4 abril, 2018

Memorias del terremoto

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

 

Fotografía de Tercero Díaz/cuartosocuro.com, tomada de Animal Políltico.

Después del sismo del 19 de septiembre de 1985, el 11 de octubre el Gobierno Federal publicó en el Diario Oficial un decreto anunciando la expropiación de 5,427 predios que serían utilizados en el Programa de Renovación Habitacional Popular (PRHP). Unos días después, el 27 de octubre, se publicó otro decreto corrigiendo el número de predios expropiados a 3,107. Según el recuento que hace Maria Teresa Esquivel Hernández, el PRHP establecía la construcción y reparación de más de 40 mil viviendas en beneficio de 250 mil personas. Entre marzo de 1986 y julio de 1987 se construyeron en total como parte de ese programa 46,358 viviendas y accesorias.

A consecuencia del terremoto del 19 de septiembre de 1985 se derrumbaron cerca de 300 edificios. En el del 19 de septiembre del 2017, cayeron 36 y resultaron afectadas, según reportó Animal Político, 5,765 viviendas —2,273 con daño total. El 22 de octubre del 2017 —32 años y 11 días después de que el Gobierno Federal hiciera el primer anuncio de expropiaciones de predios tras el terremoto del 85—, Miguel Angel Mancera declaraba que no habría expropiaciones generalizadas, pues ese era, según él, “el camino sencillo.”

Pero uno de los predios que sí expropió el gobierno de la ciudad fue el que se encuentra en la avenida Álvaro Obregón 286, donde hubo la mayor cantidad de víctimas del terremoto: 49 personas. Mancera firmó la expropiación el 13 de marzo de este año y calculó el pago que se hará por ese terreno en 46 millones de pesos. Ahí es donde el Gobierno de la Ciudad de México propone que se construya “un memorial que honre la memoria de las personas fallecidas, a sus deudos y a la solidaridad de la ciudadanía y que sea construido y ofrendado por los ciudadanos para que las generaciones futuras no olviden este suceso y a los actores que transformaron la vida de la ciudad en 2017, como antes en 1985.”

Entre los edificios que colapsaron con el terremoto del 85 estaba el Hotel Regis, uno de los más famosos y lujosos de la ciudad en los años cincuenta, aunque su construcción se inició a principios del siglo XX. El predio de ese hotel, adyacente a La Alameda, lo ocupa hoy la Plaza de la Solidaridad, dedicada a la memoria de los muertos y heridos y de los rescatistas del 85. En el número 4 de la revista Arquitectura, publicado en el invierno de 1992, aparece el proyecto de Luis Vicente Flores para la Plaza de la Solidaridad con el siguiente texto:

«El proyecto ganador del concurso “Plaza de la Solidaridad” (1986) es un conjunto urbano integrado por varios elementos. Un espacio ceremonial en la manzana que ocupara el Hotel Regis; un “edificio marco” que serviría de respaldo a la plaza y albergaría servicios; un área de descanso alrededor del ex-convento de San Diego y una galería comercial y cultural uniendo avenida Juárez con avenida Hidalgo. En el espacio ceremonial —básicamente una plataforma de piedra fracturada diagonalmente— se ubicará una escultura rodeada de columnas. De cada una de ellas se proyectaría verticalmente un rayo láser, formando en su totalidad un haz luminoso visible desde diversos puntos de la ciudad y desde el aire. El “edificio marco”, diseñado de manera esquemática, permitiría la vista del ex-convento de San Diego gracias a una “ventana” calculada de acuerdo a las visuales desde avenida Juárez y otros puntos del conjunto. El área que rodea al ex-convento, sería tratada como un espacio arbolado (blando) y equipada con mobiliario urbano para el esparcimiento. La galería es un conjunto de edificios de dos y tres niveles conectados mediante puentes. A nivel de la calle es transparente por estar construido sobre columnas y permite la vista hacia y desde la Alameda Central. La obra no fue realizada y no tiene relación alguna con lo que actualmente se denomina Jardín de la Solidaridad.»

Para el nuevo monumento la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Ciudad de México ha convocado a un concurso cuyo objetivo es “encontrar una propuesta arquitectónica, urbana, constructiva y programática a nivel conceptual para un Memorial que integre las funciones sociales, operativas y simbólicas de un nuevo espacio público en beneficio de sus usuarios, vecinos, personas afectadas, voluntarios, visitantes y ciudadanía en general.” El concurso es local —pueden participar personas que no tengan nacionalidad mexicana pues la condición de “local” parece estar definida por el domicilio fiscal—, abierto a arquitectos, urbanistas, ingenieros y paisajistas con un mínimo de cinco años de experiencia profesional demostrable. El espacio se propone como un “parque intra-urbano” —el terreno tiene tres colindancias— que “permita el homenaje y al mismo tiempo el recogimiento”, y “promueva la gratitud” y en el que “se den actividades culturales, conciertos, pabellones, exposiciones y otras actividades culturales” (sic). También se dice en la convocatoria que “los elementos construidos podrán ser edificados con material de reciclaje del sismo.” El presupuesto para construirlo es de 14 millones de pesos.

El programa arquitectónico incluye un espacio conmemorativo, “abierto o semi-cubierto,” espacio para la “recepción, vestíbulo, registro y paquetería,” una galería, una cafetería —“que pueda ser concesionada”—, un “auditorio” para 120 personas —más bien, por la descripción que se da, un salón de usos múltiples—, área de capacitación, las oficinas de la “dirección del centro” y  salas de reunión e información además de los servicios necesarios.

Como se ve, el gobierno de la Ciudad parece no tener muy claro, aun, si se trata de una plaza conmemorativa, un parque “intra-urbano” o un centro de información sobre el terremoto del 2017. Un monumento, una plaza o un edificio. O una extraña mezcla de todo eso en un terreno de sólo 780 metros cuadrados de superficie —24 de frente por 32.5 de fondo— y, como ya se dijo, con tres colindancias. En su cuenta de Twitter, Sergio Beltrán-García no sólo ha analizado el programa y las áreas requeridas sino también la manera como se plantea la convocatoria y varias de sus implicaciones. La peor de todas tal vez sea que el Gobierno de la ciudad parece actuar como si, tras su lenta respuesta tras el terremoto, los poco efectivos planes de reconstrucción y las dudas y los escándalos que han rodeado el uso de fondos tanto públicos como de donativos privados para la reconstrucción, el “memorial” viniera a dar por terminado un proceso que es evidente aun no se ha cerrado.

El 19 de marzo pasado, al cumplirse seis meses del sismo, Guadalupe Padilla, damnificada del Multifamiliar Tlalpan, declaraba a Animal Político: “Nuestra realidad es que ya hemos perdido la esperanza, desde hace dos meses dejamos de recibir ayuda por parte de la sociedad, en gran parte se debe que creen que las autoridades nos han dado soluciones y reubicado en nuestros departamentos, pero eso es mentira seguimos en viviendo en los campamentos.” Diez días después de que algunos damnificados por el terremoto acusaran el olvido, Miguel Angel Mancera anunció la convocatoria al concurso para el “memorial.” Ese mismo día, también, Miguel Angel Mancera renunció a su cargo como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México tras ser propuesto como candidato plurinominal al Senado de la República por el Partido Acción Nacional. Para él, el anuncio del “memorial” y su renuncia al cargo coincidían como cierre simbólico de su gestión. A otros, en cambio, nos pareció la última demostración de la escasa visión de lo urbano, lo público y lo político que caracterizó a su gestión.

 

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