9 marzo, 2014

Luis Barragán (1902-1988) | Hallazgos visibles (I)

por Oscar Ramírez | @Oo_inc

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La cantidad de cosas que se han escrito sobre el tema Barragán son tantas y, en muchos casos, tan repetitivas que sobra hablar de sus influencias de Ferdinand Bac, Le Corbusier, las casbah de Marruecos, la arquitectura mediterránea o la Alhambra y el Generalife de Granada, España. Pienso que hace falta el ejercicio de ir espacio por espacio para disectar la obra sin el temor de terminar en lugares comunes. Para el efecto del calendario, bastaría con decir que un 9 de marzo de 1902, o sea hoy hace 112 años, nació Luis Ramiro Barragán Morfín en Mazamitla, Jalisco, un pretexto suficiente para decir algo al respecto.

Una particularidad sobre Barragán de la que se encuentran pocas referencias es sobre sus metodologías proyectuales. Los procesos creativos no son  recetas de cocina, ni panfletos o narrativas que viertan a manera de instructivo cómo hacer un proyecto.

De don Luis no existe —al menos publicado— ningún documento dictado de su puño y letra que describa o enumere un proceso creativo. Existen apenas algunas declaraciones o extractos de entrevistas donde apenas habla sobre cómo diseñaba.

Sobre su forma de trabajar, en una entrevista realizada por Mario Schejtnan Garduño dice: “cuando empiezo un proyecto, comúnmente lo inicio sin tocar un sólo lápiz, sin ningún dibujo: me siento y trato de imaginar las cosas más locas. Es un proceso de locura. Después de imaginar esas ideas, dejo que se asienten en mi mente un par de días, a veces varios. Regreso a ellas y empiezo a dibujar pequeños croquis en perspectiva, frecuentemente los hago en un block de dibujo, sentado en una silla. No diseño en una mesa o restirador”.

Otra descripción un tanto más precisa en los años 60 la da Andrés Casillas al hablar sobre la particular búsqueda de soluciones por medio de múltiples propuestas y variantes para alguna fachada:

Al final, son apenas algunos atisbos de su procedimiento proyectual. Sin embargo, se puede tomar como partida su obra en Tacubaya y, así, apuntar algunas consideraciones.

La casa —al igual que la todos sus proyectos— puede ser analizada mediante un ejercicio de fragmentación por sus espacios y aproximarse a una comprensión medianamente la lógica de sus conexiones y secuencias.

El mejor testigo de dichos procesos son las fotografías históricas de su “laboratorio” arquitectónico de la calle Francisco Ramírez 14: su propia casa. Es ahí donde se pueden apreciar el mayoría de las modificaciones que propiciaron el cambio de una obra modesta a algo considerado obra de arte. El particular “celo” para no revelar una posible receta del modo de hacer arquitectura se podría entender al “esconder” por medio de las fotografías publicadas el cuidado para mostrar la totalidad de un proyecto; y no por que las anteriores etapas de la obra fueran malas, sino que tan solo no fueron perfectas para su autor. Que Luis Barragán cambió su casa paulatinamente no es noticia, se sabe que su casa fue de algún modo el “laboratorio” de experimento de muchas de las cualidades que le merecieron el premio Pritzker en 1980, el máximo galardón al que un arquitecto puede aspirar. Sin embargo, en su obra se puede leer una transformación interna y silenciosa, incluso evidente. Muchos de esos hallazgos no han sido del todo documentados y apenas unos cuantos fragmentos fotográficos de su archivo los alumbra para su estudio. Se sabe que Barragán fue muy cuidadoso con las imágenes que se publicaban de su obra. En el particular de su casa, ha sido a cuentagotas que se han descubierto fotografías de diferentes momentos, Algunos documentos emergen y muestran aspectos que parece se evitaron fotografiar y publicar: fachadas, cocina, estudio, oficina, cuartos de servicio y desayunador.

Tomando apenas un fragmento de la casa, el bloque que en la actualidad está conformado en planta baja por el garaje y en el primer nivel por la habitación de visitas, es circundado por un pasillo que articula dicho cuarto con el tapanco, un baño y el descanso de la escalera principal. Aquella enigmática escalera de la biblioteca, suspendida y empotrada a un muro, conduce a un estrecho pasillo y a un entrepiso. Un espacio en penumbra iluminado por una ventana que da hacia la calle, con cuatro “oscuros” en las ventanas que pueden regular la cantidad de luz que ilumina ese cuarto.

La habitación contigua de visitas tiene un solo acceso, está confinada por un corredor que comunica al descanso de la escalera principal de la casa  al “tapanco” o mezzanine. El pasillo es un espacio en forma de “L” del que su lado oriente funciona como vestíbulo hacia el tapanco y la habitación. El extremo está formado por un conjunto de repisas de madera hundidas en el muro que albergan algunas figuras alusivas a San francisco de Asís. Es importante señalar el meticuloso trabajo de carpintería que hace coincidir la sección de tablas que forman el recubrimiento del muro con el piso, una ejecución que se puede leer fue cuidada al extremo en su diseño y producción.

En el principio, el espacio que hoy ocupa la habitación de visitas y que contiene el San Miguel Arcángel y uno de los baños, era una terraza. Vale la pena detenernos en esa figura religiosa, colocada en el vértice del pasillo en la actualidad. Hoy tiene un acabado dorado, un laminado de oro que recibe la luz natural o artificial desde un lucernario en el techo, un evento estratégicamente diseñado para ese fin. Dicha escultura se puede identificar como un objeto existente desde la casa Ortega y hacia 1948 formaba parte de la decoración del comedor principal de la actual casa Barragán. La fotografía 33 del archivo de Esther McCoy del Archives of American Art, destaca –entre otras cosas— que cuando se ubicaba ahí, no tenia el acabado dorado que miramos en la actualidad

http://www.aaa.si.edu/collections/container/viewer/Barragan-House-1947-1948–492932

La posterior ubicación y la intervención en su apariencia, hace evidente que su modificación fue generada para la creación del lucernario y su posición actual, apunta a imaginar el por qué fue diseñado el pasillo. Del folder 28, caja 26 del mismo archivo, se aprecian los planos de la planta alta y azotea. En ellos, se puede apreciar la terraza confinada en el rincón de la casa con una fuente en el extremo sur poniente. Todo esto en la configuración que tenía la casa hacia 1948.

http://www.aaa.si.edu/collections/container/viewer/Barragan-House-1947-1948–492932

En un par de fotografías de Elizabeth Timberman (caja 33, folder 35) tomadas desde dicha terraza, asoma la abundante vegetación del muro oriente de esa terraza y se puede apreciar el mobiliario que ocupaba hoy el tapanco (foto 29). Desde el interior, la fotografía 22 ilustra una fuente que hoy ocupa un baño.

http://www.aaa.si.edu/collections/container/viewer/Barragan-House-1947-1948–492932

Cualquier evidencia del aspecto de esos espacios sirve como documentación del subsecuente desarrollo de la casa Barragán, más útil es si se identifica de forma progresiva los cambios tratando de adivinar los pasos del arquitecto al intervenir el espacio. Al final, lo que nos quedará siempre es la obra final, lista para ser visitada.

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Fotografías: Andrew Greensmith, cortesía de Casa Barragán, Fundación Arquitectura tapatía.

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