5 abril, 2018

Optimismo crítico y los límites del diseño: Mextrópoli 2018

por Francisco Brown | @pancho_brown

Cada año desfilan por el teatro Metropolitan de la Ciudad de México una selección estelar de relevantes voces de la producción arquitectónica y del pensamiento arquitectónico, urbano, ecológico, filosófico y social del mundo. Las conferencias son el plato fuerte del festival de arquitectura y ciudad Mextropoli. La lista es envidiable, no sólo en cantidad y en calidad, pero en la diversidad de voces. En la era del autoaislamiento ideológico y de la tribalizacion de la verdad, tener una plataforma donde se invitan distintos puntos de vistas, es esencial para el fomento de una cultura crítica.

Arquine, el organizador y músculo intelectual detrás de Mextropoli, selecciona e invita a este diverso grupo de conferencistas. Bajo una temática general y a modo de marco teórico, los organizadores intentan que todas estas voces engranen entre sí. El tema de este año: Los límites del diseño, es una de esas líneas editoriales provocadoras y aburridas que intriga.Manejar las expectativas de mas de 8 mil participantes y la cohesión y calidad de los discursos es imposible y los resultados en Mextropoli son refrescantemente impredecibles. Siempre es interesante ver lo desafiante que es para la mayoría de estas importantes figuras el manejo de una práctica, un discurso y una conferencia coherente y relevante. No a todos los buenos les sale todo bien.

Sin embargo, este año noté una acción mas deliberada de parte del comité organizador al seleccionar a un grupo tan ideológicamente contrario, pero idiosincráticamente parecido. A la gran mayoría de conferencistas les unía un discurso de progreso realista y una militancia a la practica profesional positiva, curiosa y aterrizada. Profesionales con un alto optimismo crítico, lejos de los romanticismos formales y sociales o de teorizaciones ensambladas. La mayoría de conferencistas están interesados en medios, escalas, geografías y estrategias alternativas para materializar sus ideas a través de sus propias narrativas.

Una de las primeras conferencias fue la de Iñaqui Carnicero, el arquitecto español y curador del pabellón ganador del Leon de Oro en la bienal de Venecia del 2016. La exposición, que se inauguró además en el Centro Cultural de España, evidencia de forma lúdica y elegante la vergonzosa crisis económica de España y su impacto en la disciplina y los paisajes construidos del país. Sobre esta vena temática se sitúa la conferencia de Llàtzer Moix, nombrada igual que su reciente libro: Queríamos un Calatrava. La charla, meticulosamente leída, provocó risas, estupor y decepción en partes iguales. Su investigación sobre los excesos del arquitecto valenciano recoge una serie de anécdotas relacionadas con los proyectos canónicos y fracasados de Calatrava. La charla cuestiona abiertamente lo limites éticos de una profesión adicta a los iconos, sin importarle el costo real de estos “objetos”.

Y en esta serie de conferencias que revelan las contradicciones morales de la profesión fue la del caricaturista Klaus. Al relatarnos su propia historia y cómo ha navegado entre las expectativas que tenemos como arquitectos y las sensibilidades creativas. Las caricaturas de Klaus provocan lo impensable pero necesario: el acto de reírnos de nosotros mismos y de la profesión. Su obra evidencia, con cinismo y humor, nuestros fetiches, excesos y estereotipos. La obra de Klaus es un reflejo de su introvertida curiosidad intelectual y de su pasión por el dibujo, que logró investigar en su tesis doctoral en el GSD de Harvard y sirve de introducción a su charla.

Una de las posturas mas progresistas fue la de Aaron Betsky, decano de Taliesin West. Su conferencia: Beyond Building (mas allá de los edificios/construir), donde bajo la premisa del doble significado de la palabra building, invitó a repensar la profesión y nos urgió a parar de construir y comenzar a reusar. No con romanticismos vernáculos, pero investigando y estudiando nuevas y efectivas formas de repensar, e incluso percibir, lo existente.

En temas de ciudad lo más transgresor no vino de los urbanistas distópicos o investigadores de lo imposible, sino que fueron los mensajes sensatos y aterrizados del alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores. El alcalde explicó, con un sentido común estoico, la misión cumplida de reducir casi un 80% del parque vehicular en su ciudad. Todo respaldado con un minucioso manejo de resultados y datos y 18 años en el poder. Fernández Lores, que empezó su mandato con la promesa optimista e imposible de eliminar todos los coches innecesarios de la ciudad, el día de hoy les explica a otras ciudades como hacerlo.

La arquitectura construida vino a manos de una diversa colección de singular talento y sofisticada excentricidad. Por un lado, las disonantes y divertidas piezas de arquitectura de los estudios franceses Jakob + Macfarlane y Manuelle Gautrand. Los proyectos fueron explicados con honestidad y gracia, y sin intelectualización post-facto. En la esquina opuesta al barómetro formal, pero con similar pasión y autodeterminación, estaban los estudios de Barozzi Veiga y Valerio Olgiati. La rigidez y delicadeza de sus obras son alucinantes. Todos estos estudios han creado, repensado, reciclado e incluso olvidados sus propios limites del diseño, para crearse así su propia y única voz.

Sin embargo, las dos conferencias que resaltaron por su autenticidad y coherencia fueron la de Mauricio Rocha y Gabriela Carrillo y la de Rafael Aranda, de RCR. El estudio mexicano relató las condiciones y situaciones que le han dado forma a una obra que se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de arquitectura Mexicana. La conferencia de Rafael Aranda pasará a la historia como una de las mejores y más largas charlas en Mextrópoli. En casi tres horas, el ganador del Pritzker narró la historia del estudio RCR. Cómo su obra no es respuesta a un capricho de un arquitecto sino a un capricho del paisaje. El modo en el que conectan con sus proyectos el lugar y la materia es verdaderamente acertado, sensato y poético. Finalizó urgiendo a todos los estudiantes a ser positivos y críticos y a formarse su propia voz. Qué mejor limite (del diseño) que el que cada uno defina para sí mismo y su carrera. Y que mejor forma de hacerlo que siendo, a la vez, optimista y autocrítico.

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