4 febrero, 2019

Mundo cruel, ciudades inteligentes

por Pablo Goldin Marcovich

Para Cristina y Rodrigo

“The technology by it self will not do the trick, you have to reform the society”

Problems of Modernization in Russia – Loren R. Graham

 

Somos testigos de un circo a dos pistas. Mientras decenas de stands presumían la comunicación entre objetos, edificios, organismos de gobierno y empresas transnacionales en el Smart City Expo llevado a cabo en Barcelona en Octubre del año pasado; en Madrid el día 26 de Noviembre una mujer a punto de ser desahuciada saltaba de su balcón para sorpresa de los vecinos que no estaban enterados de su situación. Ambas crónicas sólo se suman a una enorme lista de historias de comunicación y silencio en el ámbito urbano donde coinciden las aspiradoras Roomba que sigilosamente escanean los hogares de sus dueños con historias como la de Joyce Vincent, una mujer en el Reino Unido que permaneció muerta en su departamento por más de dos años hasta ser encontrada por agentes judiciales dispuestos a embargar la propiedad debido al impago de la renta.

¿Existe alguna relación entre ambos escenarios? ¿Aquel donde una patrulla en Dubai dotada de cámaras de video puede registrar y enviar las placas de todos los coches a su alrededor a un sistema centralizado de vigilancia y ese otro donde la vida de los ciudadanos no genera ningún eco en algún algoritmo dispuesto a ayudarlos? ¿Qué clase de relatos están construyendo las ciudades en la actualidad y qué posibilidades existen para cambiarlos?

La respuesta, por lo menos al interior de la Expo no parecía venir desde la Arquitectura. El stand del Instituto Austriaco de la Tecnología y sus herramientas para elaborar planes maestros y trazas urbanas de manera semi automática era el más objetivo en el uso del espacio como un actor relevante en las Smart Cities. Los edificios en este circuito parecen estar dados por sentado, existen y en el mejor de los casos pueden decorarse como pinos de navidad con tantos dispositivos inteligentes como sea posible. Si tienen buena localización sirven para plataformas como Airbnb, si son nuevos funcionan para especular. El centro de atención es acaparado por objetos, aplicaciones y datos. Tres kilos de folletos y revistas que recolecté presumen las innovaciones en estos campos lo cual resulta en un curioso escenario si por un segundo imaginamos que cada elemento que describía Rem Koolhaas en la Bienal de Venecia a su cargo en la era 4.0 puede ser dotado de una función digital y por lo tanto de un un rol autónomo y una posible personalidad jurídica en nuestra sociedad. Basta recordar el piloto automático de un coche Tesla que tomó una decisión mortal para el futuro de su dueño en California en 2018 y los dilemas legales que ese evento generó.

Sin embargo esta reflexión va más allá de la clásica premonición de lucha hombre máquina que Woody Allen describía en su relato “Mechanical Objects”, en donde un elevador robotizado ataca al comediante neoyorquino en venganza por haber maltratado a un televisor descompuesto. Se trata de analizar la posición del ser humano en medio de esta parafernalia tecnológica e inmobiliaria y ciertamente la del arquitecto. Miquel Ruiz Planella, socio de la oficina H3o en Barcelona con quien platico durante el viaje me parece un buen ejemplo. Por un lado en su oficina junto con Joan Gener y Adrià Orriols realiza proyectos de arquitectura, museografía y urbanismo en Barcelona en un panorama que describe como lento y sobre burocratizado y en paralelo ha desarrollado una plataforma llamada Tiberi Club con Helena Fradera, Rocio Iglesias y Roger Vila con la cual cocineros profesionales o amateur organizan cenas en espacios privados de la ciudad a clientes desconocidos que buscan una experiencia más íntima que la que ofrecen los restaurantes. Construir tiene un valor y un tiempo pero buscar nuevas maneras de habitar y utilizar lo existente por medio de interfaces digitales parecería un mercado más versátil y dinámico al cual puede sumarse o batallar la profesión. La tensión no es nueva pero la manera en que se está cristalizando es relevante y sumamente contradictoria. Los vecinos en el barrio de Gracia recolectando firmas contra la demolición de una casa patrimonial que será reemplazada por departamentos genéricos se empalma con los movimientos en contra de la sobre explotación turística y las deficiencias en el acceso de la población a viviendas que reclaman mayor densidad en las zonas céntricas.

Así el panorama hasta donde mi visita a la Smart City Expo me permite entrever. En el mundo digital, una perfecta sintonía entre los datos, las herramientas para manipularlos y los objetos que los generan; en el mundo físico, una complejidad social, política y financiera que mantiene a tantas obras clausuradas y conflictos urbanos sin resolver. La intersección de ambas esferas, incuba las paradojas de aquella burbuja inmobiliaria que fomenta los edificios sin habitantes y habitantes sin edificios; la politizada definición de los usos de suelo y la distribución de las plusvalías que generan las intervenciones en el espacio urbano y el uso discrecional de la información relacionada a ellas. El acceso a la información y tecnología apunta a un terreno fértil para llevar a cabo prácticas  más conciliadoras y productivas como las que proponía Paul Davidoff en los años sesenta en su artículo “Advocacy planning and pluralism” equilibrando las relaciones de poder entre los actores de la ciudad y facilitando el bienestar de todos ellos. Si esa idea no prospera, veremos replicarse las crónicas que exhibía la exposición Forensic Architecture en el MUAC en las cuales el acceso a la información no garantiza la acción y menos aún la justicia.

Por lo pronto, mientras cualquiera de esas opciones sucede y las ciudades tan “Smart” como se promocionen sigan permitiendo este doble relato de crueldad e inteligencia, valdrá la pena prestar atención a las prácticas digitales y el impacto que tienen en el espacio urbano, sus habitantes y la profesión arquitectónica. El Smart City Expo Latam Congress 2019 se llevará a cabo en Puebla, la Ciudad de México estrena la Agencia Digital de Innovación Pública y el Banco Interamericano de Desarrollo reconoce a las ciudades de Maderas en Queretaro, Tequila y Ciudad Creativa en Jalisco y Smart en Puebla como “Ciudades Inteligentes”. La función continúa, veamos si lo interesante logra atender lo importante. 

 


1. Advocacy Planning – Urbanismo al servicio de la justicia social. (2013, February 18). Retrieved from https://latramaurbana.net/2013/02/18/advocacy-planning-urbanismo-al-servicio-de-la-justicia-social/

2. Staff, F. (n.d.). Ciudades inteligentes en México, ¿cuánto cuesta vivir en ellas? Retrieved from https://www.forbes.com.mx/forbes-life/ciudades-inteligentes-en-mexico-cuanto-cuesta-vivir-en-ellas/

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