16 marzo, 2021

Pritzker 2021, premio al reciclaje

por Miquel Adrià | @miqadria

Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal han recibido el Premio Pritzker de 2021. Este reconocimiento culmina una trayectoria impecable de la que empezamos a saber con el Palais de Tokio parisino. Lacaton y Vassal —a diferencia de todos sus contrincantes al concurso— optaron por no demoler, por conservar, por no incorporar un proyecto propio al ecléctico edificio frente al Trocadero sino por desnudarlo de plafones y capas que el tiempo le añadió. Fue el más barato y el más radical. Con el tiempo han aportado propuestas contundentes basadas en el reciclaje y el sentido común.

La estrategia de Lacaton y Vassal destaca especialmente cuando reciclan edificios de vivienda colectiva para que sigan siendo lo mismo pero con mejores cualidades y más esenciales. Anne Lacaton no entiende lo esencial como lo mínimo. Lo esencial puede ser algo que no es una necesidad. Así dice: “Lo esencial y el lujo no son lo mismo, sino que uno es la consecuencia del otro.” Con Frédéric Druot y Christophe Hutin, Lacaton y Vassal ganaron el Premio Mies van der Rohe 2019, con el Gran Park de Burdeos. Se trataba de tres grandes bloques con 530 viviendas construidos en los años sesenta que rehabilitaron sin tener que desalojar a ninguna familia, con el objetivo de hacerse más sostenibles y energéticamente eficientes, así como más luminosos, amplios y accesibles y, a la vez, con el compromiso por parte de la promotora de no subir las rentas. “La intervención, que modifica estos bloques lineales dedicados a vivienda social, renuncia a actuar sobre la estructura original de los inmuebles. La filosofía de conservar todos los elementos aprovechables se vincula con cierto sentido de la sostenibilidad, pero también permite adaptar un proyecto de alcance ambicioso a un presupuesto reducido. Así, mediante dos operaciones simultáneas de ampliación y adición, la superficie útil de cada apartamento se incrementó con una pantalla de balcones ajardinados habitables que hicieron posible que cada vivienda se completara con una zona exterior de carácter privado y orientada al sur. Estas galerías exteriores que configuran la nueva imagen de las fachadas son lo bastante amplias como para generar espacios útiles y confortables en las viviendas reformadas.” Una propuesta que alinea el buen diseño con un proyecto socialmente responsable, desarrollado con un presupuesto justo y que ha antepuesto la transformación y la reutilización a la demolición. Con este proyecto y otros tantos, Lacaton y Vassal demuestran que la buena arquitectura no tiene por qué ser solo obra nueva, con un diseño icónico y un gran presupuesto, sino que ahora, más que nunca, el reciclaje tiene más sentido.

El Premio Pritzker es uno de los reconocimientos más destacados de la arquitectura. Creado por la familia Pritzker a través de su Fundación Hyatt en 1979, se otorga anualmente a un «arquitecto, arquitecta o arquitectos cuya obra construida demuestre una combinación de talento, visión y compromiso, que haya producido consistentes y significativas contribuciones a la humanidad a través del arte de la arquitectura», según explica la fundación, dueños de la multinacional hotelera homónima que, por cierto, no tiene hoteles dignos de mención arquitectónica.

Durante la primera década de su historia, los premios tuvieron una marcada componente estadounidense, con premios para Philip Johnson, Kevin Roche, I.M. Pei, Richard Meier, Gordon Bunshaft y Frank Gehry, a los que se sumaría Robert Venturi en 1991 y Thom Mayne en 2005. A la lista global hay que sumar a Luis Barragán, Oscar Niemeyer, Rem Koolhaas, Herzog & de Meuron, Norman Foster, Richard Rogers, Rafale Moneo, Peter Zumthor por sus obras todavía de pequeña escala, austeras y precisas, Paulo Mendes da Rocha, Zaha Hadid antes de que realmente empezara a construir su prolífica obra, Kazuyo Sejima con Ryue Nishizawa en 2010 y tres años después Toyo Ito –quien fuera su maestro– por su obra evanescente, Wang Shu y RCR por su trabajo poético e intimista, Shigeru Ban y Alejandro Aravena, en su condición de activistas, Balkrishna Doshi en un homenaje quizá a la arquitectura tardomoderna heredera de Le Corbusier, el posmoderno Arata Isozaki con veinticinco años de retraso y recientemente, Yvonne Farrell y Shelley McNamara, quienes se convirtieron en la primera dupla femenina en recibir el galardón. A Lacaton y Vassal le antecedieron los franceses Christian de Portzamparc y el iconoclasta Jean Nouvel.

Tras una reciente renovación el jurado de este año, presidido por Alejandro Aravena, está compuesto por Wang Shu, el curador del MoMA Barry Bergdoll, las arquitectas Deborah Berke (decana de la Escuela de Arquitectura de Yale), Kazuyo Sejima y Benedetta Tagliabue, el juez de la Corte Suprema de Estados Unidos (y amigo de la familia Pritzker) Stephen Breyer, André Aranha Corrêa do Lago, crítico arquitectónico, curador y embajador de Brasil en India. Y Martha Thorne en su último año como directora ejectutiva, quien será reemplazada por Manuela Lucá-Dazio. Con este merecido premio a Anne Lacaton y a Jean-Philippe Vassal no sólo se compensa la abalancha de estadounidenses, británicos y japoneses, sino que se privilegia el reciclaje y la responsabilidad social.


Fotografías cortesia del Premio Pritzker 

©Philippe Ruault

©Laurent Chalet

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