30 octubre, 2015

Luz y ligereza

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

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«Amo encarecidamente la forma de las cosas», escribió Lebbeus Woods en la revista Perspecta en el 2006.Particularmente porque las formas hacen la luz visible y la luz es una sustancia sublime. Supongo que uno no imagina la arquitectura dibujada por Woods como luminosa. La sección de un edificio, o de lo que parece un edificio, revela decenas, cientos de espacios, en una multiplicación incontrolada de capas y niveles, que abren uno al otro pero prácticamente ninguno hacia afuera. Muchos de los dibujos y modelos de Woods parecen mostrarnos una serie de espacios cerrados que podrían ser celdas de castigo —si alguien pudiera llegar ahí— pero difícilmente unidades habitacionales. Si en algunas de sus secciones se alcanza a ver algún punto del dibujo por donde parece entrar luz, podemos suponer que, como en las cárceles de Piranesi, viene de un espacio más iluminado pero nunca de afuera. No hay afuera en esos dibujos —porque, citando a Le Corbusier, incluso el exterior es un interior. La luz que buscaba Woods es la luz de la inteligencia o, más bien, de lo inteligible: «la luz», dijo, «es una especie de mensajero de historias y misterios del tiempo y del espacio».

Lebbeus Woods nació el 31 de mayo de 1940 en Lansing, Michigan. Estudió arquitectura en la Universidad de Illinois e ingeniería en la de Purdue, sin recibirse en ninguna de las dos. Trabajó en la oficina de Eero Saarinen y abandonó, según Karsten Harries, la posibilidad de ser socio de ese despacho. Woods enseñó en varias escuelas, entre ellas en la Cooper Union, de Nueva York —ciudad en la que murió el 30 de octubre del 2012. En el 2007 escribió en su blog:

Argumentaría que cualquier arquitecto digno de ese nombre se dedica de alguna manera u otra a la posibilidad de construir. Es decir, la preocupación principal del arquitecto es el entorno construido, el dominio físico de nuestras experiencias que es tangible, material y construido. Sin embargo, también argumentaría que ese hecho no quiere decir que el trabajo de un arquitecto deba necesariamente realizarse en el entorno construido. La razón es obvia: no es él quien decide qué se construye y qué no. Esa decisión la toman otros quienes controlan los recursos financieros y materiales necesarios para construir, quienes son propietarios de la tierra, o representan los sistemas de gobierno y legales dominantes. Los arquitectos no construyen, más bien hacen diseños que instruyen a los otros sobre qué y cómo construir, si así lo deciden.

En otro texto, de principios de los años 90, Woods afirmaba que, en tanto arquitecto, no estaba interesado sólo en hacer formas, sino también en el pensamiento. Los pensamientos y las ideas detrás de la obra son muy importantes. El texto en el que Karsten Harries comenta el trabajo de Woods se llama Fantastic Architecture: Lessons of Laputa and the Unbearable Lightnes of Our Architecture. Harries parte de una evidencia: “«arquitecta» significa maestra de obras —intencionalmente Harries emplea el femenino—. La arquitecta es alguien cuya maestria de su arte le permite ser la principal entre quienes construyen, supervisar el trabajo de los constructores. «Arquitectura» se refiere, en principio, al arte de construir y, en segundo lugar, a una estructura levantada de acuerdo con las reglas de ese arte. De manera figurada se refiere a cualquier cosa erigida sobre fundamentos firmes y bien construida.” Esa arquitectura que tiene forma y materia, y por lo tanto que pesa y responde o reacciona a la gravedad, nos coloca y nos da lugar en el mundo. Pero también es esa arquitectura que así como protege, encierra y como cuida, atrapa. Harries dice que, contra esa arquitectura, artistas y arquitectos modernos soñaron una arquitectura ligera, móvil, voladora: “en oposición a esa arquitectura como de prisión, propusieron la casa móvil. Hoy esa movilidad a cedido lugar a la movilidad asociada con el internet. Los sueños de libertad y los sueños del espacio abierto —agrega Harries— se corresponden.” Woods, según Harries, es parte de esa tradición.

Su arquitectura dibujada —y construida : “en mis dibujos ya he construido,” decía— más que luz —light– buscaba ligereza —lightness.

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