4 julio, 2018

Objeto

por Graham Harman

Por qué la Ontología Orientada al Objeto importa para las artes y el diseño.

Muchos de los más importantes pensadores recientes en la filosofía han llegado de disciplinas ajenas. Michel Foucault, el filósofo más citado en el mundo en la actualidad, se pensó más como un científico social y su cátedra en el Collège de France no era de filosofía. Jacques Lacan era un psicoanalista con sentimientos encontrados hacia la filosofía, preocupándose a veces de que fuera más una forma del “discurso del amo” en oposición al “discurso del analista”, que prefería. Es posible que Bruno Latour y Niklas Luhmann, ambos comúnmente considerados sociólogos, sean, de hecho, dos de los más importantes filósofos de la segunda mitad del siglo XX. Los jóvenes estudiantes de filosofía franceses han estado devorando la obra del antropólogo Philippe Descola, mientras que los inmunólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela han provisto memorables estímulos para la filosofía reciente. Este fenómeno tiene también su lado opuesto. Filósofos certificados como Jacques Derrida y Slavoj Zizek han ejercido su mayor influencia en ámbitos académicos distintos a la filosofía. Más recientemente, lo mismo puede decirse de la Ontología Orientada al Objeto (ooo). Aunque la ooo se originó con la intención puramente filosófica de dar una interpretación fructífera de los trabajos de Edmund Husserl y Martin Heidegger, ha tenido mayor influencia hasta ahora entre artistas y arquitectos que entre filósofos, en el estrecho sentido disciplinario del término. Tal vez no sea para sorprenderse. La ooo está interesada en la manera en que los objetos se resisten a ser reducidos a sus relaciones con otros objetos. Dicho de otra manera, estudia las brechas entre objetos y relaciones e incluso entre los objetos y sus propias cualidades y se acerca a estas brechas en términos explícitamente estéticos. Mientras tanto, la mayoría de los filósofos desde Kant se han preocupado justo de sólo un tipo de relación: la que se da entre el sujeto humano y los objetos no humanos que se le enfrentan. Quentin Meillassoux acuñó el término “correlacionismo” en su libro de 2006, Después de la finitud, para describir la obsesión moderna con el juego mutuo entre sujeto y objeto y, a pesar de reacciones recientes contra el término de quienes son correlacionistas, pienso que la crítica de Meillassoux es fundamentalmente precisa.

Pero hablemos brevemente de objetos, que la ooo concibe en un sentido muy amplio. Aunque algunas artes aún piensan los objetos refiriéndose sólo a piezas sólidas de materia física, excluyendo por tanto géneros como el performance o el arte conceptual, la ooo considera que esas formas de arte están también orientadas al objeto. Para la ooo, cualquier cosa es un objeto en tanto se resista a ser disuelto, hacia abajo, en sus componentes (undermining), hacia arriba en sus relaciones o efectos (overmining) o ambos simultáneamente (duomining). Una cosa no necesita ser física, durable, no humana o “material” de ningún modo para que pueda contarse como un objeto, sino tener simplemente una realidad que no se agota totalmente ni por sus componentes internos ni por sus efectos externos. Pero la ooo también habla de dos tipos de objetos. Los objetos reales existen por su propio derecho, separados de sus efectos en una manera que jamás puede ser aprehendida directamente sino sólo indirectamente: por alusión o insinuación, lo que siempre ha sido parte de las herramientas estéticas incluso cuando han sido rechazadas por las matemáticas y las ciencias naturales como técnicas del oscurantismo. Para la ooo, es posible decir algo sin decirlo del todo, como es claro en el caso de la metáfora. La metáfora de Homero, “el mar oscuro como el vino”, no puede parafrasearse de manera literal y, de hecho, ninguna obra de arte o edificio puede parafrasearse de ese modo. En contraste, las ciencias no sólo pueden, deben parafrasear los objetos de manera literal. Un científico no insinúa la realidad del quark o del fotón, sino que debe descubrir propiedades que literalmente le pertenecen. El quark y el fotón no son algo por encima o por debajo de sus cualidades, sino que consisten por entero en esas cualidades. Incluso si las ciencias nunca llegan a tener un conocimiento exhaustivo de todas las propiedades de cualquier entidad, ese conocimiento es su objetivo y ningún científico estará satisfecho tan sólo con alusiones estéticas a los objetos que estudia.

Ése no es el caso para los arquitectos ni mucho menos para los artistas. De ahí mi consternación ante la tendencia a ver los objetos estéticos sólo en términos algorítmicos o paramétricos: una estrategia de matemático o científico que no puede hacerle justicia al objeto estético. Como Kant dejó claro en su Crítica del juicio, no hay manera de dar reglas para la producción de la belleza y ninguna manera para explicar literalmente por qué un objeto es superior estéticamente a otro. La razón de esto, según sostiene la ooo, es que los fenómenos estéticos tienen lugar primordialmente en la tensión entre objetos reales que son retirados del acceso directo y sus cualidades sensuales accesibles. Un objeto individual es un estilo, más que una colección de cualidades, tal como la obra completa de cualquier creador particular es un estilo más que una lista de obras específicas con cualidades literales particulares. Mientras algunos algoritmos o parámetros de diseño pueden ser herramientas útiles para generar una amplia gama de formas, los objetos que así se crean no pueden reducirse a los principios que los generaron del mismo modo que no pueden reducirse a los usos específicos a los que son sometidos por arquitectos o urbanistas. Los diseñadores son mejores cuando se mantiene una brecha entre cualquier principio conceptual y el objeto que de él resulta, así como los objetos son mejores cuando son más que cualquier cantidad infinita de descripciones. La filosofía auténtica nació cuando Sócrates nos mostró que ninguna búsqueda de definiciones literales tendría éxito jamás, ya que la filosofía no es un conocimiento sino, en el mejor de los casos, el amor de un conocimiento o una sabiduría inalcanzables. Al hacerlo, Sócrates apuntó el parentesco entre la filosofía y las artes, que siempre mantendrán una relación mucho más cercana de la que supuestamente tiene con las matemáticas o las ciencias.

ARTÍCULOS DEL MISMO AUTOR./