29 octubre, 2013

Más allá de la arquitectura

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

“Cuando pensamos en arquitectura ¿en qué pensamos específicamente? ¿Qué es lo que hace que una construcción sea arquitectura? ¿Por qué consideramos algunos edificios como arquitectura y otros no? ¿En dónde radica aquello que determinamos como arquitectura? ¿Es algo que se encuentra en el objeto o algo que está en nuestra mente, una idea?”

Estas son algunas preguntas con las que comienza la exposición Más allá de la arquitectura de Antonio O’Connell, que se expone actualmente en el Polyforum Siqueiros. La expresión ‘más allá’ marca, por extensión, otra cuestión quizás más difícil de responder: ¿qué es arquitectura? o ¿cuándo consideramos una obra –en el formato que sea– como arquitectura? Pregunta que sólo a través de determinar ese límite será posible responder y cuya respuesta dependerá en gran medida de cada persona. “El tema de la arquitectura como tal, definirlo, es algo complejo. No hay una definición como tal. Hay muchas. Una de las conclusiones que he llegado es que se usa el término arquitectura en un rango amplio de definiciones. Tienes por un lado el tema de resolver la función y el otro es el tema artístico que incluso llega a prescindir de la función. Yo en mi trabajo he intentado romper esos limitantes de lo que la arquitectura puede ser” donde al final el tema de la arquitectura “más que ver con la idea y el observador (…) que va formando una especie de narrativas. Según en el contexto en el que estás una cosa se define como arquitectura”. Dicho de otro modo, nos advierte O’Connell: «la arquitectura es arquitectura cuando se piensa como tal».

La exposición se organiza en la planta baja del Polyforum comenzando desde pequeñas piezas, antiguas maquetas de trabajo del estudio de Antonio O’Connell, que parecen haber sufrido un cataclismo o una fuerte catástrofe, constituyendo obras a medio camino entre lo espacial y la ruina, con influencias a los trabajos de Tadashi Kawamata, Lebbeus Woods, Enric Miralles o Gordon Matta-Clark, en las que O’Connell parecía querer expresar su propia idea de la ciudad de México: “una ciudad que es definida un caos”. O’Connell decidió tomar ese caos como parte del trabajo y así, desde sus anárquicas  maquetas, va aumentando su escala de intervención en el espacio, que, como un virus, crecen hasta afectar al propio espacio expositivo, como si no existiera diferencia entre modelo y edificio, aumentando su desorganización material, afectando, atacando y destruyendo el edificio que la alberga. El caos se incrementa hasta acabar, bruscamente, en una pequeña casita que muestra la idea tras la exposición: detrás de todo el caos lo que debe resolver la arquitectura es la búsqueda del hogar. La muestra, en palabras de su autor, habla mucho de las relaciones entre la arquitectura el arte y la religión. ¿Por qué la religión? “Independientemente que sea uno creyente o no, cuando hablamos de la arquitectura nos enfrentamos a la parte de la morada del hombre, y de ahí a lo trascendental: el espíritu”. Cuestiona O’Connell que hay un interés excesivo en crear “cascarones sofisticados” que en realidad están vacíos: “Estamos más preocupados por ser el próximo star-architect, por cubrir nuestra vanidad y se nos olvida lo principal: el habitar”. “Los arquitectos resolvemos todos los problemas con un edificio” –desde grandes problemas urbanos a pequeñas problemáticas– “pero no cambiamos nuestra manera de actuar”. Ahí el arte parece tener ciertas ventajas frente a la arquitectura: “Si lo importante es la idea ¿por qué habría que construir arquitectura? Varios arquitectos han hablado sobre, sobre la posibilidad de que no solamente arquitectura es lo que se tiene que construir, de lo espiritual”.

El caos expuesto parece ilustrar como el diseño puede no ser nada; capaz de ser afectada por terremotos o demás catástrofes y accidentes, la arquitectura es un hecho efímero que “nuestra vanidad” nos hace creer eternos. Pero más allá de la arquitectura estaría para O’Connell en esa búsqueda de lo trascendental alejada de cascarones vacíos y que busca marcar ese límite de reflexión de la arquitectura: ¿Qué hace a la arquitectura realmente arquitectura? “Hacemos grandes edificios, gran arquitectura, pero muchas veces nos olvidamos de lo básico”.

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