14 abril, 2015

Louis H. Sullivan

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

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“Louis descubrió pronto que el francés  aprendido en la preparatoria, que le había valido un primer premio con excelencia, no era el más coloquial. El francés que ahora escuchaba en las calles era hablado con exasperante rapidez y ligando todas las palabras.” Eso cuenta Louis Sullivan en el capítulo XII de su Autobiografía de una idea, libro en el que narra en tercera persona sus años de formación hasta el momento de la Feria Mundial de Chicago en 1893.

Sullivan nació “de mujer y de manera normal, en el número 22 de la calle Bennett sur, de Boston, Massachusetts, Estados Unidos, el tercer día de septiembre de 1856.” Su madre había nacido en Suiza y tenía 21 años; su padre era nativo de Irlanda y cumpliría 38 la siguiente Navidad. Estudió arquitectura en el M.I.T por poco tiempo y luego se embarcó a París. Logró entrar a la Escuela de Bellas Artes pero sólo estuvo ahí un año antes de regresar a los Estados Unidos. Se estableció en Chicago, donde en 1879 lo contrató el arquitecto Denkmar Adler, originario de Alemania.

Además de su autobiografía, Sullivan escribió varios textos que, durante su vida, aparecieron en periódicos y revistas pero nunca reunidos en un libro. Claude Bragdon, arquitecto que siguió las ideas de Sullivan y de su destacado aprendiz, Frank Lloyd Wright, publicó en 1918 un libro titulado Architecture and Democracy. En un capítulo titulado simplemente «Luis Sullivan», Bragdon comenta la colección de textos que aquél publico por entregas semanales en The Interstate Architect and Builder entre 1901 y 1902: Kindergarten Chats: A Sketch Analysis of Contemporaneous American Architecture, un diálogo imaginario de un joven arquitecto —identificado con Wright— que busca a otro experimentado —Sullivan— para profundizar su educación. Bragdon cita a Sullivan escribiendo que “si quieres leer la arquitectura actual de tu país, debes hacerlo con valentía y no escoger solamente esos pedazos que te gustan. Te voy a empapar con eso hasta que estés absolutamente asqueado y tus facultades se rebelen.”

Para Bragdon, Sullivan era no sólo un gran arquitecto sino un gran pensador en la tradición americana de Whitman y Emerson. Bragdon explica que para Sullivan los edificios que empezaban a llenar la parte sur de Manhattan no sólo eran ejemplos de ignorancia y mendacidad arquitectónicas, sino una negación de la democracia: “esos edificios, al aumentar en número —escribe Sullivan—, empobrecen a la ciudad, moral y espiritualmente. (…) Eso no es democracia, es salvajismo. Muestran la glotona caza del dólar sin pensar en nada más bajo el cielo o sobre la tierra. (…) Esas estructuras son profundamente antisociales y de ese modo deben ser valorados. Esos edificios no son arquitectura sino delincuencia y sus autores criminales en el auténtico sentido de la palabra.

Arquitectura y delito. En su extraordinario blog sobre historia de la arquitectura en el sur de California, John Crosse cuenta los esfuerzos de los vieneses R.M.Schindler y Richard Neutra para que su maestro, Adolf Loos, lograra publicar en Alemania esos textos de Louis Sullivan. Crosse cita una carta de Schindler a Sullivan del 26 de agosto de 1920 en la que aquél explica que un alumno de Loos le ha escrito diciendo que, aunque no tiene noticias del avance en la publicación de los textos de Sullivan, sabe que Loos quiere mudarse a París y abrir una escuela, y que ha pensado en Sullivan para dirigirla. Sullivan respondió que, aunque estaba interesado en dictar algunas conferencias en París, a su edad no deseaba dirigir ninguna escuela.

Loos se fue a París pero no abrió la escuela. Schindler y Neutra no lograron que se publicara el manuscrito de Sullivan en Europa y éste no volvió jamás a París. Murió, en la pobreza y el olvido casi absoluto a los 68 años cuando vivía en un cuarto miserable del Hotel Warner de Chicago, el 14 de abril de 1924, el mismo día que Peter Behrens cumplía 56.

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