29 agosto, 2014

Louis I. Kahn. Vigente y presente más que nunca

por Félix Sánchez | @F_pesci

En 1971 decidí hacer una maestría en diseño urbano, por aquel tiempo las maestrías comenzaron a ser muy llamativas, así que emprendí la aventura. El mejor “caldo de cultivo” en mi opinión estaba en la Universidad de Pennsylvania que, bajo los auspicios del Director G. Holmes Perkins, había conjuntado una buena dotación de inteligentzia arquitectónica en esa escuela, que había pasado de educar a los arquitectos en el mejor estilo de la Beaux Arts -educación, por cierto, recibida por Louis Kahn- a la enseñanza de la arquitectura y urbanismo modernos.(1)

Mis vivencias a cuarenta años de distancia todavía están frescas; por ejemplo, el día que conocí a Louis Kahn -chaparrito, con traje negro, marcado de la cara por el fuego que casi lo mata cuando niño; con carboncillo en los pómulos y en sus mangas de la camisa, con una modestia de señor grande- me dijo al saber que era mexicano… «¿Conoces a Luis Barragán? es un gran arquitecto, tenía razón al decirme que quitara los arboles de la Plaza de los Laboratorios del Instituto Salk». Me quedé mudo, ningún arquitecto en México, aunque sea de medio pelo, acepta sus errores en público; me cayó el veinte de la gran humildad y compañerismo del Maestro Kahn y luego al enterarse que estaba en el programa de Diseño Urbano, me hizo una pregunta que todavía me persigue. ¿Qué no es lo mismo que Arquitectura? Alguna vez también me dijo del  Seagrams “… es como una  mujer bonita con corsé. Ante Mies, o lo sigues, como SOM; lo ignorabas, como Saarinen en la TWA, o luchabas con él, como Rudolph en la Escuela de Arquitectura de Yale o mis Laboratorios de Filadelfia”.

Louis I. Kahn nace en 1901 en Estonia y muere en Nueva York en 1974 -este año hace 40 años. La familia emigra a Filadelfia cuando tenía 5 años, la que se convierte en su ciudad y le permite decir que “una ciudad es lo que un niño ve y decide ser, lo que va a ser cuando sea grande”

Una figura trágica, hermética, misteriosa, difícil de descifrar hablaba en parábolas y las utopías le fascinaban; un verdadero “outsider” del Movimiento Moderno, desafía y fija sus propios postulados. Es miembro tardío de Team X. Mentor y maestro de varios grandes arquitectos; diríamos, es el mejor ejemplo que yo conozco de profesor y practicante de la arquitectura.

La obra de este arquitecto se apartó del camino funcionalista marcado por la Bauhaus o el International Style, y se relaciona más con la búsqueda, iniciada por Le Corbusier, de una nueva poética asociada al Movimiento Moderno. Sus temas principales fueron el espacio y la luz. Definió su trabajo como la construcción reflexiva de cuartos interconectados llenos de luz, con carácter místico personificados en las formas del pasado reaprendido. Su vida y visión de la arquitectura le cambian al estar dos años becado en la Academia Americana en Roma; ahí encuentra el sentido platónico de las formas y monumentos de la historia y los asume como su fuente inacabada de inspiración. Revive los Monumentos, los reinterpreta para celebrar los valores del pasado, hará ruinas del pasado sin hacer pastiches.

Le preguntaba a menudo a la Arquitectura Griega ¿Como voy? Alguna vez dijo que en el Partenón las columnas niegan el sol y el intercolumnio es la luz, genial descripción de lo que hace el sol. Solía decir también “que pedazo del sol tiene tu edificio y que parte tu cuarto”.

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El historiador Vincent Scully alguna vez le dijo en vista de la poca obra que había realizado a los 50 años “admítelo Lou serás un gran profesor, pero nunca un gran arquitecto”. Sin embargo, pronto rectificó y terminó hablando de Lou como el más grande arquitecto de la segunda mitad del Siglo XX. Coincido.

Para Kahn las plantas son el generador del significado del espacio, su método es la articulación antes que la integración, apoyándose en la estructura como dadora del orden. Su primera gran aportación la realiza junto a Ann Tyng su colega y madre de una de sus hijas. Sí, el misterioso Lou tuvo tres familias viviendo casi en el mismo barrio de Filadelfia, un secreto bien guardado, como el de beber martinis al estilo Bond, y tocar el piano, aunque admitía que no hubiera sido un gran concertista, pero sí un gran compositor.  Siempre lo vi vestido de negro; se les adelanto a los “stararchitects” actuales que visten de negro.

Con el proyecto de los baños de Trenton, elimina la estructura de columnas que siempre instruyó Le Corbusier, en vez de ello hace muros portantes y envolventes y apunta a la metáfora de los espacios servidos y los espacios que sirven. Son los baños de Trenton un minúsculo ejemplo de principios, congruencia en la ejecución de un “cuarto”, que es casi un milagro de la creación, como solía decir.

