El contraste de los materiales en bruto, como hormigón y madera empleados en la fachada, compite con el ladrillo de la Catedral de la ciudad, mientras el muro de hoja oxidada de acero dialoga de manera directa con el follaje de los árboles de la plaza central.
El vacío que configura el espacio de acceso entre las dos piezas del nuevo edificio se transforma en una suerte de gruta urbana que invita a la reunión y al paso hacia el interior del edificio de materialidad y naturaleza expuesta.