20 diciembre, 2020

Oriol Bohigas

por Miquel Adrià | @miqadria

Oriol Bohigas (Barcelona, 20 de diciembre de 1925) ha sido el agitador cultural de la arquitectura catalana más importante de la segunda mitad del siglo XX. Desde que en 1951 fundara el Grup R la arquitectura catalana tomó partido con las corrientes mas propositivas del panorama europeo, que pasaba por Milán y Londres, estableciendo las bases de lo que sería la Escuela de Barcelona. Los años y el cambio democrático llevarían a Oriol Bohigas a dirigir los planes urbanísticos de la ciudad y la Facultad de Arquitectura, incorporando nuevos maestros comprometidos con la cultura arquitectónica. Y aparecieron plazas, parques y equipamientos que detonaron en tejidos urbanos dañados, modificando su morfología y posteriormente con la excusa olímpica, se articuló la ciudad con nuevas infraestructuras.

La brillantez y calidad sostenida a lo largo de mas de setenta años tiene sus raíces en el Grup R. Si en los años treinta, Josep Lluis Sert y el grupo GATCPAC estuvieron presentes en todos los foros internacionales junto a Le Corbusier, en los años cincuenta, en plena posguerra española, se recuperó la arquitectura moderna y emergió la genealogía que llega hasta el presente. En 1951 se fundó el grupo, con alusión velada al grupo G (gestalt, forma) alemán, sugiriendo con la R tanto ‘realismo’ como ‘reacción’. En este mismo año Alvar Aalto y de Ludvig Mies van der Rohe visitaron Barcelona y Coderch proyectó pabellón en la Triennale de Milán, rompiendo el hermetismo cultural de la era franquista. 

El Grup R, fundado por Oriol Bohigas, Josep Martorell, Antoni de Moragas, Josep Maria Sostres y José Antonio Coderch, propugnaba una arquitectura realista que respondiera a las exigencias sociales y condiciones de producción del momento, desde una actitud ejemplar y aleccionadora. En esos años Bohigas publicó con su militante voluntad didáctica “Elogi de la barraca” (elogio de la barraca), “Elogi del totxo” (elogio del tabique) “Cap una arquitectura realista” (hacia una arquitectura realista) donde reivindicaba las tipologías y material populares a la vez que propugnaba sinceridad absoluta en el aspecto téctónico y el proceso de construcción, recuperando el espíritu del Movimiento Moderno “a la espera de que el progreso tecnológico permitiese recuperar la “letra”. En 1960 Bohigas y Martorell construyeron un edificio de departamentos en la calle Pallars, donde utilizaron elementos y sistemas constructivos tradicionales, aplicaron una cierta economía de elementos figurativos y fragmentaron el conjunto en pequeños bloques, mostrando los atributos del Realismo que defendían. 

La influencia del brutalismo inglés y del neo-libety italiano, donde se unen concreto aparente, tabique y azulejo de la tradición, con el discurso moderno, conformó la poética del realismo para convertirse en estilo y establecer las bases de la denominada “Escuela de Barcelona”. Como fenómeno cultural y colectivo, la arquitectura se convertiría en un arma poderosa que iría más allá de la obra de ‘autor’. Bohigas refiriéndose al Modernisme expresaba que “no fue una suma de genialidades aisladas, guiadas por una eficaz intuición sino el resultado de un firme y profundo planteamiento cultural que arraigaba en todos los aspectos de la vida cotidiana”, y Coderch: hizo mella con su lema “no son genios lo que necesitamos, sino buenos profesionales”. Así la “Escuela de Barcelona” fue abriendo un panorama cada vez más amplio de profesionales responsables, autocríticos y eclécticos que siguieron los pasos del gurú Bohigas. 

La prosperidad económica, los movimientos socio-políticos y la tolerancia de los últimos años del franquismo, convertiría a todo este grupo en la crema del glamour, en la gauche divine (izquierda divina) de la farándula barcelonesa. Con la democracia regresaron las responsabilidades y de 1977 a 1980 Oriol Bohigas dirigió la Escuela de Arquitectura de Barcelona, incorporando en la docencia a toda la nueva generación de arquitectos comprometidos con la cultura. Tiempos de cambio y renovación que lo llevarían a dirigir el urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona los cuatro años siguientes. Por donde pasó Bohigas se convirtió en parteaguas, en el antes y el después. Y a cada paso dejó la herencia y la estructura capaz de segundar sus doctrinas: la escuela cambió para siempre y el Ayuntamiento se convirtió en una máquina capaz de restructurar la ciudad desde los principios que planteó en su libro “Reconstrucción de Barcelona”. Su libro-manifiesto proponía el esponjamiento de los centros históricos y la monumentalización de la periferia, entendida como aquello que da significado a la unidad urbana, donde la arquitectura adquiere carácter representativo. Monumentalizar la ciudad significa para Bohigas, organizarla de modo que se subrayen los signos de identidad colectiva, involucrando los mecanismos urbanísticos de la municipalidad. Plazas, mercados, calles peatonales, mobiliario urbano, redefinieron el aspecto de la ciudad, implicándose un extenso grupo de arquitectos y diseñadores, donde, una vez más, Bohigas era el orquestador. 

Su cercanía y sintonía –generacional, ideológica, etc.- con el poder socialista municipal haría que una idea lúcida se convirtiera en el detonador de la regeneración urbana: el proyecto olímpico. En esos años ochenta quedaba claro que ya no era posible una planificación global, metropolitana, sino que había que buscar intervenciones estratégicas, domesticando y articulando, el tejido existente. 

Lo que empezó siendo una respuesta local se convirtió con el tiempo en una solución global, seguida desde muchas ciudades del planeta. Los juegos olímpicos de 1992 permitieron tejer estratégicamente Barcelona con infraestructuras, más allá de las intervenciones puntuales y superficiales de aquellos años. Cuatro puntos casi cardinales en los extremos del tejido urbano acogieron los usos temporales del evento deportivo para resolver los temas pendientes de vivienda, equipamientos y vialidades. 

Con los grandes desarrollos post-olímpicos y neoliberales de cambio de siglo, dirigidos -por cierto- por sus acólitos, Bohigas tomaría una posición crítica, una distancia prudente que le permitiera desarrollar el futuro Museo del Diseño junto al falo de Jean Nouvel, sin respaldar el modelo de metrópolis tomado. 

Oriol Bohigas es un arquitecto completo, en el sentido renacentista, que ha sabido compaginar la práctica, la docencia y la crítica. Desde MBM, junto a Josep Martorell y David Mackay desarrollaron una enorme producción arquitectónica, tratando que cada una de sus piezas, de sus edificios, fueran nuevas páginas del manifiesto proyectual y formal de cada época. La permanente agitación intelectual y profesional de Bohigas, lo ha llevado también a dirigir varios proyectos editoriales que marcaron rumbos -Editorial 62, Arquitectura Bis, etc. Este orquestador, provocador nato, amante de la bouttade, crítico inquieto y arquitecto, hoy cumple noventa y cinco años. Felicidades!

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