7 diciembre, 2017

Lovable and livable cities

por Daniela Jay

 

La ciudad es un organismo incierto. A lo largo de la historia, la Ciudad de México, como otras grandes ciudades, no sólo ha sido afectada por sus condiciones y desastres naturales; también ha sido devastada por sus instituciones y autoridades rebasadas por el problema del crecimiento hacia las periferias. La falta de planeación en la Ciudad de México ha implicado dificultades, llevando a verla al mismo tiempo que como un foco económico, como un dolor de cabeza cuando nos enfrentamos a largas distancias, zonas inseguras o tráfico. En fin, hemos tenido que proyectar la rigidez de la ciudad sobre nuestras cotidianidades y eventualidades, cuando en realidad debería ser una proyección de la vida deseable de sus habitantes. Entonces ¿cómo hacer ciudades más amables y habitables?

Abriendo paso a esta pregunta, los pasados 4 y 5 de diciembre se realizó por segundo año CoRe Foro Urbano, una serie de conversaciones entre profesionales del sector público y privado y la sociedad civil. Entre los participantes de este año se encontraron los arquitectos David Sim, Tatiana Bilbao y Jose Castillo; los urbanistas Mónica Tapia y Diane Davis; al antropólogo y politólogo José Ignacio Lanzagorta; representantes de las asociaciones Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México, Supercívicos; figuras como Laura Ballesteros, José Merino y Juan Pardinas o Daniel Martínez-Valle, director general de Kaluz, organizadores del Foro.

En esta ocasión se discutieron diversas ideas en cinco mesas de diálogo en las que se plantearon cambios del paradigma intelectual y económico para el desarrollo de la ciudad: re-imaginar, resiliencia, co-responsabilidad, visión y conectar.

Re-imaginar

El sismo del pasado 19 de septiembre, nos entregó un estado de cuenta de la ciudad que vivimos; pero también nos llevó a plantear nuevos escenarios. Se trata de una oportunidad para re-imaginar cómo podemos cambiar la forma de usar la ciudad. Y durante este proceso de reconstrucción imaginativa y física, es necesario considerar que el fin no es el objeto en sí, sino el habitante en torno al objeto en el conjunto de la ciudad.

Resiliencia

Una nueva palabra que se traduce en una nueva estrategia para encaminar acciones hacia una ciudad más equitativa donde gobierno y sector privado incorporen a la comunidad a través de procesos participativos que unifiquen los conflictos de visión y escalas. Este bienestar individual y comunal que nos ofrece la resiliencia, si se logra, podrá adaptarnos a las nuevas adversidades, rompiendo el esquema de instrumentos de planeación rígidos, para cambiarlos por esquemas abiertos y flexibles.

Co-responsabilidad

Se necesitan encaminar procesos de transformación ciudadana, es decir, la lucha ciudadana debe comenzar y terminar con asociaciones basadas en la confianza. Así como el gobierno y el sector privado deben ofrecer sistemas operativos transparentes, es co-responsabilidad de los habitantes ejercer la cultura del cambio. Se debe crear un puente de comunicación que transforme el diálogo en políticas de planeación, pero antes debemos repensar la relación que existe actualmente entre las instituciones y la ciudad, ya que no puede haber un crecimiento democrático sin instituciones transparentes.

Visión

Los problemas de movilidad, infraestructura, servicios y equipamientos son el resultado de años de mala práctica en la Ciudad de México, pero la visión comienza con dos simples actos: escuchar y hacer. Es necesario entender el rol de la ciudad a través de la lectura de datos duros, pero también mediante el entendimiento de cómo las personas son las que se relacionan con el espacio. Quizás las herramientas más valiosas que requerimos son la tecnología, el diálogo y las alianzas.

Conectar

La conexión de todo lo precedente es en realidad en el meollo de todo el asunto. Vivimos en una ciudad hecha de ciudades, de realidades opuestas que coexisten. Es evidente ya ahora que las respuestas universales no son una solución viable, pero las impuestas tampoco son mejores.

Es fundamental definir cuál o cuáles son los hilos conductores que llevarán a la Ciudad de México a ser una ciudad amable y habitable. Hay que mirar con el ojo de la crítica para que todas las acciones que se encaminen desde ahora, no actúen de manera desarticulada y, en cambio, coexistan de la mejor forma. E igual de importante es el despertar ciudadano, donde la sociedad sea una fuente de propuestas y no de incomodidades. Finalmente, es cierto que tanto los problemas como las cosas buenas de la ciudad son tan sólo una extensión de nuestra situación democrática. Debemos pensar cuál es nuestro rol en la ciudad y cual el de la ciudad con nosotros. Quizás la respuesta empiece con la pregunta: ¿cómo es la ciudad que queremos?

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