8 febrero, 2019

Marwencol

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

«Las primeras obras maestras del arte enano nacieron al calor de una idea: que «todo el universo es como el universo» y que hasta lo más pequeño remite siempre a lo más grande.»

Federico L. Silvestre, Micrologías, o historia breve de las arte mínimas

 

En su libro Duchamp, el amor y la muerte, incluso, Juan Antonio Ramírez cuenta que entre 1935 y 1940 Duchamp estuvo trabajando en la obra que se llamaría Boîte en valise y que es una colección con 69 de sus obras, a escala reducida, dentro de un maletín. Ramírez cita a Duchamp:

«En vez de pintar algo nuevo, quise reproducir esos cuadros que me gustaban tanto, en miniatura y en un espacio muy reducido. No sabía como hacerlo. Al principio pensé en un libro pero no me gustaba la idea. Luego se me ocurrió que podría ser una caja en la cual pudieran estar coleccionadas todas mis obras y montadas como en un pequeño museo, un museo portátil, y ésa es la razón de que lo instalara en una maleta.»

En 1941, con parte de Francia ocupada por los nazis, Duchamp viajó al sur, a Canary-sur-Mer, cerca de Marsella, y en mayo de 1942 se embarcó hacia Nueva York. Por supuesto la maleta con su obra más importante, a escala, viajó con él. Algo hubo de esa obra de Duchamp en la primera exposición presentada en Liga, en la Ciudad de México, en el 2011, a cargo de los arquitectos chilenos Mauricio Pezo y Sofía von Ellrichshausen, quienes exhibieron una maqueta escala 1 a 10 de un museo —imaginario— que presentaba su propia obra con dibujos, fotografías y maquetas, a una escala evidentemente menor que la del museo que las contenía y entre las que estaba, obviamente, la maqueta de la maqueta del museo expuesto en la pequeña galería.

 

Mark Edward Hogancamp nació en Newburgh, Nueva York, en 1962. De niño le gustaba dibujar y escuchar las historias que le contaba su abuelo, un emigrante alemán que había sido mecánico en la fuerza aérea nazi durante la Segunda Guerra. En los años 80 Hogencamp se alistó en la marina de los Estados Unidos. En 1984 se casó y cinco años después dejó el servicio y consiguió un trabajo. Pero el alcohol lo llevó a perderlo y luego a perder su casa y terminar su matrimonio. A los 38 años era un alcohólico divorciado que trabajaba en una cocina. El viernes 7 de abril del año 2000, algunos amigos lo invitaron a ir a un karaoke en un bar local. Se negó. Pero después decidió unírseles. Cuando llegó al bar, sus amigos habían cambiado de planes y no estaban en ese bar. Se sentó y empezó a beber. Pronto hizo plática con un joven de 23 años, Freddy Hommel. Entre otras cosas hablaron de sus antepasados alemanes y Hommel hizo algunas bromas sobre los nazis a las que Hogancamp no puso mucha atención. En algún momento Hogancamp le contó a Hommel de su gusto por usar ropa de mujer. Hommel se levantó y salió del bar molesto. Cuando una hora después Hogancamp se encaminó a su casa, Hommel lo esperaba afuera junto con cuatro jóvenes más. Discutieron y luego entre varios golpearon a Hogancamp. Lo dejaron tirado al lado del camino, con varios huesos del cráneo rotos. Unas horas después una persona que pasaba lo vio tirado y llamó una ambulancia. En el hospital los médicos le indujeron un coma para poder operarle la cabeza. Despertó ocho días después. No podía hablar y pensaba que era el año 1984. Había olvidado todo lo que pasó los 16 años anteriores.

 

En el 2005, David Naugle, fotógrafo de profesión, vio pasar por la calle de Kingston, un pequeño pueblo en el estado de Nueva York al que se había mudado, a un hombre vestido con una chamarra de la Segunda Guerra jalando un jeep a escala lleno de soldados, también a escala. Cuando se acercó a hablar con el hombre, resultó ser Mark Hogancamp, quien poco después le mostró su proyecto: Marwencol, una ciudad imaginaria en Bélgica que, a escala 1 a 6, Hogencamp ha construido en el jardín de su casa en Kingston. Marwencol está detenida en la Segunda Guerra Mundial y ahí viven Hogie, el alter ego en miniatura de Hogencamp, su mujer, la princesa rusa Anna Romanov, y otros personajes entre militares de los Estados Unidos, civiles y soldados nazis que buscan tomar la ciudad. En Marwencol, Hogencamp monta escenas a escala 1 a 6 que mezclan historias que le contó su abuelo con vagos recuerdos de su propia vida que luego fotografía. Sus amigos también van poblando poco a poco el mundo en miniatura.

En su libro Architectural model as machine, Albert Smith define a las maquetas arquitectónicas como mecanismos que sirven para pensar, definir y probar ideas. Pero tras un breve recuento de la historia de los edificios a escala, cuyo uso antecede por muchos siglos al propiamente arquitectónico, como instrumento de visualicación y comprobación de ideas trabajadas en el proceso de diseño, Smith dice que esos modelos no sólo se usaron para predecir el futuro de un edificio sino que estaban conectados a una búsqueda cultural más amplia de significado. Para Hogancamp, que perdió la memoria de varios años de su vida, Marwencol ha sido más que una terapia que le ayudó en principio a recuperar la habilidad con sus manos. Hogancamp reconstruye a escala recuerdos imaginarios que de algún modo lo hacen recuperar también el control sobre un pasado, aunque sea a escala 1 a 6.

 

La historia de Hogencamp y Marwencol se hizo conocida cuando Naugle publicó un reportaje en la revista Esopus. Despuoés, en el 2010 Jeff Malmberg filmó el documental Marwencol y Princeton Architectural Press publicó en el 2016 el libro Welcome to Marwencol. En el 2018 Robert Zemekis dirigióWelcome to Marwen, película en la que Steve Carrell hace el papel de Hogengcamp.

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Stanley Tigerman (1930-2019)

“Hay que decir no pero lograr que se construya. ¿Cómo dices no y logras que se construya? Tienes que encontrar la manera de decirle no al cliente sin que te despida, y eso se aprende lenta y dolorosamente.” Stanley Tigerman

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