el terreno que abarcaba la hacienda de la Condesa de Miravalle, en donde se construían y diseñaban los edificios culturales y emblemáticos de la época Art Déco durante el porfiriato. Mientras que la marginalización de los terrenos de Iztapalapa remonta incluso a la época colonial, ya que sus terrenos eran principalmente utilizados con fines agrícolas por las comunidades indígenas que habitaban la zona y a los cuales se les fue poco a poco expropiando e imponiendo una utilidad industrial a sus terrenos agrícolas. La transformación acelerada y creciente demografía de la Ciudad de México no tuvieron una planeación o visión urbanística de la zona que fuera favorable para los habitantes de esta zona de la capital a largo plazo.

Flujo del tráfico en la Ciudad de México por día y horario. https://urbanmobilityindex.here.com/city/mexico_city/

 

Hoy en día esto se ve reflejado en datos demográficos y científicos mucho más concretos y cada vez más difíciles de ignorar, como los índices de violencia, el desabasto de agua, los niveles de contaminación, de congestión vial, los bajos porcentajes de áreas verdes o rutas ciclísticas, además de las estimaciones de usuarios en el transporte público o presentes durante una movilización de carácter político-social. 

A esto se agregan otros soportes, como lo son la fotografía y los time lapse, que no suelen tomarse en consideración por no revelar datos duros pero que evidencian de manera drástica los datos que usualmente visualizamos de manera numérica o cartográfica. El arte de la fotografía nos permite complementar nuevas dimensiones de nuestra psicogeografía individual o colectiva y por ende ampliar el mapeo geográfico y sociológico de nuestra relación con nuestra ciudad, nuestro barrio o incluso con una zona rural o de naturaleza a nuestra proximidad en un momento específico y en diferentes dimensiones: aéreo o cercano, numérico y visual. 

Enriqueciendo de esta manera la recolección de datos de las ciudades, y sobre todo de las personas que viven en ellas, de los movimientos sociales, movilidades y protestas que se llevan a cabo en las urbes, tales como el tránsito en la Central de Abastos, el flujo de la marcha del 8 de marzo pasado o la concentración de gente el 1 de julio 2019 en el zócalo.

8 de marzo 2020, Monumento a la Revolución [https://twitter.com/Santiago_Arau/status/1236842622959996928?s=20]

 

Fotógrafos como Michael Wolf, o el fotoperiodista Kai Wiedenhöfer son internacionalmente reconocidos por la riqueza que aportan sus enfoques a través de su trabajo fotográfico, ya sea la vida en zonas de conflicto o la vida diaria en el transporte público. Estas fotografías son el retrato de datos duros, la diferencia en visualización de estos datos nos transmiten la misma información de forma distinta, pero además cada una complementa a la otra.

Jóvenes fotógrafos y visual storytellers (narradores visuales) mexicanos como Luis Antonio Rojas retratan con un enfoque y sensibilidad social de manera profunda y novedosa la realidad espacial de diferentes grupos sociales en México. Un ejemplo es el paso de las caravanas de migrantes u otros movimientos y resistencias sociales de la ciudad, como lo son los campesinos de Santa Fe que desafían la configuración del espacio para el cual se diseñó Santa Fe sin tomar en cuenta sus estilo de vida y tradiciones.

Aristeo Maldonado ayuda a su cuñado Gerardo plantando maíz en la parcela de la familia Carmona el área de Santa Fe en la Ciudad de México. Extracto del proyecto «Los últimos campesinos de Santa Fe», cortesía de Luis Antonio Rojas.

 

El retrato y la recopilación de estas psicogeografías distintas a través de elementos visuales nutren nuestro imaginario urbano y nuestras emociones en lugares muy particulares de la ciudad, sumándose así a una experiencia colectiva del espacio compartido y vivido. 

La democratización de la información y la cultura han permitido que la sociedad se organice en grupos, organizaciones civiles y movimientos que señalan las desigualdades sociales, espaciales e injusticias que aún persisten en nuestro país. En el contexto de las ciudades y el espacio público, iniciativas como Placemaking Latinoamérica trabajan en conjunto con los ciudadanos que habitan la ciudad para crear situaciones como lo definen los Situacionistas, desafiar el espacio funcionalista y de consumo para transformarlo constantemente de acuerdo a las necesidades y anhelos de los que habitan y usan el espacio. Hoy en día la fotografía es un arte y una herramienta que podemos usar para el beneficio de un análisis multidisciplinario enriquecido que requieren conceptos como la psicogeografía.

Hacer uso de todos los elementos, datos numéricos e información física y visual, nos permiten tener percepciones y experiencias psicogeográficas abundantes en términos pragmáticos sin ignorar nuestras emociones y sentimientos. Estas son muy valiosas a nivel individual y colectivo para realizar mapas físicos y mentales de nuestras ciudades y así entender sus diferentes espacios y como se desenvuelven los  movimientos y resistencias sociales en un espacio dado.


Bibliografía

  • Merleau-Ponty M (1962) Phenomenology of Perception. London: Routledge and Kegan Paul.
  • Martin G. Fuller and Martina Löw (2017), Introduction: An invitation to spatial sociology, Current Sociology Monograph, Vol. 65(4) 469–491

 

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