Edmon Bacon lo invita a presentar ideas sobre el centro de Filadelfia, lo que le permite apuntar conceptos poéticos y utópicos sobre la ciudad. Por supuesto a Bacon le parece que Lou no entendió nada de lo que estaba haciendo y en consecuencia no se materializa nada; sin embargo, en mi opinión este trabajo académico es fundamental para  generar nuevas ideas y creo confirma, que nos urge tener un momento de utópolis ensoñador para nuestra gran ciudad de México CDMX

Los laboratorios del Richards Medical Research (1958-1961) en la Universidad de Pennsylvania son un ejemplo paradigmático de una toma de posición diferente ante el Movimiento Moderno. Digamos que si Mies dominaba el horizonte americano, Kahn lo enfrenta con una composición totalmente brutalista, exponiendo todo el edificio, generando una visión poética de todos los elementos del programa, así las chimeneas de los laboratorios se exhiben y define los espacios que sirven a los espacios que son servidos, saca las escaleras hacia fuera. Norman Foster lo haría años después en el famoso Banco de Hong Kong. En los Laboratorios abre el espacio y lo articula con una estructura  tipo Vierendeel, producto de su relación de trabajo con el ingeniero August Komendant, con quién en los Laboratorios Salk y el Museo Kimbell logran estructuras de embrujo. Kahn descubre en el Castillo de Comlogan en Escocia la esencia de los espacios servidos y los que sirven y de ahí se inspira parar para componer un impresionante edificio donde las torres murales, de apariencia medieval, contrastan con los espacios acristalados de la modernidad. Pero, claro, el sol fue su némesis, con tales ventanales se mete por todos los agujeros y los científicos no podían trabajar, así que tapaban con periódicos las ventanas al mejor estilo de una vulcanizadora de la ciudad de México. Pero aprendió.

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De ahí surgió una de sus obras maestras los Laboratorios del Salk Institute en La Jolla (California, 1959-1965) en el que entrepisos con estructura Vierendeel alojan los sistemas de abastecimiento situados debajo de los Laboratorios. Debo señalar mi emoción casi irracional al pisar por primera vez el travertino de la plaza de este Templo de la Ciencia Moderna; me sentí que hablaba con Platón -una belleza perfecta, el epitome del concepto del ideal, que aunque nunca puede ser alcanzado, si puede ser perseguido sin límite. Podemos, por lo tanto, hablar de su búsqueda teleológica; es decir, llena de  propósitos y  significados. Scully le dice a Nathaniel Kahn -el hijo del padre ausente que fue Kahn, que se lanza a recorrer las obras de su padre para obtener las claves de su identidad, realizando el magnífico documental My Architect: “cuando Kahn veía la luz se comunicaba con el creador y está presente en sus obras, por eso tienen que ser perfectas”.

El Museo Kimbell en Fort Worth Texas, es una obra maestra. Impresiona y asombra la forma como la luz nos revela la poética del edificio. Visitarlo es suficiente motivación para aspirar hacer arquitectura. No sé cuantas veces lo he visitado, sólo y acompañado, para contemplarlo y compartir mis emociones de lo que es la arquitectura; incluso hicimos un viaje en grupo con todo mi despacho, tremenda huella nos dejó. Recientemente, con la adición de Renzo Piano, lo visite de nuevo. Al respecto nos dice Piano: ¿Cómo hacer para que la adición sea inspiradora, no impositiva? ¿Como añadir y complementar sin oponer? En pocas palabras cómo actuar porque por siempre se le comparará con el Maestro. Logra pasar la prueba al establecer un diálogo y le da la entrada al Museo que Kahn soñó; es decir, por el parque y no por el estacionamiento de servicio, que es como todos entraban antes de la adición. Kahn era peatón y nunca manejó un auto; increíble pero cierto, por eso todos los taxistas de Filadelfia lo conocían. Me parece magistral la respuesta del nuevo edificio y, sin embargo, la pieza de Kahn es insuperable.

Muere muy joven, a los 73 años, y su muerte es la metáfora de su vida -aislado, hermético-. Muere en los baños de la Terminal de Pennsylvania, un lugar público, bullicioso, un puerto de llegada; para recordar su inspirador dibujo de los años cincuenta de  la ciudad de Filadelfia. Kahn estaba arruinado cuando muere, tenía una deuda de medio millón de dólares.

Kahn, cuyas formas monumentales tienen la gravedad de antiguas ruinas, fue uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX y nos deja este mensaje “… lo mejor está siempre por hacerse…”. Hoy pienso como él, que el deseo es más importante que la necesidad y que las cualidades de lo aún no dicho y lo aún no hecho son la razón misma de la existencia. 

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Notas

(1) La Universidad de Pennsylvania en los sesentas-setentas era un templo del saber moderno, baste citar a los maestros que llenaban las aulas: Ian McGarg, enorme paisajista y ecólogo escocés y su libro Design with Nature, Russell Ackoff y su Systems Thinking, David Wallace, urbanista autor de la célebre frase ¿que es Diseño Urbano?… ¡Lo que Yo hago! David Crane, cuyo plan de rescate  urbano de Boston lo había lanzado al estrellato,  Romaldo Giurgola muy fino arquitecto, Robert Venturi y su esposa Denise Scott Brown, el acababa de terminar su famoso libro de Complexity and Contradiction in Architecture -el libro- que el crítico Vincent Scully llamó tan influyente como Vers une Architecture de Le Corbusier. También estaba Edmund Bacon, cuyo libro  Design of Cities es un clásico y cuya intervención en el Centro Histórico de Filadelfía creó un hito y permitió especular sobre las ideas de la ciudad, entre otros a Louis Kahn y a I.M. Pei con su intervención en Society Hill.

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